La espera ( El Periódico de Aragón - 23/05/2015 )
Estoy tumbada en la camilla. Desnuda de cintura para abajo. Últimamente no hago otra cosa que desnudarme de cintura para abajo. El gel frío en el vientre y la máquina que enseña mis entrañas en una pantalla. La persona de la bata blanca aprieta el aparato contra mi abdomen y mira su monitor sin decir nada. Intentas averiguar algo a través de sus muecas pero no lo consigues. Te envuelve la necesidad de que te diga que todo está bien pero sientes los nervios como si te atravesara un rayo. O mejor dicho, como si tu propio cuerpo fuera un rayo eléctrico. En mitad del temblor quieres que tu cabeza se aleje de esta tormenta inquieta para que no te queme la piel. Piensas en el resultado de las elecciones y en que te importa menos y al mismo tiempo te importa todo. El futuro es una palabra que ahora la escribes con más intensidad. Como si los trazos de cada letra se imprimieran con tus células. Yo pensaba en política en el mismo instante en que noté un movimiento que venía desde el útero. Es la vida que empuja desde dentro. Todavía la puedo proteger guardándola en mi interior y pienso si no sería capaz de hacer cualquier cosa para llevarla siempre conmigo. Incluso meterla en una maleta. Lo más cerca que he estado de viajar ilegalmente ha sido cuando mi abuela me hacía decir que tenía menos años de los que tenía al entrar en el autobús. Me siento frívola al relacionar unas cosas con otras. Pienso que soy una afortunada y pese a todo sigo tiritando de frío por nada muchas veces. No tener derecho a quejarte. Estar bien dentro de lo que cabe. ¿De lo que cabe dónde? A mí ahora me cabe mucho más que antes y sin embargo estoy menos vacía. Lo que tengo dentro es una vida del tamaño de una berenjena y también miedo. El miedo no sé cuánto ocupa. Los miedos que he tenido a lo largo de los años se han colocado en fila para construir mi historia. Y al mirarlos ahora no reconozco ninguno con el que comparar el que siento en este momento. Es el miedo desconocido de lo que vendrá. Y no tengo la respuesta al cómo hacer. Imagino que de eso se trata, de irlo descubriendo. Las hormonas se apelotonan en los lagrimales y tengo que cambiar de tema. ¿Hasta dónde me van a crecer las tetas? Yo no tenía esta pelusilla en la tripa. Con lo fácil que sería poner un huevo. Tengo tanta ilusión que se me han ensanchado las caderas para poder hacerle espacio. La espera a mí me sabe a pepinillos rellenos de atún y a helado. El dolor de cabeza y de piernas. Conseguir tener conversaciones más allá de esto cuando esto ha colonizado todo tu organismo. Yo pensaba que seguía siendo la misma hasta que me fui a sentar en el suelo y comprobé cómo todo era ya distinto. Soy otra. Cojo la mano que me sostiene para recordarme que hay más cuerpos aparte del mío. Se siente desde diferentes ángulos. Observa cómo se mueve. Escucha el latido. Esa es la mirada que estaba buscando, la de todo irá bien. Tu sonrisa. Es una niña.
Palabrista. Cazagamusinos a tiempo completo. Catadora profesional de vinagrillos y encurtidos. Pisamierdas cum laude.
lunes, 25 de mayo de 2015
Lo malo que nos pasa
Lo malo que nos pasa ( El Periódico de Aragón - 09/05/2015 )
Puede que en estos momentos esté cayendo sobre nosotros la nave rusa que se acercaba sin control a la Tierra. Dejo escrito este artículo el jueves y se lee el sábado. Hay dos días de espacio temporal en el que coloco mis palabras como un chicle pegado debajo del pupitre sin saber si seguirán ahí cuando vaya a por ellas o habrán sido destruidas por los restos de titanio y acero inoxidable de un transbordador espacial. Qué imagen tan poética, la de unas palabras destruidas por la fuerza descontrolada de unos fragmentos cósmicos. "Lo malo que nos pasa es por salir de casa", dice Francisco Nixon en su último disco. Pero a veces lo malo se construye una casa y se queda a vivir en nuestros adentros. Cuando alguien me dice que la procesión se lleva por dentro me imagino que su cuerpo se ha tragado una procesión entera con sus mantillas, capirotes y su santo cargado sobre los hombros. Yo ahora, por ejemplo, tengo dentro una terraza en verano, una delegación de Hacienda, la fila de un supermercado en hora punta y la primera línea de playa en agosto. Todo esto serían versiones laicas de llevar en el interior una procesión.
En estos momentos tengo más espacio en el cuerpo, tanto que incluso me han cedido el asiento en el tranvía, así que también me cabe la sala de espera de las urgencias en un hospital público. Lo tengo todo en compartimentos, para que no se mezcle. Cuando se altera tu centro de equilibro, se te recoloca la vida en cada centímetro cuadrado de tu piel. Es tu particular cambio de armarios. Andas diferente porque lo que te mueve es distinto. La gravedad te sujeta los pasos aunque las piernas sientan más el peso. Y luego está lo grave, que imagino que será cuando el desequilibrio te altera tanto que ya no encuentras tu eje ni eres capaz de controlar tus movimientos. El Partido Aragonés ha hecho público el código ético de su candidatura al Ayuntamiento de Zaragoza en el que describen "los valores y principios que cumplen y se comprometen a cumplir en el ejercicio de la política" y que al mismo tiempo "son las razones por las que están en ella". Qué bonito, piensas, hasta que lo lees. Lo que para ellos es ético en el ejercicio de la política es emocionarse al escuchar una jota, ver Aragón Televisión y alegrarse por las victorias del deporte zaragozano. Si intentamos imaginarlo como chiste, no nos queda tan gracioso. La alergia primaveral está siendo mucho más intensa en esta primavera, será por las elecciones que nos alteran el cuerpo y las conversaciones. Estamos más agitados y torpes. Europa avala que las personas homosexuales no puedan donar sangre. Ahora también me he metido a Bruselas entre pecho y espalda y me está dando ardores. La idiotez nos asalta. Y la declaración de la renta también. Más inversión en ciencia y menos encuestas de intención de voto. Y nos esperan los debates. Sólo nos queda confiar en la que la nave rusa haya caído en algo de lo malo que nos pasa.
