domingo, 15 de marzo de 2015

Una cabaña en la ciudad


Una cabaña en la ciudad ( El Periódico de Aragón - 14/03/2015 )

Sin personaje no hay historia y yo hoy tengo huecos los protagonismos. Se me han quedado las palabras vacías como los locales de las calles del centro. Los alquileres de esta ciudad son de clase preferente y sin embargo nuestras vidas viajan en turista. A veces pienso que el paisaje de tiendas con el que he crecido sólo será memoria cuando le cuente a mis hijos cómo era la ciudad cuando yo era una niña. Del mismo modo que sentía que la ciudad de mis abuelos sólo era para mí un relato y para ellos un recuerdo. Me da pena encontrarme con una ciudad distinta a la mía aunque sea la misma y me da rabia que todas las ciudades pierdan su esencia y lleguen a ser tan parecidas en su horizonte de multinacionales. Quiero hablar más con la gente a la que quiero y que una amiga me diga que su librería seguirá en su viejo local de renta antigua. No sé si mi voz tiene un problema. Una conocida escritora comenta en la radio que ha descubierto el contexto y que las noticias se lucen mucho más cuando se explican. Yo voy donde me llevan. Todo fluye. Las personas de bien nos hemos asomado al río para ver su fiereza y la desproporción de sus hechuras. Nos ha impresionado su capacidad destructora y hemos lamentado los daños que su desbordamiento ha producido. Los representantes políticos han venido para interesarse por la situación de los municipios afectados. Su vocación de servicio público es casi tan útil como nuestra curiosidad. El desastre en la gestión de la crecida no ha sido responsabilidad de nadie. Los pies sin barro no dejan huella. Eso lo saben todos los que han tenido el fango dentro de sus casas. Leo que en el mundo se produce un suicidio cada cuarenta segundos. La calle huele a mierda estos días para recordarnos que nuestras vidas no mejoran aunque llegue el buen tiempo. Alguien enseña unas fotos de un ministro griego comiendo y riéndose y le acusa de no ser un verdadero ciudadano de izquierdas. Se ve que la pureza ideológica es incompatible con la risa. ¿El vestido lo ves azul y negro o blanco y dorado? Se muere el señor que contaba que unas chicas le echaron "droga en el colacao" y yo me pregunto qué tipo de mecanismo cerebral hace que me acuerde nítidamente de esto y no sea capaz de memorizar un número de teléfono. Dar abasto va junto, veo que recuerda la Fundéu en su admirable cruzada para que escribamos correctamente. Claro, abasto va junto porque así nos vienen las cosas, amontononadas, y no podemos con ellas. Parece que molesta que el 8 de marzo se hable de las mujeres. Que seamos invisibles el resto del año se tolera más. Una afición jalea a un futbolista acusado de maltrato. Déjalos, es un desahogo. El espíritu deportivo era esto. Los salvapatrias están ocupados luchando por quedarse con el sillón del partido. Y con el resto de sillones. Sólo me ha salido un resumen de cosas que se me han colocado en el tejado mientras intentaba fabricarme una cabaña en la ciudad.

domingo, 1 de marzo de 2015

Candy Crush show.

Candy Crush show ( El Periódico de Aragón - 28/02/2015 )

