lunes, 19 de enero de 2015

Nos acordaremos de este día

Nos acordaremos de este día ( El Periódico de Aragón - 17/01/2015 )

Días de palabras a borbotones. El límite de mi libertad es la libertad del otro, no sus creencias. El respeto no puede ser un arma. Las causas. El fanatismo encuentra abono en la vulnerabilidad de los excluidos. Vale, pero el odio no se hace una casa en los cuerpos de todas las personas que pasan penurias. Falta de vigilancia a lo que entra de afuera. Los que dispararon eran de adentro. No importa. Para combatir el mal, el mal tiene que ser otro y no uno mismo.

SI SOLO me quedaran un puñado de palabras por gastar antes de morir, haría un chiste. Pero. El pero de una frase siempre suena al aguafiestas que te recuerda que mañana madrugas cuando tú ya estabas haciendo hueco en primera línea de noche. Se lo estaban buscando. Violencia es entender que el humor es una provocación y no una manera de masticar lo que sucede para poder digerirlo. Los límites. Como los cuadernos del colegio. Tenían un margen para avisarnos de que siempre nos encontraríamos con una línea que no podríamos traspasar. Ya se encarga el poder de dibujar las lindes de lo que no nos pertenece como para dejar que se apropie de lo que nos hace reír. ¿A ti te gusta el humor que hacen en la revista? Eso es lo de menos para defender su derecho a hacerlo. Je suis Charlie. ¿Sabes cómo se llaman las últimas mujeres a las que ha asesinado un terrorista machista? No sé sus nombres, je ne suis pas ellas. Ni je ne suis pas las niñas nigerianas ni los muertos en Siria. Tú suis demagogo. Sufro por todo lo que nos pasa aunque me pueda zarandear de distinta manera. ¿No nos condicionan demasiado los medios? Parece que haya que lamentar más lo que se señala con más fuerza. A ver si vamos a tener que pedir disculpas porque algo te impresione hasta el llanto. "El género humano no puede soportar tanta realidad". Lo dijo T.S. Eliot en sus Cuatro Cuartetos. Podemos estar tranquilas, tenemos a nuestros líderes haciendo cruceta con sus brazos para marcar una frontera entre ellos y nuestras vidas. ¿Tener arcadas al verlos es terrorismo de Estado? Suenan los gritos por la libertad de expresión como si fueran un sonajero que nos acuna para que durmamos en el sueño de lo irreal. Y, mientras, la Audiencia Provincial imputa a un humorista por un sketch. Así somos en España, de soliviantarnos por los enfants de la patrie cuando los derechos los pedimos para los de fuera de casa. Es lo que tiene la confianza, que hace que nos importe menos dejar la puerta del baño abierta. Todo huele fatal. "Nos acordaremos de este día", me decía una amiga mientras agarraba su taza para calentarse el cuerpo y el ánimo. Nos acordaremos por lo que va a pasar. Islamofobia y represión. El riesgo de atentado es la excusa perfecta para seguir adelgazando derechos y libertades. Las excusas son como el culo, todos tenemos uno. La actualidad te da un puñetazo y no puedes dejar de escribir porque no puedes dejar de sentir. Aunque lo que te salga sea otro prescindible artículo sobre el tema que nos ha dominado las horas en estos últimos días. Tout est pardonné.

jueves, 8 de enero de 2015

Conciencia de clase

Conciencia de clase ( El Periódico de Aragón - 03/01/2015 )

La primera vez que yo escuché el término conciencia de clase lo entendí como coincidencia de clase y me pareció que mi error tenía mucho más sentido. Lo tenía porque el alumnado que coincidíamos en una misma clase desarrollábamos una especie de conciencia de pertenencia a ese grupo. Dentro de clase cada cual tenía sus adherencias y sus manías pero, fuera del aula, la clase era una masa. Los del A frente a los del B. "Con ellos sé de dónde vengo y adónde voy". "Con el resto, por mucho oficio que tengan en la vida y sus costumbres, no atacaría Troya, no la defendería".

Tú no eras tú sin la clase que te explicaba. Pertenecías a la gente con la que compartías pizarra, asiento, broncas y exámenes. Los otros, el resto, eran los de la otra clase. Parece que las nuevas formas de hacer política rehuyen hablar de conciencia de clase. Se ponen otros nombres a los nombres por si los votos se asustan con algunas palabras. No recuerdo el primer momento en el que escuché hablar de Marx pero imagino que lo confundiría con una película en blanco y negro. Porque yo llegué al marxismo antes por los hermanos Marx que por otra cosa. Igual que llegué a la izquierda por la poesía que cantaba Paco Ibáñez antes que por leer El capital.