Puede que en estos momentos esté cayendo sobre nosotros la nave rusa que se acercaba sin control a la Tierra. Dejo escrito este artículo el jueves y se lee el sábado. Hay dos días de espacio temporal en el que coloco mis palabras como un chicle pegado debajo del pupitre sin saber si seguirán ahí cuando vaya a por ellas o habrán sido destruidas por los restos de titanio y acero inoxidable de un transbordador espacial. Qué imagen tan poética, la de unas palabras destruidas por la fuerza descontrolada de unos fragmentos cósmicos. "Lo malo que nos pasa es por salir de casa", dice Francisco Nixon en su último disco. Pero a veces lo malo se construye una casa y se queda a vivir en nuestros adentros. Cuando alguien me dice que la procesión se lleva por dentro me imagino que su cuerpo se ha tragado una procesión entera con sus mantillas, capirotes y su santo cargado sobre los hombros. Yo ahora, por ejemplo, tengo dentro una terraza en verano, una delegación de Hacienda, la fila de un supermercado en hora punta y la primera línea de playa en agosto. Todo esto serían versiones laicas de llevar en el interior una procesión.
En estos momentos tengo más espacio en el cuerpo, tanto que incluso me han cedido el asiento en el tranvía, así que también me cabe la sala de espera de las urgencias en un hospital público. Lo tengo todo en compartimentos, para que no se mezcle. Cuando se altera tu centro de equilibro, se te recoloca la vida en cada centímetro cuadrado de tu piel. Es tu particular cambio de armarios. Andas diferente porque lo que te mueve es distinto. La gravedad te sujeta los pasos aunque las piernas sientan más el peso. Y luego está lo grave, que imagino que será cuando el desequilibrio te altera tanto que ya no encuentras tu eje ni eres capaz de controlar tus movimientos. El Partido Aragonés ha hecho público el código ético de su candidatura al Ayuntamiento de Zaragoza en el que describen "los valores y principios que cumplen y se comprometen a cumplir en el ejercicio de la política" y que al mismo tiempo "son las razones por las que están en ella". Qué bonito, piensas, hasta que lo lees. Lo que para ellos es ético en el ejercicio de la política es emocionarse al escuchar una jota, ver Aragón Televisión y alegrarse por las victorias del deporte zaragozano. Si intentamos imaginarlo como chiste, no nos queda tan gracioso. La alergia primaveral está siendo mucho más intensa en esta primavera, será por las elecciones que nos alteran el cuerpo y las conversaciones. Estamos más agitados y torpes. Europa avala que las personas homosexuales no puedan donar sangre. Ahora también me he metido a Bruselas entre pecho y espalda y me está dando ardores. La idiotez nos asalta. Y la declaración de la renta también. Más inversión en ciencia y menos encuestas de intención de voto. Y nos esperan los debates. Sólo nos queda confiar en la que la nave rusa haya caído en algo de lo malo que nos pasa.
jueves, 30 de abril de 2015
Todo forma parte de lo mismo
Todo forma parte de lo mismo ( El Periódico de Aragón - 25/04/2015 )
Era muy difícil ser niña en los años 90. El chándal de Táctel todavía era peor cuando la superficie remendada a base de rodilleras era mayor que la libre de roturas. Los parques no tenían suelos blandos. Las meriendas eran de chorizo, mortadela o paté del barato. El tiempo era elástico. El plato que me habían puesto en la comida todavía me duraba para la cena. Aprovechamiento de recursos. Aunque la verdadera sala de torturas se llamaba comedor escolar. Nuestro descubrimiento de América fue la creación de las televisiones privadas. Mi cuerpo todavía era demasiado pequeño para saberse feminista así que no tenía reparos en aprenderse la canción y la coreografía de las Mama Chicho, producto estrella de la tele de entonces y bandera de unos tiempos de luz, color y bien de tetas. Se nos mantenía entretenidos con Jesús Gil en un jacuzzi rodeado de chicas en biquini mientras en los despachos se gobernaba a golpe de política de mus. Envido más. Grande. Juego. Quiero. Para atenazarnos ya estaba la crisis y la cifra del paro. Las hadas se dieron a la droga. Dijeron que Miguel Bosé se había muerto de sida y por poco le hicieron salir con un periódico del día como prueba de vida. A mí me entró angustia por si me contagiaba y pensé que lo había hecho porque le había dado un beso a un chico en la boca. Con diez años hice mi primer testamento. Le cedía todos los juguetes a mi hermana y pedía que me enterraran con el edredón de Los Pitufos. Me gustaba mucho y no quería pasar frío. A Mario Conde no se le movió el peinado ni cuando lo zarandearon para que se le cayera lo que se había metido en el bolsillo. Dejó de estar de moda la gomina. Mariano Rubio mandaba en los dineros del Banco de España y se guardaba los suyos en una cuenta opaca. Fue a la cárcel pero salió a petición de Mariano Fernández Bermejo, ¿no te suena? Ministro de Justicia con Zapatero. Todo forma parte de lo mismo. Y Filesa y Rumasa y KIO y Malaya. Y esas niñas que fuimos empezamos a usar sujetador y nos vino la regla. Ni siquiera quemamos la ingenuidad en los primeros cigarrillos porque la habíamos gastado viendo telediarios. Y luego llegaron Gescartera y el Caso del Lino y el de Tabacalera. Crecimos con gobernantes que nos iban dando lecciones mientras se les caían las palabras a cada paso. Sabían por dónde habían venido porque las mentiras tienen rastro. Pero a nosotras nos dejaron los caminos manchados. Nos permitieron estudiar en la universidad para que oliéramos lo que era la igualdad de oportunidades y de ahí a la nada. El mercado laboral es un queso con agujeros y a nosotras nos tocó hundirnos en ellos. Y llegamos a la Gürtel y al caso Nóos y el Millet y los EREs y la Púnica y Bárcenas y Caja Madrid y Rato. El escepticismo es la primera de las líneas de expresión de nuestras caras. No hemos conocido otra cosa que una vida en la que nos han tratado como idiotas. Por cierto, El Bigotes era el mánager de las Mama Chicho.