El teatro nos parece mentira porque la vida ya es una ficción. Alguna vez, a la salida de un espectáculo, he escuchado comentarios de gente que pensaba que lo que había visto no era teatro porque los actores no ponían voz de teatro; esa voz impostada y grandilocuente, que aplana matices y consigue que el actor renuncie a su personalidad. Esa voz que es rechazada desde la pureza del teatro pero que se exige desde un determinado tipo de público que necesita de la impostura para trazar fronteras entre realidad y ficción. Yo acudo a un espectáculo con la voluntad de abstraerme de las butacas y del escenario y creerme el relato de lo que es contado como si en ese momento no pasara otra cosa en ningún otro sitio. Una vez vi un espectáculo en el que un músico cantó Dance me to the end of love de Leonard Cohen. Yo estaba en la primera fila y él no apartó su mirada de la mía aunque en realidad no me viera y sólo mirara un punto fijo por aquello de concentrarse. Me daba igual, yo me emocioné de cuerpo entero y me habría casado con él sin necesidad de que ni me dijera su nombre. En otra ocasión me hirió tanto lo que vi que vomité al salir de la representación. Asistí a una dramatización que se me hizo mucho más real que el informativo. He ido a muchos sitios sujetándome a la mentira y no me he caído. Pero soy incapaz de emocionarme sin sentir como verdad lo que trata de removerme por dentro. Por eso me pasa que me puede conmover más la ficción que la realidad, porque puede que muchas veces esté mejor hecha. Con la mentira se llega a cualquier parte pero no se echa raíces. ¿No te pasa que a veces oyes hablar a alguien y te sientes impermeable? Los palabras no calan cuando se ha estropeado la confianza. No sabía si decir que salgo de la lectura del libro Reparar a los vivos, de Maylis de Kerangal, conmocionada o conmovida así que me quedo con los dos términos. Me perturba el ánimo. Leo en una entrevista a la autora: "No me gusta la literatura de discursos porque para mí la lectura es una creación, al mismo nivel que la escritura". Es decir, escribir sin colonizar lo que tiene que sentir el lector. Dar la oportunidad de que el receptor del mensaje fabrique su propia mirada. Estamos tan acostumbrados a los discursos que intentan dirigir lo que tenemos que pensar y sentir que no tenemos espacio para crear nuestras propias opiniones y sensaciones. Nos lanzan palabras como se tiran caramelos desde las cabalgatas infantiles. Nos golpean pero no nos manchan porque su espectáculo es ajeno a lo que nos pasa. No se puede creer que alguien nos lleva a alguna parte si nunca le hemos visto andar por nuestras aceras. Cuánta falacia nos gobierna. La segunda acepción de emoción que figura en el diccionario es "interés expectante con que se participa en algo que está ocurriendo". Trata de sentirte parte de la función con una política gastada de tanto absurdo y vacío. ¿Otra partida al Candy Crush?

domingo, 15 de febrero de 2015

Trapicheos de color carne

Trapicheos de color carne ( El Periódico de Aragón - 14/02/2015 )

Cuando eres la hermana mayor, aun siendo pequeña, eres algo mayor. A la autoridad moral se llega antes por la maldad que por el tamaño. Yo ya era capaz de engañar cuando todavía no sabía distinguir entre realidad y ficción. Con mi hermana me separaba una distancia de cuatro años y medio de picardía. Yo la aprovechaba para cambiarle varias monedas de un duro y de veinticinco pesetas por una de quinientas. A ella le parecía un chollo porque se iba con varias monedas y yo me quedaba sólo con una. Todo iba bien hasta que un día mi hermana acudió a mi madre y le mostró ilusionada su botín. Mi madre no se quedó conforme con el intercambio y prohibió las transacciones financieras en nuestro cuarto. En el colegio estuve mucho tiempo siendo una de las encargadas de llevar las cajas de pinturas a las mesas grupales en las que estaba dividida el aula. Elegía la mejor caja para mi grupo y seleccionaba las pinturas más bonitas para nosotras. Los compañeros de las otras mesas me acusaban de tramposa y yo me indignaba mucho aunque no sabía lo que era y no estaba tan de moda como ahora. Lanzaba un alegato sobre mi dedicación y sacrificio, mi grupo defendía mi honorabilidad y ahí no había pasado nada. Al día siguiente le ponía el color carne al grupo de insurrectos para que no convocaran otra protesta en mi contra. Me hice pasar por alérgica a la tiza para no salir nunca a la pizarra y me las arreglaba para utilizar el cepillo de dientes de mis compañeros, pero eso no lo hacía por maldad sino por tener un cuerpo ajeno a la propiedad privada. Yo pensaba que se compartía. En el comedor escolar aprendí lo que era el estraperlo y crecí sintiendo que tenía la culpa del hambre en el mundo al dejarme siempre comida en el plato. Hacíamos pellas en el instituto y pedíamos dinero para el autobús que en realidad era para irnos al bar. Un día me encontré en la calle una cartera. La debían de haber robado porque no llevaba dinero. Sí tenía la identificación y tarjetas. La podía haber devuelto pero me la quedé. Era una cartera de marca y yo era pobre y estaba enamorada. Conseguí que mi novio me quisiera mucho por ese regalo. De adulta he engañado a mis padres, me he portado mal con mis novios, he decepcionado a amigos y me he equivocado muchas veces. "¿No tienes la sensación de que todo es amable ahora? Hay algo de mentira en cada producto. Los cuchillos tienen que aparentar que no cortan, las sartenes parecen objetos decorativos, nada tiene aristas y luego llega la gente, se roza con la realidad y se siente desamparada". Esto dice David Trueba en su libro Blitz. Incluso llegamos a moldearnos así, con la mentira como troquel de lo que somos. Quizá sólo se trata de ser honestos con nuestros embustes. No pretendo que gobierne la pureza porque todos tenemos astillas. Pero, si lo viejo se va por traidor, lo nuevo no puede llegar falsificando principios. Bueno, tú vótame y te daré la pintura de color carne.

domingo, 1 de febrero de 2015

El equilibrio de los cuerpos.