Recordar es "ese misterio comprensible que habla de nosotros abriendo sentidos diferentes al que vamos". Marx distinguía entre "clase en sí" y "clase para sí". Decía que la dominación del capital creaba una masa con unos intereses comunes, una clase en sí. Esta clase se convertía en "para sí" si tomaba conciencia de lo que la distinguía de otras clases. Conciencia: "Una historia que recuerdas como quien se gana la vida y prefiere no perderla". No están los tiempos como para olvidar de dónde venimos. ¿Cómo no vamos a tener conciencia de clase si somos hijas criadas con calefacción central y ahora estamos pagando nuestra independencia con cuerpos fríos? El calor del hogar se queda en recurso publicitario. "Comenzó la muerte de lo que habíamos sido un día cualquiera de lo que no sé".

Bueno, pero hablar de lucha de clases es poco cool en un lugar donde la palabra del año es selfi. Así vivimos, mirándonos en una pantalla que dejamos que sea la que nos retrate. El ego y la cuestión social vale como nombre para una cafetería moderna. "Uno se afilia a quien le enseña dónde abunda el peligro". No me hace falta tener hepatitis C para que me duela la desesperación de unos enfermos a los que se les está privando de una medicación que podría curarles. Conciencia de clase, el nuevo libro de poemas de David Mayor. Necesitaba entrar en un texto como quien se tira de cabeza sin saber si va a golpearse contra el suelo pero deseando disfrutar del baño. Necesitaba salirme del libro y que lo leído me siguiera dibujando cenefas por dentro. "Nadie desconfía de quien parece que va a algún sitio". Yo voy contigo, David.

Nota: Todas las comillas son del libro Conciencia de clase de David Mayor.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Quiero todo esto

Quiero todo esto ( El Periódico de Aragón - 20/12/2014 )

Quiero casas de las que no nos echen y calefacciones que podamos pagar. Quiero que lo público gane. Quiero poder comprar berberechos siempre. Quiero que desaparezcan los purés de las cartas de los restaurantes. Quiero olvidarme de la sensación de no llegar a todo. Quiero un país en el que no se consienta el hambre. Quiero aprender muchas cosas. Quiero que se gobierne para que nos duela menos lo que nos falta. Quiero leerme sin evitarme la mirada. Quiero no tener que justificarme. Quiero que sea prioritario acabar con la violencia. Quiero mujeres libres y que no sean maltratadas o asesinadas por intentar serlo. Quiero que la gente a la que quiero lo note. Quiero que mi abuelo se siga afeitando para que yo le bese. Quiero que se vayan los que nos han traído hasta aquí. Quiero que no nos transformemos en ellos cuando estemos en su sitio. Quiero ser pequeña para que mi hermana me dé clase. Quiero que al neoliberalismo le salgan heridas que le escuezan. Quiero que inventemos historias y que no falte nuestra voz cuando se trate de contarnos. Quiero radio y libros y abrazos. Quiero comer secretos y que nos prestemos mentiras. Quiero una valla que recubra la casa del ministro de Interior. Quiero que nos independicemos de este gobierno. Quiero muchas primeras veces. Quiero tener a alguien que me haga una tortilla cuando yo esté enferma. Quiero que recubran las aceras con el suelo blando de los parques. Quiero tiempo. Quiero que la ilusión sea fuerte y no se desmorone. Quiero que nos quejemos sin que nos multen. Quiero que alguien meta por mí el edredón en su funda. Quiero viajar. Quiero ciudades de tiendas pequeñas, plazas habitadas y calles que no nos expulsen. Quiero que nos salgan bien los planes. Quiero no tener que actualizar algo todo el rato. Quiero que conservemos los recuerdos. Quiero que los desayunos duren más rato. Quiero que nos siga sin cansar la mortadela. Quiero que las penas sean muy pequeñas al lado de las alegrías. Quiero muchos dolores de tripa si son por reírme. Quiero que lo que venga no nos espante. Quiero disfrutar del roce. Quiero conversaciones. Quiero poder dedicarme más a mis amistades. Quiero que no cierren hospitales ni colegios. Quiero que no nos estafen. Quiero que mis padres puedan vivir tranquilos. Quiero croquetas. Quiero romper certezas a machetazos. Quiero contradecirme. Quiero deleitarme. Quiero igualdad. Quiero revoluciones en las que se baile. Quiero que los sustos solo sean los que doy yo cuando me escondo. Quiero que leamos más. Quiero saber cantar bien. Quiero que a los cínicos les golpeen sus palabras. Quiero que mi novela se publique. Quiero que la decepción se coja una excedencia. Quiero que el dinero no reine. Quiero República. Quiero bibliotecas y librerías que no cierren. Quiero conflictos sin armas. Quiero que se puedan curar cada vez más enfermedades. Quiero que el cierzo respete mi flequillo. Quiero que lo que se estropee no nos rompa.