Era muy difícil ser niña en los años 90. El chándal de Táctel todavía era peor cuando la superficie remendada a base de rodilleras era mayor que la libre de roturas. Los parques no tenían suelos blandos. Las meriendas eran de chorizo, mortadela o paté del barato. El tiempo era elástico. El plato que me habían puesto en la comida todavía me duraba para la cena. Aprovechamiento de recursos. Aunque la verdadera sala de torturas se llamaba comedor escolar. Nuestro descubrimiento de América fue la creación de las televisiones privadas. Mi cuerpo todavía era demasiado pequeño para saberse feminista así que no tenía reparos en aprenderse la canción y la coreografía de las Mama Chicho, producto estrella de la tele de entonces y bandera de unos tiempos de luz, color y bien de tetas. Se nos mantenía entretenidos con Jesús Gil en un jacuzzi rodeado de chicas en biquini mientras en los despachos se gobernaba a golpe de política de mus. Envido más. Grande. Juego. Quiero. Para atenazarnos ya estaba la crisis y la cifra del paro. Las hadas se dieron a la droga. Dijeron que Miguel Bosé se había muerto de sida y por poco le hicieron salir con un periódico del día como prueba de vida. A mí me entró angustia por si me contagiaba y pensé que lo había hecho porque le había dado un beso a un chico en la boca. Con diez años hice mi primer testamento. Le cedía todos los juguetes a mi hermana y pedía que me enterraran con el edredón de Los Pitufos. Me gustaba mucho y no quería pasar frío. A Mario Conde no se le movió el peinado ni cuando lo zarandearon para que se le cayera lo que se había metido en el bolsillo. Dejó de estar de moda la gomina. Mariano Rubio mandaba en los dineros del Banco de España y se guardaba los suyos en una cuenta opaca. Fue a la cárcel pero salió a petición de Mariano Fernández Bermejo, ¿no te suena? Ministro de Justicia con Zapatero. Todo forma parte de lo mismo. Y Filesa y Rumasa y KIO y Malaya. Y esas niñas que fuimos empezamos a usar sujetador y nos vino la regla. Ni siquiera quemamos la ingenuidad en los primeros cigarrillos porque la habíamos gastado viendo telediarios. Y luego llegaron Gescartera y el Caso del Lino y el de Tabacalera. Crecimos con gobernantes que nos iban dando lecciones mientras se les caían las palabras a cada paso. Sabían por dónde habían venido porque las mentiras tienen rastro. Pero a nosotras nos dejaron los caminos manchados. Nos permitieron estudiar en la universidad para que oliéramos lo que era la igualdad de oportunidades y de ahí a la nada. El mercado laboral es un queso con agujeros y a nosotras nos tocó hundirnos en ellos. Y llegamos a la Gürtel y al caso Nóos y el Millet y los EREs y la Púnica y Bárcenas y Caja Madrid y Rato. El escepticismo es la primera de las líneas de expresión de nuestras caras. No hemos conocido otra cosa que una vida en la que nos han tratado como idiotas. Por cierto, El Bigotes era el mánager de las Mama Chicho.
domingo, 12 de abril de 2015
Asusta el deshielo de nuestra historia
Asusta el deshielo de nuestra historia ( El Periódico de Aragón - 11/04/2015 )
Seleccionemos un día al vuelo, hoy, por ejemplo. ¿Con qué palabras se retratará lo que nos está pasando cuando haya pasado todo?
La Iglesia no sabe qué hacer para evitar el desplome de su financiación. Demasiadas pocas cruces en su casilla de la renta. El dinero que aportan los católicos no para de descender desde hace cuatro años. Y tú dirás, oye, está bien que la Iglesia se preocupe por no tener dineros suficientes para acabar con la pobreza. Del presupuesto en 2012 de Cáritas, la entidad que canaliza la obra social de la Iglesia, sólo un 3% era la aportación que realizaba la Conferencia Episcopal a su actividad. Europa Laica cifra en 11.000 millones de euros la cantidad que el Estado aporta a la Iglesia católica. Y luego están las exenciones de IBI y los profesores de religión en los colegios públicos que religiosamente paga el Estado y no la Iglesia. ¿Qué carajo hace la Iglesia con tanto dinero si no lo dedica a su obra social? Ponerle un ático a Rouco Varela, claro. Esta semana ya no somos especialistas en vuelos y condiciones de seguridad de los aviones pero de repente nos hemos titulado en espeleología y rescates de montaña. La presidenta del Gobierno de Aragón, Luisa Fernanda Rudi, reina de la austeridad, ha decidido invertir miles de euros en campañas publicitarias en varios medios de comunicación que, curiosamente, luego han dedicado sus espacios a entrevistarla en portada. Pero que nadie piense que hay relación causa-efecto, no, como no la hay en que los recortes provocan la saturación de las urgencias en los hospitales públicos. Es sólo que nos gusta estar apelotonados en los pasillos. La crisis se paga en las sonrisas. Las bocas de la gente se han resentido durante estos años y nuestras risas están pagando este abandono forzoso de la salud dental. Otros titulares: El problema es que en el PP nadie habla porque han expulsado a cualquiera que piense por sí mismo. El PSOE intenta aparentar normalidad ante la declaración de Griñán en el Supremo. El número dos de IU de Madrid también cobró de Bankia con Blesa y Rato. Ochocientos euros por jornadas de diez horas instalando internet. Madrid adjudicó a un primo político de Aguirre un proyecto para hacer un centro hípico y hotelero. La defensa de la infanta alega que ella no tuvo tiempo ni conocimientos para defraudar. El Telediario de TVE censura a Mortadelo y Filemón para no hablar de Bárcenas. La Tierra chocó contra un planeta gemelo para crear la Luna. Todo eso. Tú montas un partido para poder mandar y se te llena de gente que se ofusca con hacer política. Pobre Rosa Díez, con la ilusión que le pone a dirigir, aunque sea hacia el desastre. Y Toni Cantó amenaza con volver al teatro. Lo que le están haciendo a la cultura en este país no tiene nombre.