El equilibrio de los cuerpos ( El Periódico de Aragón - 31/01/2015 )

Las cosas pasan como poniéndose todas en fila esperando a lanzarse ante ti. Llegamos a ellas una detrás de otra. Se caen y el ruido te recuerda que una nueva ficha ha golpeado la mesa para que le prestes atención antes de poner el mantel para la cena. Y no puedes fijar tu mirada al derrumbe de algo porque enseguida hay otro tema que empuja por detrás para ponerse en el turno de llamada. Y luego está el dormir, el tener la nevera con algo de comida y el procurar cuidados a tu red para que los nudos que has entrelazado no se suelten cuando seas tú la que se cae. El cuerpo se te subleva con declaraciones, noticias y titulares. Algo hay que hacer, te dices, y el enfado te lleva a mover el culo como las gallinas cuando van a poner un huevo. Si al menos yo fuese una gallina sería útil que la indignación se hiciera un hueco dentro de mí, me zarandeara y luego saliera lista para comer. La actualidad es como un juego de memoria en el que se nos enseñan cartas y vamos probando a ver hasta cuándo recordamos lo que hemos visto. Hace unos días teníamos a la libertad de expresión dando una capa de gotelé a nuestros mensajes. Eso ya ha pasado. Las muertes nos escuecen y se quedan en nosotros como el olor a pescado pero hay que seguir a otra cosa. Envido. Quiero. Mus. Quizás sea el Gobierno con más mujeres de la historia de Grecia. Puede. Pero siguen faltando mujeres en primera línea de ministerio. A mí me hastía que la revolución no sea capaz de cambiar usos y costumbres. Una encuesta del CIS revela que uno de cada tres jóvenes cree inevitable o aceptable actitudes de control hacia su pareja. Que si te marco los horarios, que si juzgo tu comportamiento y decido lo que puedes hacer o lo que no, que si no quiero que veas a ese amigo tuyo. Me controla porque me quiere. A mí me enerva que eso no sea asunto de Estado. Ni aparece en los titulares del informativo. No hay ministras en Grecia pero tenemos presentadoras de informativos que parecen modelos a punto de hacer un desfile. Entre noticia y noticia va la publicidad que nos enseña que las mujeres somos estreñidas, tenemos pérdidas, gases, arrugas y no hacemos bien la digestión. ¿Qué imagen de la mujer se ofrece? O no se nos ve o se nos ve de forma delirante. Todo forma parte de lo mismo. "Somos gente de neblina", dice Gabriela Wiener en su libro Llamada perdida. Busco en internet: ¿Cuál es el secreto de los equilibristas? Y me pierdo en la lectura de un documento larguísimo sobre el equilibrio de fuerzas y momentos. No tener ni idea de física hace que me obsesione acercarme a ella. La palabra estática se deriva del griego statikoIs que significa inmóvil y en física es la rama de la dinámica que analiza las condiciones que permiten el equilibrio de los cuerpos. Espero que el cambio griego no sea statikós. Que lo que nos pasa no nos pese. Una amiga me dice que está triste y a mí sólo se me ocurre decirle que le presto mi MP3 acuático para que nade con música. Intento que no se caiga.

lunes, 19 de enero de 2015

Nos acordaremos de este día

Nos acordaremos de este día ( El Periódico de Aragón - 17/01/2015 )

Días de palabras a borbotones. El límite de mi libertad es la libertad del otro, no sus creencias. El respeto no puede ser un arma. Las causas. El fanatismo encuentra abono en la vulnerabilidad de los excluidos. Vale, pero el odio no se hace una casa en los cuerpos de todas las personas que pasan penurias. Falta de vigilancia a lo que entra de afuera. Los que dispararon eran de adentro. No importa. Para combatir el mal, el mal tiene que ser otro y no uno mismo.