Quiero que el año nuevo nos llegue lleno de nuestros quieros. Quiero todo esto.

lunes, 8 de diciembre de 2014

No saber dibujar la perspectiva

No saber dibujar la perspectiva ( El Periódico de Aragón - 06/12/2014 )

Cierra la empresa que fabricaba las figuras flamencas que durante décadas han sido el souvenir typical spanish. No han resistido los embistes de la crisis, de la competencia china y de los televisores de plasma. Mi viaje de estudios de 8° de EGB fue a Andalucía y me traje de recuerdo una de esas bailaoras flamencas. Era fea, la más fea de todas, también la más barata. Reinó en el salón de mis padres hasta que me independicé y mi madre consiguió deshacerse de ella cediéndola para mi colección de objetos de la memoria. Guardo todo lo que me cuenta algo de lo que soy. A veces también falseo el relato. Trato de reconstruir hechos y algunos se me han perdido así que tengo que fabular trozos del trayecto porque quiero llegar al recuerdo y no sé cómo se va. Me gustaría tener más tiempo por detrás para que me pudieran caber más cosas en lo que he vivido. Hay que mirar hacia delante pero ahora hace mucho frío así que andamos sacando chepa y sin levantar la vista del suelo. Y ellos, que nos ven desde la distancia, aprovechan que la amplitud de miras la tenemos en las baldosas rotas para zarandearnos constantemente con noticias y que no podamos ni pararnos a pensar. Siento que nos meten los mensajes a empujones, como si la actualidad fuera ese tipo que se encarga de presionar a otros para que todos quepan en los vagones del metro de Tokio. Y de esta manera conservamos la información en nuestra cabeza, apiñada. Además, a mí me hicieron tipo loft por dentro, no tengo muros que separen unas cosas de otras y por eso lo mezclo siempre todo. Al año que viene hay elecciones y esto que me pica por todo el cuerpo debe de ser la zozobra. Los pájaros revolotean cuando huelen la tormenta y nosotras ya vivimos con las nubes negras dentro de casa. Las manchas en la piel antes eran erupciones y ahora se llaman corrupciones, es lo malo de tener las tertulias políticas todo el rato encima de ti. "La especie humana no puede soportar tanta realidad", decía T.S. Elliot en sus Cuatro cuartetos. Lo que a nosotros nos pasa se llama obsolescencia programada. No es que seamos escépticos, es que nos han hecho cansados. Somos seres analógicos y nos gastamos. Se trata de cambiar las cosas pero parece que vivimos un tiempo que tiene agotadas todas las teorías. Hay que verlo todo con perspectiva pero yo no tengo. En el instituto era mi padre el que hacía los trabajos de dibujo técnico. Saqué un sobresaliente en perspectiva pero no era mía. Cuando no tienes habilidad lo que se te da bien es inventar. Perspectiva. Los espacios que de niño eran grandes se hacen pequeños cuando tú te haces mayor. Será por eso que esta vida nos aprieta. Suena en bucle la versión que María Rodés ha hecho de "Mi pobre patria" de Franco Battiato: "Esperemos que el mundo vuelva a cotas más normales, que pueda contemplar con calma el cielo/ que no se hable más se hable de dictaduras, quizá tendremos que seguir tirando/ mientras la primavera tarda aún en llegar."

lunes, 24 de noviembre de 2014

Olfato y tiburones

Olfato y tiburones ( El Periódico de Aragón - 22/11/2014 )