"Del deshielo de la cumbre de nuestra historia, te digo ya que habrá verdades tenebrosas". Eso dice Ricardo Vicente en su canción La balada de Fran y Richi. Verás el deshielo que nos espera.
Seleccionemos un día al vuelo, hoy, por ejemplo. ¿Con qué palabras se retratará lo que nos está pasando cuando haya pasado todo?
La Iglesia no sabe qué hacer para evitar el desplome de su financiación. Demasiadas pocas cruces en su casilla de la renta. El dinero que aportan los católicos no para de descender desde hace cuatro años. Y tú dirás, oye, está bien que la Iglesia se preocupe por no tener dineros suficientes para acabar con la pobreza. Del presupuesto en 2012 de Cáritas, la entidad que canaliza la obra social de la Iglesia, sólo un 3% era la aportación que realizaba la Conferencia Episcopal a su actividad. Europa Laica cifra en 11.000 millones de euros la cantidad que el Estado aporta a la Iglesia católica. Y luego están las exenciones de IBI y los profesores de religión en los colegios públicos que religiosamente paga el Estado y no la Iglesia. ¿Qué carajo hace la Iglesia con tanto dinero si no lo dedica a su obra social? Ponerle un ático a Rouco Varela, claro. Esta semana ya no somos especialistas en vuelos y condiciones de seguridad de los aviones pero de repente nos hemos titulado en espeleología y rescates de montaña. La presidenta del Gobierno de Aragón, Luisa Fernanda Rudi, reina de la austeridad, ha decidido invertir miles de euros en campañas publicitarias en varios medios de comunicación que, curiosamente, luego han dedicado sus espacios a entrevistarla en portada. Pero que nadie piense que hay relación causa-efecto, no, como no la hay en que los recortes provocan la saturación de las urgencias en los hospitales públicos. Es sólo que nos gusta estar apelotonados en los pasillos. La crisis se paga en las sonrisas. Las bocas de la gente se han resentido durante estos años y nuestras risas están pagando este abandono forzoso de la salud dental. Otros titulares: El problema es que en el PP nadie habla porque han expulsado a cualquiera que piense por sí mismo. El PSOE intenta aparentar normalidad ante la declaración de Griñán en el Supremo. El número dos de IU de Madrid también cobró de Bankia con Blesa y Rato. Ochocientos euros por jornadas de diez horas instalando internet. Madrid adjudicó a un primo político de Aguirre un proyecto para hacer un centro hípico y hotelero. La defensa de la infanta alega que ella no tuvo tiempo ni conocimientos para defraudar. El Telediario de TVE censura a Mortadelo y Filemón para no hablar de Bárcenas. La Tierra chocó contra un planeta gemelo para crear la Luna. Todo eso. Tú montas un partido para poder mandar y se te llena de gente que se ofusca con hacer política. Pobre Rosa Díez, con la ilusión que le pone a dirigir, aunque sea hacia el desastre. Y Toni Cantó amenaza con volver al teatro. Lo que le están haciendo a la cultura en este país no tiene nombre.
"Del deshielo de la cumbre de nuestra historia, te digo ya que habrá verdades tenebrosas". Eso dice Ricardo Vicente en su canción La balada de Fran y Richi. Verás el deshielo que nos espera.
domingo, 5 de abril de 2015
Dónde ponerse
Dónde ponerse ( El Periódico de Aragón - 28/03/2015 )
Creo que mi primer acercamiento a la política se produjo cuando nació mi hermana. Pasé de tener el poder a tener que compartirlo y competir para no perderlo. Ser la mayor te convierte en una superviviente y aprendes a leer al mismo tiempo que te instruyes en corrupciones, chantajes y negociaciones. Yo me acuerdo que en el colegio siempre me faltaba saber un dato en los enunciados de los problemas que planteaban un reparto de elementos entre fulanita y su hermana. Me parecía muy precipitado sacar conclusiones sin saber quién era la hermana mayor. No he hecho un estudio muy riguroso pero seguro que la mayor parte de las personas que se dedican a la política son hermanos mayores. En la carrera a las primarias del cariño de mis padres intentaba hablar mucho con ellos. Hacer pasillos, vaya. Recuerdo ver en la televisión a Bush y a Clinton disputándose las elecciones en Estados Unidos y preguntarle a mi padre con quiénes íbamos nosotros, si con los demócratas o con los republicanos. Mi padre me dijo que allí no había buenos y malos sino malos y menos malos y nosotros íbamos con los segundos, que eran los demócratas. Yo no entendía cómo aquí éramos más de los republicanos que de los otros y allí más de los otros que de los republicanos. Las palabras no siempre significan lo mismo. En la vida hay unos y hay otros. Todo eso también lo aprendí de la política. No tengo carné de partido ni me han elegido nunca para un puesto en una institución. Por no ser no he sido ni presidenta de mi escalera y mi única motivación para casarme es traspasar el mandato a mi marido cuando me llegue el turno de la presidencia. No me he dedicado a la política pero jamás he pensado que la política me fuera ajena porque siempre me he sentido dentro de ella. Y nunca he podido evitar seguir las informaciones de una noche electoral. Incluso cuando el enfado con las formas de hacer política ha sido tan grande que me trataba de convencer de la necesidad de alejarme. Pese a las retransmisiones estrafalarias, los comentarios idiotas o la suciedad informativa que manchaba cualquier análisis. Si hay unas elecciones, ahí está mi cuerpo. Ya sean las de Grecia o las de Andalucía. Soy una yonqui. Y pese a serlo la droga todavía no ha colonizado todas las células de mi cuerpo. No me ha dado por pasar a la acción porque todavía estoy tratando de gobernarme a mí misma. Nos esperan emociones fuertes. Vamos a tener un año de ruta del bakalao electoral. Espero que las resacas nos dejen alguna alegría. Que no ganen los de siempre siempre. Que nos gobierne buena gente que se preocupe de verdad por la política y no sólo por conseguir lo suyo. Espero que la política me haga alguna grieta en mi piel escéptica y confío en llegar a saber quiénes son los nuestros. No sé dónde ponerme. Con lo bonito que sería tener una columna de sociedad y andar por estas letras sólo comentando los eventos llenos de glamour. No tengo remedio.