SI SOLO me quedaran un puñado de palabras por gastar antes de morir, haría un chiste. Pero. El pero de una frase siempre suena al aguafiestas que te recuerda que mañana madrugas cuando tú ya estabas haciendo hueco en primera línea de noche. Se lo estaban buscando. Violencia es entender que el humor es una provocación y no una manera de masticar lo que sucede para poder digerirlo. Los límites. Como los cuadernos del colegio. Tenían un margen para avisarnos de que siempre nos encontraríamos con una línea que no podríamos traspasar. Ya se encarga el poder de dibujar las lindes de lo que no nos pertenece como para dejar que se apropie de lo que nos hace reír. ¿A ti te gusta el humor que hacen en la revista? Eso es lo de menos para defender su derecho a hacerlo. Je suis Charlie. ¿Sabes cómo se llaman las últimas mujeres a las que ha asesinado un terrorista machista? No sé sus nombres, je ne suis pas ellas. Ni je ne suis pas las niñas nigerianas ni los muertos en Siria. Tú suis demagogo. Sufro por todo lo que nos pasa aunque me pueda zarandear de distinta manera. ¿No nos condicionan demasiado los medios? Parece que haya que lamentar más lo que se señala con más fuerza. A ver si vamos a tener que pedir disculpas porque algo te impresione hasta el llanto. "El género humano no puede soportar tanta realidad". Lo dijo T.S. Eliot en sus Cuatro Cuartetos. Podemos estar tranquilas, tenemos a nuestros líderes haciendo cruceta con sus brazos para marcar una frontera entre ellos y nuestras vidas. ¿Tener arcadas al verlos es terrorismo de Estado? Suenan los gritos por la libertad de expresión como si fueran un sonajero que nos acuna para que durmamos en el sueño de lo irreal. Y, mientras, la Audiencia Provincial imputa a un humorista por un sketch. Así somos en España, de soliviantarnos por los enfants de la patrie cuando los derechos los pedimos para los de fuera de casa. Es lo que tiene la confianza, que hace que nos importe menos dejar la puerta del baño abierta. Todo huele fatal. "Nos acordaremos de este día", me decía una amiga mientras agarraba su taza para calentarse el cuerpo y el ánimo. Nos acordaremos por lo que va a pasar. Islamofobia y represión. El riesgo de atentado es la excusa perfecta para seguir adelgazando derechos y libertades. Las excusas son como el culo, todos tenemos uno. La actualidad te da un puñetazo y no puedes dejar de escribir porque no puedes dejar de sentir. Aunque lo que te salga sea otro prescindible artículo sobre el tema que nos ha dominado las horas en estos últimos días. Tout est pardonné.

jueves, 8 de enero de 2015

Conciencia de clase

Conciencia de clase ( El Periódico de Aragón - 03/01/2015 )

La primera vez que yo escuché el término conciencia de clase lo entendí como coincidencia de clase y me pareció que mi error tenía mucho más sentido. Lo tenía porque el alumnado que coincidíamos en una misma clase desarrollábamos una especie de conciencia de pertenencia a ese grupo. Dentro de clase cada cual tenía sus adherencias y sus manías pero, fuera del aula, la clase era una masa. Los del A frente a los del B. "Con ellos sé de dónde vengo y adónde voy". "Con el resto, por mucho oficio que tengan en la vida y sus costumbres, no atacaría Troya, no la defendería".

Tú no eras tú sin la clase que te explicaba. Pertenecías a la gente con la que compartías pizarra, asiento, broncas y exámenes. Los otros, el resto, eran los de la otra clase. Parece que las nuevas formas de hacer política rehuyen hablar de conciencia de clase. Se ponen otros nombres a los nombres por si los votos se asustan con algunas palabras. No recuerdo el primer momento en el que escuché hablar de Marx pero imagino que lo confundiría con una película en blanco y negro. Porque yo llegué al marxismo antes por los hermanos Marx que por otra cosa. Igual que llegué a la izquierda por la poesía que cantaba Paco Ibáñez antes que por leer El capital.