Quien te quiere te regala palabras. Eva Cosculluela ve una frase y se la guarda para traérmela al día siguiente: "Los tiburones dedican un 14% de su cerebro exclusivamente al olfato. Pensé que te gustaría saberlo". Hay gente que colecciona dedales, imanes, plumas o dispensadores de los caramelos PEZ. Yo recopilo palabras, listas y microdatos absurdos. Mi madre intentó que coleccionara monedas. Me las regalaba y yo procuraba recibirlas con entusiasmo pero las acababa abandonando en algún cajón. La que es de familia pobre se le da muy mal coleccionar dinero. Eva me trae la frase y yo me recreo en el regalo. Los tiburones dedican una parte importante de su cabeza sólo a oler. Los humanos tenemos el sentido del olfato menos desarrollado. Sólo olemos la porquería cuando estamos en ella. Si fuésemos tiburones habríamos podido devorar a nuestros agresores o huir hace ya tiempo. Pero no tenemos esa astucia en la nariz ni tanta fuerza en los colmillos. Sin embargo, los humanos distinguimos entre más de diez mil aromas diferentes. Se cree que existen siete tipos de células olfatorias, cada una de las cuales sólo es capaz de detectar un tipo de moléculas: alcanforadas, amizcladas, florales, mentoladas, etéreas, picantes y pútridas.

LOS TIBURONES están perdiendo olfato por el aumento de los niveles de dióxido de carbono. Cuánto me conoce Eva y cómo me quiere, qué regalazo. Yo soy muy de disfrutar con lo que me obsequian y me amarro a las letras para que me den sentido, el del olfato y los otros. "Repli sur soi", repliegue sobre uno mismo, así le llaman los franceses al ensimismamiento. Y así creo que ha funcionado mucha de la política que se ha desarrollado en este país. Se ha intentado ser política en lugar de hacerla. No se es política sino que se hace política de la misma manera que se hace un bizcocho y no se es un bizcocho. Me creo que una palabra me pertenece y me voy con ella de viaje a Canarias, como sacando a la política de paseo. Está todo pagado, ¿no ves que la política soy yo? Hay quien se apunta a una web de citas y otros van al Senado. Las ruedas de prensa no tienen preguntas y los discursos se leen con el fin de la cita incluido porque a los alegatos huecos no les sobra nada, sólo les falta todo. Modelar la vida para que cambie el centro incluye que se vuelva la mirada a las palabras después de años de expolio. Corrupción también ha sido que se apropiaran del lenguaje. Devolvednos la política y quedaos con las explicaciones. Vuestra lengua es la de las cáscaras, vacía y vana. Gritos que devuelven el eco sin réplicas ni nada nuevo. Vayamos a las barricadas del verbo. La librería Los portadores de sueños cumple 10 años y yo estoy con ellos para celebrarlo. De vez en cuando hay alguna alegría que te pilla en tu turno y no en las listas de espera. En la librería hay palabras como para comer de restos toda una vida. Félix y Eva las recopilan para que vayamos a buscarlas. ¿Cómo podría querer o insultar si no están ellos guardándome el habla? Pensé que os gustaría saberlo.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Preferiría no hacerlo.



Hace una semana estábamos con los nervios en los tímpanos. Al día siguiente estrenábamos PREFERIRÍA NO HACERLO, el programa con el que Sergio del Molino y yo pensamos ocupar por un rato los micros de Aragón Radio. Pensamos que podía ser buena idea contar por escrito qué significa para nosotros tener un hueco en la radio para hablar de libros. Así que yo escribí el texto que ahora pongo aquí, un poco más abajo. Mañana estaremos en antena para hacer nuestro segundo programa. Y esperamos que nos podáis acompañar a lo largo de muchos lunes. Y si no, hemos hecho un blog donde pondremos los enlaces a los podcast del programa: http://preferirianohacerlo.org. Preferimos que nos sigáis. Y que os guste hacerlo.

Ocupar los transistores.