Creo que mi primer acercamiento a la política se produjo cuando nació mi hermana. Pasé de tener el poder a tener que compartirlo y competir para no perderlo. Ser la mayor te convierte en una superviviente y aprendes a leer al mismo tiempo que te instruyes en corrupciones, chantajes y negociaciones. Yo me acuerdo que en el colegio siempre me faltaba saber un dato en los enunciados de los problemas que planteaban un reparto de elementos entre fulanita y su hermana. Me parecía muy precipitado sacar conclusiones sin saber quién era la hermana mayor. No he hecho un estudio muy riguroso pero seguro que la mayor parte de las personas que se dedican a la política son hermanos mayores. En la carrera a las primarias del cariño de mis padres intentaba hablar mucho con ellos. Hacer pasillos, vaya. Recuerdo ver en la televisión a Bush y a Clinton disputándose las elecciones en Estados Unidos y preguntarle a mi padre con quiénes íbamos nosotros, si con los demócratas o con los republicanos. Mi padre me dijo que allí no había buenos y malos sino malos y menos malos y nosotros íbamos con los segundos, que eran los demócratas. Yo no entendía cómo aquí éramos más de los republicanos que de los otros y allí más de los otros que de los republicanos. Las palabras no siempre significan lo mismo. En la vida hay unos y hay otros. Todo eso también lo aprendí de la política. No tengo carné de partido ni me han elegido nunca para un puesto en una institución. Por no ser no he sido ni presidenta de mi escalera y mi única motivación para casarme es traspasar el mandato a mi marido cuando me llegue el turno de la presidencia. No me he dedicado a la política pero jamás he pensado que la política me fuera ajena porque siempre me he sentido dentro de ella. Y nunca he podido evitar seguir las informaciones de una noche electoral. Incluso cuando el enfado con las formas de hacer política ha sido tan grande que me trataba de convencer de la necesidad de alejarme. Pese a las retransmisiones estrafalarias, los comentarios idiotas o la suciedad informativa que manchaba cualquier análisis. Si hay unas elecciones, ahí está mi cuerpo. Ya sean las de Grecia o las de Andalucía. Soy una yonqui. Y pese a serlo la droga todavía no ha colonizado todas las células de mi cuerpo. No me ha dado por pasar a la acción porque todavía estoy tratando de gobernarme a mí misma. Nos esperan emociones fuertes. Vamos a tener un año de ruta del bakalao electoral. Espero que las resacas nos dejen alguna alegría. Que no ganen los de siempre siempre. Que nos gobierne buena gente que se preocupe de verdad por la política y no sólo por conseguir lo suyo. Espero que la política me haga alguna grieta en mi piel escéptica y confío en llegar a saber quiénes son los nuestros. No sé dónde ponerme. Con lo bonito que sería tener una columna de sociedad y andar por estas letras sólo comentando los eventos llenos de glamour. No tengo remedio.
domingo, 15 de marzo de 2015
Una cabaña en la ciudad
Una cabaña en la ciudad ( El Periódico de Aragón - 14/03/2015 )
Sin personaje no hay historia y yo hoy tengo huecos los protagonismos. Se me han quedado las palabras vacías como los locales de las calles del centro. Los alquileres de esta ciudad son de clase preferente y sin embargo nuestras vidas viajan en turista. A veces pienso que el paisaje de tiendas con el que he crecido sólo será memoria cuando le cuente a mis hijos cómo era la ciudad cuando yo era una niña. Del mismo modo que sentía que la ciudad de mis abuelos sólo era para mí un relato y para ellos un recuerdo. Me da pena encontrarme con una ciudad distinta a la mía aunque sea la misma y me da rabia que todas las ciudades pierdan su esencia y lleguen a ser tan parecidas en su horizonte de multinacionales. Quiero hablar más con la gente a la que quiero y que una amiga me diga que su librería seguirá en su viejo local de renta antigua. No sé si mi voz tiene un problema. Una conocida escritora comenta en la radio que ha descubierto el contexto y que las noticias se lucen mucho más cuando se explican. Yo voy donde me llevan. Todo fluye. Las personas de bien nos hemos asomado al río para ver su fiereza y la desproporción de sus hechuras. Nos ha impresionado su capacidad destructora y hemos lamentado los daños que su desbordamiento ha producido. Los representantes políticos han venido para interesarse por la situación de los municipios afectados. Su vocación de servicio público es casi tan útil como nuestra curiosidad. El desastre en la gestión de la crecida no ha sido responsabilidad de nadie. Los pies sin barro no dejan huella. Eso lo saben todos los que han tenido el fango dentro de sus casas. Leo que en el mundo se produce un suicidio cada cuarenta segundos. La calle huele a mierda estos días para recordarnos que nuestras vidas no mejoran aunque llegue el buen tiempo. Alguien enseña unas fotos de un ministro griego comiendo y riéndose y le acusa de no ser un verdadero ciudadano de izquierdas. Se ve que la pureza ideológica es incompatible con la risa. ¿El vestido lo ves azul y negro o blanco y dorado? Se muere el señor que contaba que unas chicas le echaron "droga en el colacao" y yo me pregunto qué tipo de mecanismo cerebral hace que me acuerde nítidamente de esto y no sea capaz de memorizar un número de teléfono. Dar abasto va junto, veo que recuerda la Fundéu en su admirable cruzada para que escribamos correctamente. Claro, abasto va junto porque así nos vienen las cosas, amontononadas, y no podemos con ellas. Parece que molesta que el 8 de marzo se hable de las mujeres. Que seamos invisibles el resto del año se tolera más. Una afición jalea a un futbolista acusado de maltrato. Déjalos, es un desahogo. El espíritu deportivo era esto. Los salvapatrias están ocupados luchando por quedarse con el sillón del partido. Y con el resto de sillones. Sólo me ha salido un resumen de cosas que se me han colocado en el tejado mientras intentaba fabricarme una cabaña en la ciudad.
domingo, 1 de marzo de 2015
Candy Crush show.
