Un planeta irrompible ( El Periódico de Aragón - 26/04/2014 )
La historia sucede a retales que se superponen uno encima de otro, de tal forma que en un mismo trozo de patria hay varias capas de sucesos. Como si lo que ha pasado en nuestros lugares fuera una tarta de hojaldre o una torre de libros apilados, vemos la superficie de arriba pero no el relleno. Así, las tradiciones que se han ido poniendo en la parte superior son las que se quedan como pedazos de nuestra historia. Lo de menos es que en otros momentos la costumbre fuera la contraria. Lo importante es agarrarse bien fuerte a un jirón dominante del relato para pertenecer a algo. A mí nuestro pasado no me representa pero es muy jodido sentirse afrancesada en Torrero. ¿Cuántos años hacen falta para que una tradición se vuelva incuestionable? De siempre he tenido una oreja con una pequeña dentellada. De cría mi madre me bromeaba diciendo que era porque a mí me recogieron de un contenedor de basura y una rata me había mordido. Durante una temporada de esa travesía a la que se le llama niñez me dio por pensar que yo era adoptada. Sentía que era la llave de un cuarto cerrado en el que mis padres habían almacenado sus secretos, así que dediqué todas mis energías a derribar puertas. De la misma manera que me escondía en un rincón oculto imposible de encontrar para luego gritar ¡estoy aquí!, también aprendí a cobijarme en mis silencios voceras, ¡déjame sola que me estoy contando un secreto! Era una táctica para trocear el misterio y repartirlo en miguicas. Mi madre se hartó de que le fueran con la fantasía de mi adopción y me dijo que si yo fuera adoptada, me habrían devuelto. Ese argumento me pareció contundente para dejar de pensar que la biología me hacía pertenecer a otra parte. Los secretos son los cromos de nuestra infancia, los intercambiamos para construir con ellos los cimientos de la vida en común. Dice Ignacio Martínez de Pisón en su última novela "todo secreto genera nuevos secretos". Se dice guardar el secreto como si el cuerpo fuera una consigna en la que abandonar un huevo. Ha aparecido un nuevo planeta habitable similar a la Tierra, Kepler-186f. Lo podemos edificar a base de todo lo que una persona no se cuestiona: tradiciones y secretos. Tenemos mucho material. Es inflamable pero resistente. Aguanta reuniones familiares, promesas electorales, mezquindades, dictámenes de jurados de premios literarios, eufemismos, relaciones de pareja y cuotas de audiencia de las frivolidades que nunca se ven en esta casa. Las tradiciones y los secretos están para ser demolidos, no para construir planetas. Ejem. Prueba a resistirte con todo todo tu cuerpo ateo a la Mona de Pascua de mi pueblo. Igual de fuerte que el picor de las ortigas, el aroma a aceite de las almazaras y el abrazo de mi madre. Desisto de impugnar la tradición y me relamo en esos amarres cantando La Bien Querida,"Y luego me he ido/ y me han venido de golpe/ las cosas que te hubiera dicho/ las cosas que nunca te digo/ porque siempre me pasa lo mismo".
Palabrista. Cazagamusinos a tiempo completo. Catadora profesional de vinagrillos y encurtidos. Pisamierdas cum laude.
domingo, 27 de abril de 2014
martes, 22 de abril de 2014
Día del Libro
Que si es un acto de exaltación del capitalismo, que si ay del bocao que lo comercial le arrea a lo literario, que si la frivolidad, que si es mero negocio, que si simplemente lo que se homenajea es el consumismo, que si leer para qué, que si es un artificio de las grandes superficies, que a la lectura ni se la saca a pasear, que si mi dignidad lectora está por encima de un ruin evento mercantilista, que si es una excusa para lucir los egos de los autores, que si la industria del libro agoniza, que si la cultura es otra cosa, que si yo no me dejo engañar por las grandes editoriales, que si la crítica literaria es como un Facebook lleno de 'Me gusta' en el que no se puede llevar la contraria, que si los poetas malditos juegan al tú la llevas, que si la envidia, que si el desprecio, que si vivan las nuevas voces mientras sean sólo yo y mis amigos, que si a esta autora nueva que brota hay que abandonarla para que se agoste, que si no me gusta este autor aunque nunca lo he leído, que si el mercadeo ensucia mi espíritu lector... Pereza, enorme pereza me da todo esto, tanta que ni me ocupo a dar lecciones ni discursos. Mañana es el Día del Libro, que lo disfrute quien quiera sin la necesidad de "brasear" al personal. Yo estaré de librera, un trabajo del que estoy enamorada aunque mañana acabe el día con más cansancio que amor. Estaré, por tanto, disfrutando del día, de la literatura, de la escritura, de la lectura... del oficio. Y eso, para mí, es importante.