Mi primer recuerdo de la radio está sujeto a antes de nacer. Mi madre estaba embarazada de mí en la noche de los transistores, aquel 23F en el que los cuerpos temblaban de miedo. Mis padres bajaron las persianas y se quedaron a oscuras. Se agarraron a una radio con la confianza de que les dijera que los tanques no salían a la calle. A mí me asustó mucho este mundo y nací un mes más tarde de lo previsto. Ya en vida, mi segundo primer recuerdo de la radio es una frase que me decía mi abuelo: “Tú sola ya eres como un transistor, no callas.” Mi abuelo es el mayor contador de historias que conozco. A mí me encantaba irme con él a dar paseos y que me fuera contando lo que pasó por las calles antes de que lo que pasara fuéramos nosotros. Yo le preguntaba y le preguntaba y le hacía que me repitiera una vez y otra y luego otra los relatos que ya me había contado entonces y antes de entonces. Un día en el colegio nos preguntaron acerca de nuestro personaje favorito de la historia y yo dije que era mi abuelo porque él era todas las historias. También querían saber cuál era nuestro juguete preferido y yo dije la radio de mi madre. La radio que era como la que tenía mi abuelo siempre en la mesa, a su lado. En aquel momento yo vivía en Madrid y mi abuelo en Zaragoza. Y a mí me gustaba escuchar la radio que era igual que la suya porque así los dos escuchábamos lo mismo al mismo tiempo. De la radio salían historias y yo pensaba que mi abuelo las cogía todas como se coge al autobús cuando lo pillas antes de irse de la parada. Hay sonidos que te hacen persona y construyen la banda sonora de tu vida. El silbido de mi madre, las llaves contra el pomo que anuncian llegadas, el choque del tenedor contra el plato que te acuna en ese ruido recordatorio de que alguien te está cuidando, el café saliendo, los pasos de los que te quieren, los ritos cotidianos, la tiza en la pizarra, las alarmas, la radio. El sonido que escuchaba mientras me dormía era la radio de mis padres y lo primero que escuchaba al despertarme era esa misma radio que mis padres tenían puesta para comenzar el día. Los transistores de casa de mis padres, como los de mi abuelo, siempre han sido analógicos porque la vida también lo es. La vida no está hecha de ceros y unos hasta el infinito. La vida se cansa, se gasta y se muere. Mi madre me regaló un transistor como el que tenía ella y como el que tenía mi abuelo. Se sintoniza con una ruleta que mueves en donde pone tuning. Porque las radios son analógicas pero todas hablan inglés. Cuando estaba en Madrid mis compañeros de clase me elegían para que fuera yo la que leyera porque decían que no tenía acento de allí. Cuando vine a Zaragoza me escogían para leer los textos porque decían que no tenía acento de aquí. Tengo una voz apátrida, pensaba yo. Tienes una voz radiofónica, me dijo una vez una profesora de música para intentar evitar mi frustración por haberme dicho que no tengo oído para poder cantar. Y además aguanto la respiración un minuto. Eso siempre me puede venir bien por si tengo que contar algo urgente y no puedo coger aire. En el instituto hicimos un trabajo sobre medios de comunicación y yo lo realicé sobre La Pirenaica, Radio España Independiente. Mi abuelo y yo grabamos un programa en el que yo le entrevistaba y él me iba contando cómo eran los tiempos en los que por sintonizar una emisora ya te ponías en peligro. Seguí escuchando la radio mientras me salía acné, iba a ligar a los bares, se me iba el acné, empecé a trabajar y me independicé. De adulta me he acercado al micrófono a contar historias en las que estaba metida o a participar en tertulias para comentar las historias de otros. Hace unos meses, en una comida con amigos, Sergio del Molino y yo hablábamos de lo que nos gustaba la radio. Disfrutábamos al escucharla y cuando nos tocaba hablar desde el estudio. A mí me encantaría hacer mi propio programa de radio. A mí también. ¿Preparamos algo juntos? Teníamos una morcilla como testigo así que nos la comimos. El Preferiría no hacerlo podría haberse quedado en ese día y en esa conversación pero nos empujaron unas ondas muy poderosas. Queríamos hacerlo. Cogimos la ilusión y diseñamos un programa literario que llevamos a Aragón Radio y de ahí a hoy han pasado unos meses, muchas reuniones, bastantes horas de preparación, unos cuantos desayunos y alguna cerveza y por fin, hoy, estrenamos nuestro programa, Preferiría no hacerlo. En él unimos dos cosas que a los dos nos apasionan: la radio y los libros. Ahora no soy como un transistor sino que me he metido dentro y lo hago, además, en la mejor de las compañías. Sergio es alguien a quien aprecio y admiro y me siento muy afortunada de que dirija el programa conmigo a su lado. Seguro que lo pasamos bien y deseamos que eso se note y se comparta por toda la audiencia que nos escuche.
A mi abuelo le ha hecho mucha ilusión que yo vaya a estar un programa de radio aunque, si quiero que lo escuche, le tengo que comprar un transistor. Él ya tiene tres en casa. Uno en su habitación, otro en el salón y un tercero que lleva consigo al baño y a la cocina. Los tres tienen sintonizada otra emisora. Cuando le dije que yo iba a estar en Aragón Radio me dijo que no me iba a poder escuchar si no le compraba otro transistor. Los tres que tiene están ocupados con otras historias. Ahora nos tenemos que hacer un hueco para contar la nuestra. Arrancamos.