Candy Crush show ( El Periódico de Aragón - 28/02/2015 )
El teatro nos parece mentira porque la vida ya es una ficción. Alguna vez, a la salida de un espectáculo, he escuchado comentarios de gente que pensaba que lo que había visto no era teatro porque los actores no ponían voz de teatro; esa voz impostada y grandilocuente, que aplana matices y consigue que el actor renuncie a su personalidad. Esa voz que es rechazada desde la pureza del teatro pero que se exige desde un determinado tipo de público que necesita de la impostura para trazar fronteras entre realidad y ficción. Yo acudo a un espectáculo con la voluntad de abstraerme de las butacas y del escenario y creerme el relato de lo que es contado como si en ese momento no pasara otra cosa en ningún otro sitio. Una vez vi un espectáculo en el que un músico cantó Dance me to the end of love de Leonard Cohen. Yo estaba en la primera fila y él no apartó su mirada de la mía aunque en realidad no me viera y sólo mirara un punto fijo por aquello de concentrarse. Me daba igual, yo me emocioné de cuerpo entero y me habría casado con él sin necesidad de que ni me dijera su nombre. En otra ocasión me hirió tanto lo que vi que vomité al salir de la representación. Asistí a una dramatización que se me hizo mucho más real que el informativo. He ido a muchos sitios sujetándome a la mentira y no me he caído. Pero soy incapaz de emocionarme sin sentir como verdad lo que trata de removerme por dentro. Por eso me pasa que me puede conmover más la ficción que la realidad, porque puede que muchas veces esté mejor hecha. Con la mentira se llega a cualquier parte pero no se echa raíces. ¿No te pasa que a veces oyes hablar a alguien y te sientes impermeable? Los palabras no calan cuando se ha estropeado la confianza. No sabía si decir que salgo de la lectura del libro Reparar a los vivos, de Maylis de Kerangal, conmocionada o conmovida así que me quedo con los dos términos. Me perturba el ánimo. Leo en una entrevista a la autora: "No me gusta la literatura de discursos porque para mí la lectura es una creación, al mismo nivel que la escritura". Es decir, escribir sin colonizar lo que tiene que sentir el lector. Dar la oportunidad de que el receptor del mensaje fabrique su propia mirada. Estamos tan acostumbrados a los discursos que intentan dirigir lo que tenemos que pensar y sentir que no tenemos espacio para crear nuestras propias opiniones y sensaciones. Nos lanzan palabras como se tiran caramelos desde las cabalgatas infantiles. Nos golpean pero no nos manchan porque su espectáculo es ajeno a lo que nos pasa. No se puede creer que alguien nos lleva a alguna parte si nunca le hemos visto andar por nuestras aceras. Cuánta falacia nos gobierna. La segunda acepción de emoción que figura en el diccionario es "interés expectante con que se participa en algo que está ocurriendo". Trata de sentirte parte de la función con una política gastada de tanto absurdo y vacío. ¿Otra partida al Candy Crush?
El teatro nos parece mentira porque la vida ya es una ficción. Alguna vez, a la salida de un espectáculo, he escuchado comentarios de gente que pensaba que lo que había visto no era teatro porque los actores no ponían voz de teatro; esa voz impostada y grandilocuente, que aplana matices y consigue que el actor renuncie a su personalidad. Esa voz que es rechazada desde la pureza del teatro pero que se exige desde un determinado tipo de público que necesita de la impostura para trazar fronteras entre realidad y ficción. Yo acudo a un espectáculo con la voluntad de abstraerme de las butacas y del escenario y creerme el relato de lo que es contado como si en ese momento no pasara otra cosa en ningún otro sitio. Una vez vi un espectáculo en el que un músico cantó Dance me to the end of love de Leonard Cohen. Yo estaba en la primera fila y él no apartó su mirada de la mía aunque en realidad no me viera y sólo mirara un punto fijo por aquello de concentrarse. Me daba igual, yo me emocioné de cuerpo entero y me habría casado con él sin necesidad de que ni me dijera su nombre. En otra ocasión me hirió tanto lo que vi que vomité al salir de la representación. Asistí a una dramatización que se me hizo mucho más real que el informativo. He ido a muchos sitios sujetándome a la mentira y no me he caído. Pero soy incapaz de emocionarme sin sentir como verdad lo que trata de removerme por dentro. Por eso me pasa que me puede conmover más la ficción que la realidad, porque puede que muchas veces esté mejor hecha. Con la mentira se llega a cualquier parte pero no se echa raíces. ¿No te pasa que a veces oyes hablar a alguien y te sientes impermeable? Los palabras no calan cuando se ha estropeado la confianza. No sabía si decir que salgo de la lectura del libro Reparar a los vivos, de Maylis de Kerangal, conmocionada o conmovida así que me quedo con los dos términos. Me perturba el ánimo. Leo en una entrevista a la autora: "No me gusta la literatura de discursos porque para mí la lectura es una creación, al mismo nivel que la escritura". Es decir, escribir sin colonizar lo que tiene que sentir el lector. Dar la oportunidad de que el receptor del mensaje fabrique su propia mirada. Estamos tan acostumbrados a los discursos que intentan dirigir lo que tenemos que pensar y sentir que no tenemos espacio para crear nuestras propias opiniones y sensaciones. Nos lanzan palabras como se tiran caramelos desde las cabalgatas infantiles. Nos golpean pero no nos manchan porque su espectáculo es ajeno a lo que nos pasa. No se puede creer que alguien nos lleva a alguna parte si nunca le hemos visto andar por nuestras aceras. Cuánta falacia nos gobierna. La segunda acepción de emoción que figura en el diccionario es "interés expectante con que se participa en algo que está ocurriendo". Trata de sentirte parte de la función con una política gastada de tanto absurdo y vacío. ¿Otra partida al Candy Crush?