Recordar es "ese misterio comprensible que habla de nosotros abriendo sentidos diferentes al que vamos". Marx distinguía entre "clase en sí" y "clase para sí". Decía que la dominación del capital creaba una masa con unos intereses comunes, una clase en sí. Esta clase se convertía en "para sí" si tomaba conciencia de lo que la distinguía de otras clases. Conciencia: "Una historia que recuerdas como quien se gana la vida y prefiere no perderla". No están los tiempos como para olvidar de dónde venimos. ¿Cómo no vamos a tener conciencia de clase si somos hijas criadas con calefacción central y ahora estamos pagando nuestra independencia con cuerpos fríos? El calor del hogar se queda en recurso publicitario. "Comenzó la muerte de lo que habíamos sido un día cualquiera de lo que no sé".

Bueno, pero hablar de lucha de clases es poco cool en un lugar donde la palabra del año es selfi. Así vivimos, mirándonos en una pantalla que dejamos que sea la que nos retrate. El ego y la cuestión social vale como nombre para una cafetería moderna. "Uno se afilia a quien le enseña dónde abunda el peligro". No me hace falta tener hepatitis C para que me duela la desesperación de unos enfermos a los que se les está privando de una medicación que podría curarles. Conciencia de clase, el nuevo libro de poemas de David Mayor. Necesitaba entrar en un texto como quien se tira de cabeza sin saber si va a golpearse contra el suelo pero deseando disfrutar del baño. Necesitaba salirme del libro y que lo leído me siguiera dibujando cenefas por dentro. "Nadie desconfía de quien parece que va a algún sitio". Yo voy contigo, David.

Nota: Todas las comillas son del libro Conciencia de clase de David Mayor.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Quiero todo esto

Quiero todo esto ( El Periódico de Aragón - 20/12/2014 )

Quiero casas de las que no nos echen y calefacciones que podamos pagar. Quiero que lo público gane. Quiero poder comprar berberechos siempre. Quiero que desaparezcan los purés de las cartas de los restaurantes. Quiero olvidarme de la sensación de no llegar a todo. Quiero un país en el que no se consienta el hambre. Quiero aprender muchas cosas. Quiero que se gobierne para que nos duela menos lo que nos falta. Quiero leerme sin evitarme la mirada. Quiero no tener que justificarme. Quiero que sea prioritario acabar con la violencia. Quiero mujeres libres y que no sean maltratadas o asesinadas por intentar serlo. Quiero que la gente a la que quiero lo note. Quiero que mi abuelo se siga afeitando para que yo le bese. Quiero que se vayan los que nos han traído hasta aquí. Quiero que no nos transformemos en ellos cuando estemos en su sitio. Quiero ser pequeña para que mi hermana me dé clase. Quiero que al neoliberalismo le salgan heridas que le escuezan. Quiero que inventemos historias y que no falte nuestra voz cuando se trate de contarnos. Quiero radio y libros y abrazos. Quiero comer secretos y que nos prestemos mentiras. Quiero una valla que recubra la casa del ministro de Interior. Quiero que nos independicemos de este gobierno. Quiero muchas primeras veces. Quiero tener a alguien que me haga una tortilla cuando yo esté enferma. Quiero que recubran las aceras con el suelo blando de los parques. Quiero tiempo. Quiero que la ilusión sea fuerte y no se desmorone. Quiero que nos quejemos sin que nos multen. Quiero que alguien meta por mí el edredón en su funda. Quiero viajar. Quiero ciudades de tiendas pequeñas, plazas habitadas y calles que no nos expulsen. Quiero que nos salgan bien los planes. Quiero no tener que actualizar algo todo el rato. Quiero que conservemos los recuerdos. Quiero que los desayunos duren más rato. Quiero que nos siga sin cansar la mortadela. Quiero que las penas sean muy pequeñas al lado de las alegrías. Quiero muchos dolores de tripa si son por reírme. Quiero que lo que venga no nos espante. Quiero disfrutar del roce. Quiero conversaciones. Quiero poder dedicarme más a mis amistades. Quiero que no cierren hospitales ni colegios. Quiero que no nos estafen. Quiero que mis padres puedan vivir tranquilos. Quiero croquetas. Quiero romper certezas a machetazos. Quiero contradecirme. Quiero deleitarme. Quiero igualdad. Quiero revoluciones en las que se baile. Quiero que los sustos solo sean los que doy yo cuando me escondo. Quiero que leamos más. Quiero saber cantar bien. Quiero que a los cínicos les golpeen sus palabras. Quiero que mi novela se publique. Quiero que la decepción se coja una excedencia. Quiero que el dinero no reine. Quiero República. Quiero bibliotecas y librerías que no cierren. Quiero conflictos sin armas. Quiero que se puedan curar cada vez más enfermedades. Quiero que el cierzo respete mi flequillo. Quiero que lo que se estropee no nos rompa.