domingo, 9 de noviembre de 2014

Lágrimas y piedras



Una fotógrafa americana ha descubierto que, vistas en el microscopio, no todas las lágrimas son iguales. Hay tres modelos: las que lubricamos para que no se nos sequen los ojos, las de reflejo, que se producen como respuesta a un estímulo, y las psíquicas, desencadenadas por las emociones. El tipo de lágrima hace que la composición molecular sea distinta, la sal cristaliza y da lugar a diferentes estructuras. Llorar de risa no es igual que llorar por pelar una cebolla o llorar por dolor.

Leo esto mientras me encuentro con que se cumplen 25 años de la caída del Muro de Berlín. Mi primer recuerdo es el de la gente llorando entre las piedras. Cuando lo derribaron yo era lo suficientemente pequeña como para no saber qué era el comunismo ni si yo era o no comunista. Sin embargo sí sabía que yo era más de Paco Ibáñez que de Parchís, más de Epi que de Blas, más del Frigo dedo que del Frigo pie y más de la tortilla de patatas con cebolla que sin ella. Era muy de la película No me chilles que no te veo y muy poco de ET, que siempre me dio grima. Porque la vida se aprende a golpe de contrarios. De lo que eres parte y de lo que te expulsa.

Me acuerdo de ir con mi padre a por la prensa un domingo y pedirle que me comprara Interviú porque regalaban un trozo del muro. Me empeñé en que lo quería pero mi padre no me compró la revista. No creía que esa piedra fuera de verdad berlinesa y, además, no entendía para qué. El capitalismo me dejaba comprar un jirón del comunismo roto y yo quería guardarlo como se guardan las formas, dentro de mí para conservar el aroma. Pero esto no se lo supe decir a mi padre. Yo solo veía que en el telediario salía el muro hecho pedazos y gente que lloraba y se abrazaba después de años sin verse. Imagino que yo quería contagiarme de su entusiasmo. Necesitaba creer en algo. En ese entonces y en nuestro ahora.

Todavía no se pueden coleccionar los pedazos de estos tiempos púnicos, llenos de mala fe y alevosía. Cuando se pongan a la venta en los quioscos, los que estaremos en el desguace ya seremos nosotros. Tenemos las desconfianzas esparcidas por toda la casa. En nuestro desorden no se nos pierden billetes ni cuentas en Suiza. Sí que tenemos facturas que podríamos quemar para calentarnos. Nos sale muy caro el invierno. ¿Cómo haremos para creer cuando lleguen otros si los que están nos han gastado hasta los credos? Nos han robado el dinero, los derechos y el entusiasmo. "Como hay quien trabaja por tedio, escribo, a veces, por no tener qué decir. En el devaneo en que se pierde con naturalidad quien no piensa, yo me pierdo por escrito, porque sé soñar en prosa. Y hay mucho sentimiento sincero, mucha emoción legítima que obtengo de no estar sintiendo". Lo dice Fernando Pessoa en su Libro del desasosiego. Rajoy pide perdón por la corrupción leyendo un papel porque si no, no le sale. Me duele el cabreo de tan afilado que lo tengo. Lloro. En todos los modelos de lágrimas.

domingo, 26 de octubre de 2014

Rellenarnos de ellos

Rellenarnos de ellos ( El Periódico de Aragón - 25/10/2014 )