domingo, 15 de febrero de 2015
Trapicheos de color carne
Trapicheos de color carne ( El Periódico de Aragón - 14/02/2015 )
Cuando eres la hermana mayor, aun siendo pequeña, eres algo mayor. A la autoridad moral se llega antes por la maldad que por el tamaño. Yo ya era capaz de engañar cuando todavía no sabía distinguir entre realidad y ficción. Con mi hermana me separaba una distancia de cuatro años y medio de picardía. Yo la aprovechaba para cambiarle varias monedas de un duro y de veinticinco pesetas por una de quinientas. A ella le parecía un chollo porque se iba con varias monedas y yo me quedaba sólo con una. Todo iba bien hasta que un día mi hermana acudió a mi madre y le mostró ilusionada su botín. Mi madre no se quedó conforme con el intercambio y prohibió las transacciones financieras en nuestro cuarto. En el colegio estuve mucho tiempo siendo una de las encargadas de llevar las cajas de pinturas a las mesas grupales en las que estaba dividida el aula. Elegía la mejor caja para mi grupo y seleccionaba las pinturas más bonitas para nosotras. Los compañeros de las otras mesas me acusaban de tramposa y yo me indignaba mucho aunque no sabía lo que era y no estaba tan de moda como ahora. Lanzaba un alegato sobre mi dedicación y sacrificio, mi grupo defendía mi honorabilidad y ahí no había pasado nada. Al día siguiente le ponía el color carne al grupo de insurrectos para que no convocaran otra protesta en mi contra. Me hice pasar por alérgica a la tiza para no salir nunca a la pizarra y me las arreglaba para utilizar el cepillo de dientes de mis compañeros, pero eso no lo hacía por maldad sino por tener un cuerpo ajeno a la propiedad privada. Yo pensaba que se compartía. En el comedor escolar aprendí lo que era el estraperlo y crecí sintiendo que tenía la culpa del hambre en el mundo al dejarme siempre comida en el plato. Hacíamos pellas en el instituto y pedíamos dinero para el autobús que en realidad era para irnos al bar. Un día me encontré en la calle una cartera. La debían de haber robado porque no llevaba dinero. Sí tenía la identificación y tarjetas. La podía haber devuelto pero me la quedé. Era una cartera de marca y yo era pobre y estaba enamorada. Conseguí que mi novio me quisiera mucho por ese regalo. De adulta he engañado a mis padres, me he portado mal con mis novios, he decepcionado a amigos y me he equivocado muchas veces. "¿No tienes la sensación de que todo es amable ahora? Hay algo de mentira en cada producto. Los cuchillos tienen que aparentar que no cortan, las sartenes parecen objetos decorativos, nada tiene aristas y luego llega la gente, se roza con la realidad y se siente desamparada". Esto dice David Trueba en su libro Blitz. Incluso llegamos a moldearnos así, con la mentira como troquel de lo que somos. Quizá sólo se trata de ser honestos con nuestros embustes. No pretendo que gobierne la pureza porque todos tenemos astillas. Pero, si lo viejo se va por traidor, lo nuevo no puede llegar falsificando principios. Bueno, tú vótame y te daré la pintura de color carne.
Cuando eres la hermana mayor, aun siendo pequeña, eres algo mayor. A la autoridad moral se llega antes por la maldad que por el tamaño. Yo ya era capaz de engañar cuando todavía no sabía distinguir entre realidad y ficción. Con mi hermana me separaba una distancia de cuatro años y medio de picardía. Yo la aprovechaba para cambiarle varias monedas de un duro y de veinticinco pesetas por una de quinientas. A ella le parecía un chollo porque se iba con varias monedas y yo me quedaba sólo con una. Todo iba bien hasta que un día mi hermana acudió a mi madre y le mostró ilusionada su botín. Mi madre no se quedó conforme con el intercambio y prohibió las transacciones financieras en nuestro cuarto. En el colegio estuve mucho tiempo siendo una de las encargadas de llevar las cajas de pinturas a las mesas grupales en las que estaba dividida el aula. Elegía la mejor caja para mi grupo y seleccionaba las pinturas más bonitas para nosotras. Los compañeros de las otras mesas me acusaban de tramposa y yo me indignaba mucho aunque no sabía lo que era y no estaba tan de moda como ahora. Lanzaba un alegato sobre mi dedicación y sacrificio, mi grupo defendía mi honorabilidad y ahí no había pasado nada. Al día siguiente le ponía el color carne al grupo de insurrectos para que no convocaran otra protesta en mi contra. Me hice pasar por alérgica a la tiza para no salir nunca a la pizarra y me las arreglaba para utilizar el cepillo de dientes de mis compañeros, pero eso no lo hacía por maldad sino por tener un cuerpo ajeno a la propiedad privada. Yo pensaba que se compartía. En el comedor escolar aprendí lo que era el estraperlo y crecí sintiendo que tenía la culpa del hambre en el mundo al dejarme siempre comida en el plato. Hacíamos pellas en el instituto y pedíamos dinero para el autobús que en realidad era para irnos al bar. Un día me encontré en la calle una cartera. La debían de haber robado porque no llevaba dinero. Sí tenía la identificación y tarjetas. La podía haber devuelto pero me la quedé. Era una cartera de marca y yo era pobre y estaba enamorada. Conseguí que mi novio me quisiera mucho por ese regalo. De adulta he engañado a mis padres, me he portado mal con mis novios, he decepcionado a amigos y me he equivocado muchas veces. "¿No tienes la sensación de que todo es amable ahora? Hay algo de mentira en cada producto. Los cuchillos tienen que aparentar que no cortan, las sartenes parecen objetos decorativos, nada tiene aristas y luego llega la gente, se roza con la realidad y se siente desamparada". Esto dice David Trueba en su libro Blitz. Incluso llegamos a moldearnos así, con la mentira como troquel de lo que somos. Quizá sólo se trata de ser honestos con nuestros embustes. No pretendo que gobierne la pureza porque todos tenemos astillas. Pero, si lo viejo se va por traidor, lo nuevo no puede llegar falsificando principios. Bueno, tú vótame y te daré la pintura de color carne.
domingo, 1 de febrero de 2015
El equilibrio de los cuerpos.