Quiero que el año nuevo nos llegue lleno de nuestros quieros. Quiero todo esto.

lunes, 8 de diciembre de 2014

No saber dibujar la perspectiva

No saber dibujar la perspectiva ( El Periódico de Aragón - 06/12/2014 )

Cierra la empresa que fabricaba las figuras flamencas que durante décadas han sido el souvenir typical spanish. No han resistido los embistes de la crisis, de la competencia china y de los televisores de plasma. Mi viaje de estudios de 8° de EGB fue a Andalucía y me traje de recuerdo una de esas bailaoras flamencas. Era fea, la más fea de todas, también la más barata. Reinó en el salón de mis padres hasta que me independicé y mi madre consiguió deshacerse de ella cediéndola para mi colección de objetos de la memoria. Guardo todo lo que me cuenta algo de lo que soy. A veces también falseo el relato. Trato de reconstruir hechos y algunos se me han perdido así que tengo que fabular trozos del trayecto porque quiero llegar al recuerdo y no sé cómo se va. Me gustaría tener más tiempo por detrás para que me pudieran caber más cosas en lo que he vivido. Hay que mirar hacia delante pero ahora hace mucho frío así que andamos sacando chepa y sin levantar la vista del suelo. Y ellos, que nos ven desde la distancia, aprovechan que la amplitud de miras la tenemos en las baldosas rotas para zarandearnos constantemente con noticias y que no podamos ni pararnos a pensar. Siento que nos meten los mensajes a empujones, como si la actualidad fuera ese tipo que se encarga de presionar a otros para que todos quepan en los vagones del metro de Tokio. Y de esta manera conservamos la información en nuestra cabeza, apiñada. Además, a mí me hicieron tipo loft por dentro, no tengo muros que separen unas cosas de otras y por eso lo mezclo siempre todo. Al año que viene hay elecciones y esto que me pica por todo el cuerpo debe de ser la zozobra. Los pájaros revolotean cuando huelen la tormenta y nosotras ya vivimos con las nubes negras dentro de casa. Las manchas en la piel antes eran erupciones y ahora se llaman corrupciones, es lo malo de tener las tertulias políticas todo el rato encima de ti. "La especie humana no puede soportar tanta realidad", decía T.S. Elliot en sus Cuatro cuartetos. Lo que a nosotros nos pasa se llama obsolescencia programada. No es que seamos escépticos, es que nos han hecho cansados. Somos seres analógicos y nos gastamos. Se trata de cambiar las cosas pero parece que vivimos un tiempo que tiene agotadas todas las teorías. Hay que verlo todo con perspectiva pero yo no tengo. En el instituto era mi padre el que hacía los trabajos de dibujo técnico. Saqué un sobresaliente en perspectiva pero no era mía. Cuando no tienes habilidad lo que se te da bien es inventar. Perspectiva. Los espacios que de niño eran grandes se hacen pequeños cuando tú te haces mayor. Será por eso que esta vida nos aprieta. Suena en bucle la versión que María Rodés ha hecho de "Mi pobre patria" de Franco Battiato: "Esperemos que el mundo vuelva a cotas más normales, que pueda contemplar con calma el cielo/ que no se hable más se hable de dictaduras, quizá tendremos que seguir tirando/ mientras la primavera tarda aún en llegar."

lunes, 24 de noviembre de 2014

Olfato y tiburones

Olfato y tiburones ( El Periódico de Aragón - 22/11/2014 )


Quien te quiere te regala palabras. Eva Cosculluela ve una frase y se la guarda para traérmela al día siguiente: "Los tiburones dedican un 14% de su cerebro exclusivamente al olfato. Pensé que te gustaría saberlo". Hay gente que colecciona dedales, imanes, plumas o dispensadores de los caramelos PEZ. Yo recopilo palabras, listas y microdatos absurdos. Mi madre intentó que coleccionara monedas. Me las regalaba y yo procuraba recibirlas con entusiasmo pero las acababa abandonando en algún cajón. La que es de familia pobre se le da muy mal coleccionar dinero. Eva me trae la frase y yo me recreo en el regalo. Los tiburones dedican una parte importante de su cabeza sólo a oler. Los humanos tenemos el sentido del olfato menos desarrollado. Sólo olemos la porquería cuando estamos en ella. Si fuésemos tiburones habríamos podido devorar a nuestros agresores o huir hace ya tiempo. Pero no tenemos esa astucia en la nariz ni tanta fuerza en los colmillos. Sin embargo, los humanos distinguimos entre más de diez mil aromas diferentes. Se cree que existen siete tipos de células olfatorias, cada una de las cuales sólo es capaz de detectar un tipo de moléculas: alcanforadas, amizcladas, florales, mentoladas, etéreas, picantes y pútridas.