Actuar y meterse en la interpretación como te sumerges en el agua cuando la sientes fría y estás haciendo la digestión. Poco a poco. Los pies, las piernas, la tripa, el pecho, los brazos, la nuca y la cabeza. El cuerpo va notando que la mentira lo cubre un poco más a cada paso y cuando quieres salir, ya estás mojado. Además has aprendido a nadar siendo otro. Ser nosotros no es suficiente. Inventamos tantas necesidades que incluso a nuestro tránsito intestinal le salen aduanas. Ser más, ser mejor, ser distinto. No queremos ser quienes somos y quizás por eso nos vamos deshaciendo a golpe de autofoto. Nos enseñamos en las redes para no tener que mirarnos. Como el pequeño Nicolás, que estos días ha sido acusado de estafa y usurpación de identidad. Se creó un yo diferente para poder tratar de tú a tú a los dueños del dinero. Quería jugar el partido con los propietarios de la liga. Para bucear en el capital hace falta branquias. Cuando no las tienes, las dibujas. Uno se introduce en los negocios dominando el arte del atrezo porque el éxito no se hace sin decorado. El impostor se tiene que vaciar de sí mismo para rellenarse de otros. Te llevas los zarrios de tu organismo al trastero y pones en el escenario la gomina, el estilo de vida y el jersey de cuello de pico y te conviertes en uno de los suyos. Hasta que te pillan. El fraude se disimula mejor cuando se aprende ya desde la cuna. "Estarás hueco. Te vaciaremos y te rellenaremos de... nosotros". Esto escribe Orwell en su novela 1984. Apple y Facebook pagarán los procesos de congelación de óvulos para que sus empleadas puedan retrasar su maternidad y esta no colisione con su carrera profesional. Lo que nos faltaba, el mercado laboral se cuela en nuestros úteros para dirigirnos el tráfico. Las empresas decidirán cuándo podemos ser madres. Invadirán nuestros cuerpos para rellenarlos de su esencia. Nos piensan como recipientes huecos en los que pueden instalarse para devorarnos desde dentro. La resistencia es una bacteria rumiante que muerde a los invasores cuando nos ocupan no para que imaginemos otros posibles sino para imponernos sus entrañas. Intento quedar conmigo un rato y me escondo en el libro Cómo aprendí a leer de Agnes Desarthe. La autora escribe sobre la lectura: "para mí lo que predominaba era la impresión de invasión, de una anexión de mi interioridad, de una colonización de mis sentimientos. Me sentía poseída. El escritor me imponía su visión y yo quedaba prisionera de ella". Yo así sí me dejo capturar. Leer no me desentiende de mí sino que me hace descender a los túneles propios. Me coloniza otra mirada que me cuestiona la mía y me remueve mis adentros para que note en qué lugar tengo los vacíos. Las historias de otros nos empujan a acercarnos a nosotros mismos. Querer ser yo para no ser una réplica. Leo para que no me rellenen con su ellos. Y bebo bastante agua para ahogar las posibilidades de que tengan sitio en alguno de mis recovecos.

domingo, 19 de octubre de 2014

Células de posición y centinelas

Células de posición y centinelas ( El Periódico de Aragón - 11/10/2014 )

Sabemos dónde estamos y somos capaces de encontrar el camino de un sitio a otro. Tenemos un GPS interno. Nuestro cerebro crea un atlas del espacio que nos rodea y podemos navegar a través de un entorno complejo. Tenemos unas células de posicionamiento que son como los avisos de los planos. Un usted está aquí de los adentros. Nuestro cuerpo se geolocaliza sin satélites. También tenemos unas células cuadrícula que generan un sistema de coordenadas para permitirnos la búsqueda de caminos. Yo con las cuadrículas hacía crucigramas, quizás por eso no me oriento y cometo errores en mis desplazamientos. Llegamos a los lugares almacenando información para cosernos un mapa. El Nobel de Medicina de este año es para tres personas que han investigado estas células que constituyen un sistema de posicionamiento en el cerebro. Ubicarnos y saber marchar para que no perdamos la cabeza. Tenemos tierra suficiente para muchos lugares pero a ras de suelo no se ve nuestro puesto. Todo es confuso si no levantamos la vista. Pero mirar marea y hace mucho calor en octubre. Mi padre me dice que el porcentaje de honradez en este país es 4,65. Cuatro personas de ochenta y seis. Las cuatro que no utilizaron una de esas tarjetas frente a las ochenta y seis que dispusieron del dinero como si estuvieran empapelando con billetes su poca vergüenza. Extensa y árida. No se puede ir a ninguna parte si los que mandan nos saquean los pasos. Perderemos el norte si nos dirigen brújulas con la flecha señalando su ombligo. La presidenta del Círculo de Empresarios dice que no quiere contratar a una mujer en edad fértil porque embarazarse es un problema. Es mucho mejor una huelga de úteros y que las mujeres no fabriquemos empleados para esa señora y para todos los de su especie. ¿Cómo hemos dejado que se atrofiaran tanto las cartografías que se nos dibuja? Yo me hago mi itinerario con la distancia que me separa de ciertas opiniones. Tenemos células de posición y de cuadrícula pero no sé si nos hemos quedado sin neuronas centinelas. Las que nos podían avisar de que el mal estaba cerca y teníamos que avanzar redirigiendo la ruta. Ahora el mal está en todas partes y nos movemos torpes, sin saber dónde podremos coger la última bocanada de aire. Y los sensores no saltan y los virus se nos cuelan por las rendijas gruesas de los recortes. En la mili que hizo mi abuelo muchos de los centinelas que se quedaban guardando la frontera acababan huyendo. Es muy complicado estar alerta si se nos escapan los sistemas de alarma. No se vigila la entrada desde lo más profundo del cuarto oscuro. Localizarnos y saber llegar. Ahora se hacen más cesáreas que nunca porque nos resistimos a nacer. Desde un tranvía lleno de peñistas es muy complicado sentirse de alguna parte y pensar que te sabrás situar. Mis células callejeras están fuera de cobertura. Devolvedme mi ciudad, pilares. La próxima vez que nos quiera invadir Francia, dejadle que pase.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Tengo miedo