domingo, 13 de abril de 2014
La superstición de la paloma
La superstición de la paloma ( El Periódico de Aragón - 12/04/2014 )
La unidad mínima en la construcción de confianza es el discurso. A partir de esta molécula se puede edificar lo demás; relaciones, hospitales, mentiras, depuradoras, risas, libros, vacunas, croquetas. Una partícula pequeña de predicamento genera la energía suficiente para que la confianza se fije como argamasa y permita que el mundo se levante ahí encima. Por eso nos gusta tanto la figura del pregonero, necesitamos que alguien nos inocule confianza aunque sea para emborracharnos en las fiestas populares. Es una especie de venia. El otro día estuve escuchando a Enrique Vila-Matas que vino a presentar su última novela. Dijo muchas cosas interesantes y luego otra que es la que yo retuve. Un editor suyo quiso llevarle a ver uno de los lugares que más le fascinaban, la desembocadura del Duero. Intentó contagiar al escritor la pasión que él sentía por ese paraje. Allí mismo, mientras el editor iba narrando su adoración por ese sitio, Vila-Matas sucumbió a la belleza. Contó que realmente la bruma impedía que se viera nada pero que él se imaginó bellísimo ese paisaje. No importa que no tuviera la vista porque tenía el relato. Confió en el discurso de su amigo para dejarse llevar por lo sublime. Pienso en esto y también en la superstición de la paloma, un experimento clásico desarrollado por Skinner, psicólogo e investigador del conductismo. Se mete una paloma en una caja. Un temporizador acciona la apertura de un comedero pero la paloma creerá que lo activa ella con su comportamiento, así que repetirá el último gesto que estaba haciendo antes de que apareciera la comida. Por eso se le llamó supersticiosa. La respuesta realizada antes del refuerzo de la comida se ve reforzada por la recompensa. Y lo de menos es que este discurso fuera un acto de fe y que esté trazado con unas conexiones accidentales al azar. Las consecuencias favorables son suficientes para mantener una pauta aunque esta no tenga efectos sobre la suerte de los sujetos. Así pasa en el comportamiento humano. Se acepta lo falso con tal de creer en algo. Quizás por eso permitimos que nuestras plazas estén llenas de palomas, porque somos más de supercherías que de razones. El timo de la estampita está de moda, incluso fuera de la política. "El mundo estaba envuelto en gasa; veía la forma de las cosas pero no con suficiente claridad". Esto dice Chimamanda Ngozi Adichie en Americanah. Y ahí estoy yo, entre la caja de Skinner, la bruma de Vila-Matas y la gasa de Chimamanda. Hemos protestado por los recortes de derechos y servicios pero la vida seguía en los discursos que cada cual se construía para poder seguir confiando en vivir. Si unos se quedaban fuera de la sanidad, se unen fuerzas para asistirles pero si se cierran hospitales, ¿qué hacemos? Nos cercaron accesos e hicimos piquetes. En el experimento de ahora destruyen nuestros refugios directamente. La confianza es una neblina y el discurso de lo aprendido sólo me permite desgastarme moviendo inútilmente las alas.