LOS TIBURONES están perdiendo olfato por el aumento de los niveles de dióxido de carbono. Cuánto me conoce Eva y cómo me quiere, qué regalazo. Yo soy muy de disfrutar con lo que me obsequian y me amarro a las letras para que me den sentido, el del olfato y los otros. "Repli sur soi", repliegue sobre uno mismo, así le llaman los franceses al ensimismamiento. Y así creo que ha funcionado mucha de la política que se ha desarrollado en este país. Se ha intentado ser política en lugar de hacerla. No se es política sino que se hace política de la misma manera que se hace un bizcocho y no se es un bizcocho. Me creo que una palabra me pertenece y me voy con ella de viaje a Canarias, como sacando a la política de paseo. Está todo pagado, ¿no ves que la política soy yo? Hay quien se apunta a una web de citas y otros van al Senado. Las ruedas de prensa no tienen preguntas y los discursos se leen con el fin de la cita incluido porque a los alegatos huecos no les sobra nada, sólo les falta todo. Modelar la vida para que cambie el centro incluye que se vuelva la mirada a las palabras después de años de expolio. Corrupción también ha sido que se apropiaran del lenguaje. Devolvednos la política y quedaos con las explicaciones. Vuestra lengua es la de las cáscaras, vacía y vana. Gritos que devuelven el eco sin réplicas ni nada nuevo. Vayamos a las barricadas del verbo. La librería Los portadores de sueños cumple 10 años y yo estoy con ellos para celebrarlo. De vez en cuando hay alguna alegría que te pilla en tu turno y no en las listas de espera. En la librería hay palabras como para comer de restos toda una vida. Félix y Eva las recopilan para que vayamos a buscarlas. ¿Cómo podría querer o insultar si no están ellos guardándome el habla? Pensé que os gustaría saberlo.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Preferiría no hacerlo.



Hace una semana estábamos con los nervios en los tímpanos. Al día siguiente estrenábamos PREFERIRÍA NO HACERLO, el programa con el que Sergio del Molino y yo pensamos ocupar por un rato los micros de Aragón Radio. Pensamos que podía ser buena idea contar por escrito qué significa para nosotros tener un hueco en la radio para hablar de libros. Así que yo escribí el texto que ahora pongo aquí, un poco más abajo. Mañana estaremos en antena para hacer nuestro segundo programa. Y esperamos que nos podáis acompañar a lo largo de muchos lunes. Y si no, hemos hecho un blog donde pondremos los enlaces a los podcast del programa: http://preferirianohacerlo.org. Preferimos que nos sigáis. Y que os guste hacerlo.

Ocupar los transistores.