El equilibrio de los cuerpos ( El Periódico de Aragón - 31/01/2015 )
Las cosas pasan como poniéndose todas en fila esperando a lanzarse ante ti. Llegamos a ellas una detrás de otra. Se caen y el ruido te recuerda que una nueva ficha ha golpeado la mesa para que le prestes atención antes de poner el mantel para la cena. Y no puedes fijar tu mirada al derrumbe de algo porque enseguida hay otro tema que empuja por detrás para ponerse en el turno de llamada. Y luego está el dormir, el tener la nevera con algo de comida y el procurar cuidados a tu red para que los nudos que has entrelazado no se suelten cuando seas tú la que se cae. El cuerpo se te subleva con declaraciones, noticias y titulares. Algo hay que hacer, te dices, y el enfado te lleva a mover el culo como las gallinas cuando van a poner un huevo. Si al menos yo fuese una gallina sería útil que la indignación se hiciera un hueco dentro de mí, me zarandeara y luego saliera lista para comer. La actualidad es como un juego de memoria en el que se nos enseñan cartas y vamos probando a ver hasta cuándo recordamos lo que hemos visto. Hace unos días teníamos a la libertad de expresión dando una capa de gotelé a nuestros mensajes. Eso ya ha pasado. Las muertes nos escuecen y se quedan en nosotros como el olor a pescado pero hay que seguir a otra cosa. Envido. Quiero. Mus. Quizás sea el Gobierno con más mujeres de la historia de Grecia. Puede. Pero siguen faltando mujeres en primera línea de ministerio. A mí me hastía que la revolución no sea capaz de cambiar usos y costumbres. Una encuesta del CIS revela que uno de cada tres jóvenes cree inevitable o aceptable actitudes de control hacia su pareja. Que si te marco los horarios, que si juzgo tu comportamiento y decido lo que puedes hacer o lo que no, que si no quiero que veas a ese amigo tuyo. Me controla porque me quiere. A mí me enerva que eso no sea asunto de Estado. Ni aparece en los titulares del informativo. No hay ministras en Grecia pero tenemos presentadoras de informativos que parecen modelos a punto de hacer un desfile. Entre noticia y noticia va la publicidad que nos enseña que las mujeres somos estreñidas, tenemos pérdidas, gases, arrugas y no hacemos bien la digestión. ¿Qué imagen de la mujer se ofrece? O no se nos ve o se nos ve de forma delirante. Todo forma parte de lo mismo. "Somos gente de neblina", dice Gabriela Wiener en su libro Llamada perdida. Busco en internet: ¿Cuál es el secreto de los equilibristas? Y me pierdo en la lectura de un documento larguísimo sobre el equilibrio de fuerzas y momentos. No tener ni idea de física hace que me obsesione acercarme a ella. La palabra estática se deriva del griego statikoIs que significa inmóvil y en física es la rama de la dinámica que analiza las condiciones que permiten el equilibrio de los cuerpos. Espero que el cambio griego no sea statikós. Que lo que nos pasa no nos pese. Una amiga me dice que está triste y a mí sólo se me ocurre decirle que le presto mi MP3 acuático para que nade con música. Intento que no se caiga.
Las cosas pasan como poniéndose todas en fila esperando a lanzarse ante ti. Llegamos a ellas una detrás de otra. Se caen y el ruido te recuerda que una nueva ficha ha golpeado la mesa para que le prestes atención antes de poner el mantel para la cena. Y no puedes fijar tu mirada al derrumbe de algo porque enseguida hay otro tema que empuja por detrás para ponerse en el turno de llamada. Y luego está el dormir, el tener la nevera con algo de comida y el procurar cuidados a tu red para que los nudos que has entrelazado no se suelten cuando seas tú la que se cae. El cuerpo se te subleva con declaraciones, noticias y titulares. Algo hay que hacer, te dices, y el enfado te lleva a mover el culo como las gallinas cuando van a poner un huevo. Si al menos yo fuese una gallina sería útil que la indignación se hiciera un hueco dentro de mí, me zarandeara y luego saliera lista para comer. La actualidad es como un juego de memoria en el que se nos enseñan cartas y vamos probando a ver hasta cuándo recordamos lo que hemos visto. Hace unos días teníamos a la libertad de expresión dando una capa de gotelé a nuestros mensajes. Eso ya ha pasado. Las muertes nos escuecen y se quedan en nosotros como el olor a pescado pero hay que seguir a otra cosa. Envido. Quiero. Mus. Quizás sea el Gobierno con más mujeres de la historia de Grecia. Puede. Pero siguen faltando mujeres en primera línea de ministerio. A mí me hastía que la revolución no sea capaz de cambiar usos y costumbres. Una encuesta del CIS revela que uno de cada tres jóvenes cree inevitable o aceptable actitudes de control hacia su pareja. Que si te marco los horarios, que si juzgo tu comportamiento y decido lo que puedes hacer o lo que no, que si no quiero que veas a ese amigo tuyo. Me controla porque me quiere. A mí me enerva que eso no sea asunto de Estado. Ni aparece en los titulares del informativo. No hay ministras en Grecia pero tenemos presentadoras de informativos que parecen modelos a punto de hacer un desfile. Entre noticia y noticia va la publicidad que nos enseña que las mujeres somos estreñidas, tenemos pérdidas, gases, arrugas y no hacemos bien la digestión. ¿Qué imagen de la mujer se ofrece? O no se nos ve o se nos ve de forma delirante. Todo forma parte de lo mismo. "Somos gente de neblina", dice Gabriela Wiener en su libro Llamada perdida. Busco en internet: ¿Cuál es el secreto de los equilibristas? Y me pierdo en la lectura de un documento larguísimo sobre el equilibrio de fuerzas y momentos. No tener ni idea de física hace que me obsesione acercarme a ella. La palabra estática se deriva del griego statikoIs que significa inmóvil y en física es la rama de la dinámica que analiza las condiciones que permiten el equilibrio de los cuerpos. Espero que el cambio griego no sea statikós. Que lo que nos pasa no nos pese. Una amiga me dice que está triste y a mí sólo se me ocurre decirle que le presto mi MP3 acuático para que nade con música. Intento que no se caiga.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