La unidad mínima en la construcción de confianza es el discurso. A partir de esta molécula se puede edificar lo demás; relaciones, hospitales, mentiras, depuradoras, risas, libros, vacunas, croquetas. Una partícula pequeña de predicamento genera la energía suficiente para que la confianza se fije como argamasa y permita que el mundo se levante ahí encima. Por eso nos gusta tanto la figura del pregonero, necesitamos que alguien nos inocule confianza aunque sea para emborracharnos en las fiestas populares. Es una especie de venia. El otro día estuve escuchando a Enrique Vila-Matas que vino a presentar su última novela. Dijo muchas cosas interesantes y luego otra que es la que yo retuve. Un editor suyo quiso llevarle a ver uno de los lugares que más le fascinaban, la desembocadura del Duero. Intentó contagiar al escritor la pasión que él sentía por ese paraje. Allí mismo, mientras el editor iba narrando su adoración por ese sitio, Vila-Matas sucumbió a la belleza. Contó que realmente la bruma impedía que se viera nada pero que él se imaginó bellísimo ese paisaje. No importa que no tuviera la vista porque tenía el relato. Confió en el discurso de su amigo para dejarse llevar por lo sublime. Pienso en esto y también en la superstición de la paloma, un experimento clásico desarrollado por Skinner, psicólogo e investigador del conductismo. Se mete una paloma en una caja. Un temporizador acciona la apertura de un comedero pero la paloma creerá que lo activa ella con su comportamiento, así que repetirá el último gesto que estaba haciendo antes de que apareciera la comida. Por eso se le llamó supersticiosa. La respuesta realizada antes del refuerzo de la comida se ve reforzada por la recompensa. Y lo de menos es que este discurso fuera un acto de fe y que esté trazado con unas conexiones accidentales al azar. Las consecuencias favorables son suficientes para mantener una pauta aunque esta no tenga efectos sobre la suerte de los sujetos. Así pasa en el comportamiento humano. Se acepta lo falso con tal de creer en algo. Quizás por eso permitimos que nuestras plazas estén llenas de palomas, porque somos más de supercherías que de razones. El timo de la estampita está de moda, incluso fuera de la política. "El mundo estaba envuelto en gasa; veía la forma de las cosas pero no con suficiente claridad". Esto dice Chimamanda Ngozi Adichie en Americanah. Y ahí estoy yo, entre la caja de Skinner, la bruma de Vila-Matas y la gasa de Chimamanda. Hemos protestado por los recortes de derechos y servicios pero la vida seguía en los discursos que cada cual se construía para poder seguir confiando en vivir. Si unos se quedaban fuera de la sanidad, se unen fuerzas para asistirles pero si se cierran hospitales, ¿qué hacemos? Nos cercaron accesos e hicimos piquetes. En el experimento de ahora destruyen nuestros refugios directamente. La confianza es una neblina y el discurso de lo aprendido sólo me permite desgastarme moviendo inútilmente las alas.
viernes, 11 de abril de 2014
Taller 'Y contaron felices y leyeron perdices' en colonia Menudas Artes.
La próxima semana, durante los días 14, 15 y 16 de abril, tendrá lugar la colonia urbana Menudas Artes, una propuesta creativa y original para que los peques pasen sus vacaciones disfrutando de la creación musical, artística y literaria. Está organizada por IDEAS A MARES y servidora junto con Ana Quintana, estaremos a cargo del taller "Y contaron felices y leyeron perdices" en el que acabaremos creando un cuento con los asistentes.
La información completa de las colonias aquí: http://www.menudasartes.com
Agradezco mucho a Mercedes Ventura y María Jesús Serrano, las Ideas a Mares, su empeño por sacar adelante propuestas creativas y cuidadas, el cariño con el que tratan lo que hacen y la apuesta por contar con gente como yo. Gracias.
jueves, 10 de abril de 2014
Participación en la mesa "Experiencias para una ciudad emocional".
Esta tarde, a las 19 horas en Zaragoza Activa y dentro del programa de charlas-debate #ThinkZAC, participaré en una mesa para hablar de ciudades emocionales junto con Óscar M. Sarok (@sarok) y Nati Buil (@danzatrayectos). La información del evento aquí: http://www.zaragoza.es/zac/events/20491
Voy a estar con amigos a los que aprecio y admiro. Óscar ha investigado y trabajado mucho sobre el concepto de ciudad emocional y Nati practica la ciudad emocional con cada edición de Trayectos. Así que yo, que no sé tanto como ellos, sólo se me ha ocurrido hablar del tema a través de la literatura. Me serviré del libro de Javier Pérez Andújar, Paseos con mi madre para pasear con mi abuelo y narrar mi propia cartografía emocional. Aquí dejo el álbum en el que me basaré para hablar esta tarde.
Gracias a José Ramón Insa,@culturpunk, por invitarme a este rato de charrada.
domingo, 30 de marzo de 2014
La Transición, la mermelada y el perro.