Mi primer recuerdo de la radio está sujeto a antes de nacer. Mi madre estaba embarazada de mí en la noche de los transistores, aquel 23F en el que los cuerpos temblaban de miedo. Mis padres bajaron las persianas y se quedaron a oscuras. Se agarraron a una radio con la confianza de que les dijera que los tanques no salían a la calle. A mí me asustó mucho este mundo y nací un mes más tarde de lo previsto. Ya en vida, mi segundo primer recuerdo de la radio es una frase que me decía mi abuelo: “Tú sola ya eres como un transistor, no callas.” Mi abuelo es el mayor contador de historias que conozco. A mí me encantaba irme con él a dar paseos y que me fuera contando lo que pasó por las calles antes de que lo que pasara fuéramos nosotros. Yo le preguntaba y le preguntaba y le hacía que me repitiera una vez y otra y luego otra los relatos que ya me había contado entonces y antes de entonces. Un día en el colegio nos preguntaron acerca de nuestro personaje favorito de la historia y yo dije que era mi abuelo porque él era todas las historias. También querían saber cuál era nuestro juguete preferido y yo dije la radio de mi madre. La radio que era como la que tenía mi abuelo siempre en la mesa, a su lado. En aquel momento yo vivía en Madrid y mi abuelo en Zaragoza. Y a mí me gustaba escuchar la radio que era igual que la suya porque así los dos escuchábamos lo mismo al mismo tiempo. De la radio salían historias y yo pensaba que mi abuelo las cogía todas como se coge al autobús cuando lo pillas antes de irse de la parada. Hay sonidos que te hacen persona y construyen la banda sonora de tu vida. El silbido de mi madre, las llaves contra el pomo que anuncian llegadas, el choque del tenedor contra el plato que te acuna en ese ruido recordatorio de que alguien te está cuidando, el café saliendo, los pasos de los que te quieren, los ritos cotidianos, la tiza en la pizarra, las alarmas, la radio. El sonido que escuchaba mientras me dormía era la radio de mis padres y lo primero que escuchaba al despertarme era esa misma radio que mis padres tenían puesta para comenzar el día. Los transistores de casa de mis padres, como los de mi abuelo, siempre han sido analógicos porque la vida también lo es. La vida no está hecha de ceros y unos hasta el infinito. La vida se cansa, se gasta y se muere. Mi madre me regaló un transistor como el que tenía ella y como el que tenía mi abuelo. Se sintoniza con una ruleta que mueves en donde pone tuning. Porque las radios son analógicas pero todas hablan inglés. Cuando estaba en Madrid mis compañeros de clase me elegían para que fuera yo la que leyera porque decían que no tenía acento de allí. Cuando vine a Zaragoza me escogían para leer los textos porque decían que no tenía acento de aquí. Tengo una voz apátrida, pensaba yo. Tienes una voz radiofónica, me dijo una vez una profesora de música para intentar evitar mi frustración por haberme dicho que no tengo oído para poder cantar. Y además aguanto la respiración un minuto. Eso siempre me puede venir bien por si tengo que contar algo urgente y no puedo coger aire. En el instituto hicimos un trabajo sobre medios de comunicación y yo lo realicé sobre La Pirenaica, Radio España Independiente. Mi abuelo y yo grabamos un programa en el que yo le entrevistaba y él me iba contando cómo eran los tiempos en los que por sintonizar una emisora ya te ponías en peligro. Seguí escuchando la radio mientras me salía acné, iba a ligar a los bares, se me iba el acné, empecé a trabajar y me independicé. De adulta me he acercado al micrófono a contar historias en las que estaba metida o a participar en tertulias para comentar las historias de otros. Hace unos meses, en una comida con amigos, Sergio del Molino y yo hablábamos de lo que nos gustaba la radio. Disfrutábamos al escucharla y cuando nos tocaba hablar desde el estudio. A mí me encantaría hacer mi propio programa de radio. A mí también. ¿Preparamos algo juntos? Teníamos una morcilla como testigo así que nos la comimos. El Preferiría no hacerlo podría haberse quedado en ese día y en esa conversación pero nos empujaron unas ondas muy poderosas. Queríamos hacerlo. Cogimos la ilusión y diseñamos un programa literario que llevamos a Aragón Radio y de ahí a hoy han pasado unos meses, muchas reuniones, bastantes horas de preparación, unos cuantos desayunos y alguna cerveza y por fin, hoy, estrenamos nuestro programa, Preferiría no hacerlo. En él unimos dos cosas que a los dos nos apasionan: la radio y los libros. Ahora no soy como un transistor sino que me he metido dentro y lo hago, además, en la mejor de las compañías. Sergio es alguien a quien aprecio y admiro y me siento muy afortunada de que dirija el programa conmigo a su lado. Seguro que lo pasamos bien y deseamos que eso se note y se comparta por toda la audiencia que nos escuche.
A mi abuelo le ha hecho mucha ilusión que yo vaya a estar un programa de radio aunque, si quiero que lo escuche, le tengo que comprar un transistor. Él ya tiene tres en casa. Uno en su habitación, otro en el salón y un tercero que lleva consigo al baño y a la cocina. Los tres tienen sintonizada otra emisora. Cuando le dije que yo iba a estar en Aragón Radio me dijo que no me iba a poder escuchar si no le compraba otro transistor. Los tres que tiene están ocupados con otras historias. Ahora nos tenemos que hacer un hueco para contar la nuestra. Arrancamos.