Tengo miedo ( El Periódico de Aragón - 27/09/2014 )


Que no podremos derrotar virus aprendiendo a empujarlos más allá del umbral de error. La teoría del cisne negro y el hecho de que seguimos dependiendo de modelos que, se ha demostrado, son fraudulentos. Que la pseudociencia siga ganando terreno. Sucesos apocalípticos. Que las personas inteligentes no hagan política. Que habrá otra crisis financiera de proporciones épicas. Que ciertas palabras seguirán siendo tabú. Que las tecnologías digitales están acabando con nuestra paciencia y cambiando nuestra percepción del tiempo. Que se acabe la financiación de grandes experimentos. La catarsis es una alegría que trasciende... ¿puedes repetir la pregunta? Que dejemos de morir. La lucha entre ingenieros y druidas. La escasez de agua. Que estamos inarticuladamente perdidos en la Modernidad. Que tanta información y los nuevos medios implicarán el fin de los hechos. Que la separación entre las noticias y el entendimiento sea cada vez mayor. Que nos volveremos irracionalmente impacientes con la ciencia. Que la idiocracia nos amenace. Que la especie humana pierda el deseo de sobrevivir. El exceso de testosterona producido por una brecha sexual en China. Una amnesia colectiva. Que no entendamos la dinámica de la cultura global emergente. Deberíamos preocuparnos por perder el deseo como eje para la reproducción de nuestra especie. La muerte natural. La geografía poshumana que existirá cuando los robots se hayan adueñado de todos nuestros trabajos. Que en una o dos generaciones, los niños se convertirán en adultos que no podrán distinguir entre lo real y lo imaginario. El bajo índice de sospecha que tenemos de los comportamientos normales. La paradoja del progreso material. Que seremos como ratas atrapadas en una trampa de mármol azul. Que empecemos a tratar la tecnología como magia. El auge de la inestabilidad genómica. Que las autoridades y compañías puedan leer la mente de las personas. Que nos preocupemos demasiado. Que internet está arruinando la escritura. Que internet termine beneficiando a las estructuras actuales de poder y no a la sociedad en general. Que no tendremos un Plan B cuando internet se caiga. Que no podremos vivir sin internet. Que el cerebro no pueda concebir nuestros más graves problemas. Que como consecuencia del cambio climático, la escasez de recursos, los drones, y otras razones no anticipadas, estalle una gran guerra. La estupidez. Ya dejé de preocuparme por el problema del libre albedrío, porque nunca quedará resuelto. Que no podamos identificar la "buena vida". Hombres. Que estamos cada vez más inmersos en sistemas incompetentes que exhiben un comportamiento patológico pero que no se pueden arreglar. La arrogancia absoluta de la humanidad. Que no entendamos los fenómenos cuánticos. Extinción de la diversidad cultural. Estrés. Demasiado acoplamiento. Que no podremos entenderlo todo.

Nota: Resumen, a mi aire, del artículo Las 150 cosas a las que le tienen miedo las personas más inteligentes del mundo, basado en el especial de la revista Edge What should we be worried about?