La Transición, la mermelada y el perro ( El Periódico de Aragón - 29/03/2014 )
Al que no le guste esperar no podrá ser fotógrafo". Así comienza sus memorias Sebastião Salgado. Narra cómo consiguió acercarse a las tortugas gigantes de las Galápagos, sólo tuvo que convertirse en tortuga. No podía fotografiarlas sin que se alejaran así que se agachó, se puso a cuatro patas e imitó los movimientos de los animales. Tardó un día entero en acercarse a una tortuga y poder fotografiarla. Todo un día para demostrarle que la respetaba. Pienso esto cuando estoy viendo la exposición Bajo el puente de Judith Prat. Son unas fotografías molestas que nos enseñan cómo viven las personas que duermen en el mismo lugar que a Judith le sirve de título. Las imágenes nos muestran escenas de su vida cotidiana como asearse, comer, dormir o relacionarse. Y he dicho su y no la porque lo cotidiano es igual pero se vive distinto cuando al puente se le añade un su que lo acote. Qué puñetero es el lenguaje que hace que un pronombre posesivo sirva para cercar la nada. Las imágenes son sensibles y afiladas, te atrapan la mirada y luego te dan un puñetazo para recordarte las vergüenzas que permitimos que existan si no nos manchan el relato de lo que está sucediendo. Nadie mira a cámara porque Judith hizo como SebastiÒo, acercarse para que no se note que estás y entonces poder contarlo. Casi siempre el interés reside en hacer notar que se está y luego ya se inventa la historia que toque. Estos días he escuchado tantos "yo estaba allí" que mi cuerpo ha desarrollado intolerancia, como la que tengo a la lactosa, al te lo dije, a los perfumes densos y a la expresión huelga decir. Ha habido tal furor con los que asistieron al nacimiento de la democracia y la transición que si el "yo estaba allí" fuera así en todos los casos, el allí sería enorme. Pero es que nos gusta sentir que estamos en el momento en el que algo ocurre. Escribe en Google "sorpresa, sorpresa, Ricky Martin, mermelada, perro" y te vendrá el regusto de cómo para sentirse especial no hay más que inventarse el recuerdo. Yo tuve conversaciones con gente que me juraba que había visto lo que en realidad no había sucedido. Lo de que la verdad no te estropee una buena fotografía. Toca hablar de una figura histórica y hacerlo sin fisuras que revelen fallas y sin grietas que se rebelen. Entre todos esos que estuvieron en ese allí gigante, mirando como Transi llegaba al mundo, no existe la duda ni se cuestiona que lo auténtico no puede ser replicado sin modificarse. Uno, grande y libre, libre de libro de texto, ese es el relato de la historia. Yo transito mucho, voy andando a los sitios como homenaje a la Transición. Y cuando llego me sofoco tanto que cogería nuestra democracia y la rompería en pedazos para hacerme abanicos. La discrepancia es como la sal, mucha nos mata pero sin ella todo es incomible. "Si el bien común debe inventarse cuentos de hadas no es bueno para nadie", dice Rust en un capítulo de True detective. El retrato y la construcción del relato. Periodismo o literatura, si todavía hay diferencias.
Al que no le guste esperar no podrá ser fotógrafo". Así comienza sus memorias Sebastião Salgado. Narra cómo consiguió acercarse a las tortugas gigantes de las Galápagos, sólo tuvo que convertirse en tortuga. No podía fotografiarlas sin que se alejaran así que se agachó, se puso a cuatro patas e imitó los movimientos de los animales. Tardó un día entero en acercarse a una tortuga y poder fotografiarla. Todo un día para demostrarle que la respetaba. Pienso esto cuando estoy viendo la exposición Bajo el puente de Judith Prat. Son unas fotografías molestas que nos enseñan cómo viven las personas que duermen en el mismo lugar que a Judith le sirve de título. Las imágenes nos muestran escenas de su vida cotidiana como asearse, comer, dormir o relacionarse. Y he dicho su y no la porque lo cotidiano es igual pero se vive distinto cuando al puente se le añade un su que lo acote. Qué puñetero es el lenguaje que hace que un pronombre posesivo sirva para cercar la nada. Las imágenes son sensibles y afiladas, te atrapan la mirada y luego te dan un puñetazo para recordarte las vergüenzas que permitimos que existan si no nos manchan el relato de lo que está sucediendo. Nadie mira a cámara porque Judith hizo como SebastiÒo, acercarse para que no se note que estás y entonces poder contarlo. Casi siempre el interés reside en hacer notar que se está y luego ya se inventa la historia que toque. Estos días he escuchado tantos "yo estaba allí" que mi cuerpo ha desarrollado intolerancia, como la que tengo a la lactosa, al te lo dije, a los perfumes densos y a la expresión huelga decir. Ha habido tal furor con los que asistieron al nacimiento de la democracia y la transición que si el "yo estaba allí" fuera así en todos los casos, el allí sería enorme. Pero es que nos gusta sentir que estamos en el momento en el que algo ocurre. Escribe en Google "sorpresa, sorpresa, Ricky Martin, mermelada, perro" y te vendrá el regusto de cómo para sentirse especial no hay más que inventarse el recuerdo. Yo tuve conversaciones con gente que me juraba que había visto lo que en realidad no había sucedido. Lo de que la verdad no te estropee una buena fotografía. Toca hablar de una figura histórica y hacerlo sin fisuras que revelen fallas y sin grietas que se rebelen. Entre todos esos que estuvieron en ese allí gigante, mirando como Transi llegaba al mundo, no existe la duda ni se cuestiona que lo auténtico no puede ser replicado sin modificarse. Uno, grande y libre, libre de libro de texto, ese es el relato de la historia. Yo transito mucho, voy andando a los sitios como homenaje a la Transición. Y cuando llego me sofoco tanto que cogería nuestra democracia y la rompería en pedazos para hacerme abanicos. La discrepancia es como la sal, mucha nos mata pero sin ella todo es incomible. "Si el bien común debe inventarse cuentos de hadas no es bueno para nadie", dice Rust en un capítulo de True detective. El retrato y la construcción del relato. Periodismo o literatura, si todavía hay diferencias.
viernes, 21 de marzo de 2014
Piticascas premio al mejor libro editado en Aragón en 2013.
Pues eso, que nuestro PITICASCAS ha sido el ganador del premio al mejor libro editado en Aragón en 2013. Nos hace muy felices que el premio haya sido al libro, porque esto quiere decir que corresponde a todo el equipo piticascaquero: editoras, autora, ilustradora, diseñadores, maquetadores, impresores y encuadernadores.
Yo decía ayer que los premios son una mierda hasta que uno te toca y te descoloca tanto que incluso tus lunares cambian de sitio. Mi cuerpo, de natural escéptico y descreído con la vida en general, ayer se vino abajo. No sabía que la emoción ante un premio es algo así como un tsunami que hace que se tambaleen los adentros. A mí los nervios siempre me han atacado al estómago así que ayer, en casa, mientras contestaba las cientos de felicitaciones que nos iban llegando, no encontré mejor manera de canalizar la ilusión que acudiendo el váter. Luego salí a la calle con el mismo organismo inadaptado a esta situación de premio, alegría y desconcierto. Me estozolé en mitad del Paseo de la Independencia. Desde el suelo me pareció que era una justa posición para la dignidad de mi reacción física. Vamos, que no tengo cuerpo para ser premiada.
Aún así, careciendo de las moléculas adecuadas para que un premio me quede bien, estoy muy contenta. Nuestro libro ha sido premiado. Nuestras Piticascas son también mi primer libro y que un primer libro haya sido elegido con un premio como este pues me hace ser una palabrista orgullosa y feliz. Y no puedo seguir escribiendo más sensaciones sin ir al baño y hacerlo, además, caminando cojica porque la caída de ayer todavía se me nota en el pie.
Me puedo poner el traje Joe Brainard y empezar con mis 'me acuerdo' piticasqueros. Voy a intentarlo.
Me acuerdo de cuando conocí a Juan Ramón Giménez con G en un secuestro creativo.
Me acuerdo de sentir algo especial por Agnes Daroca la primera vez que la vi.
Me acuerdo de El niño cabeza cubito de hielo, el primer libro de Los Imaginantes.
Me acuerdo de enviarle a Agnes unas frases y unos relatos breves.
Me acuerdo de Eva Cosculluela leyéndome y diciendo que por qué no todo eso junto en un libro.
Me acuerdo de la risa de Agnes, su permanente risa siempre, que sirve de amarre para sujetarse al mundo cuando todo lo demás se rompe.
Me acuerdo de cuando Jota y Agnes me dijeron que iban a publicar un libro con mis textos.
Me acuerdo de pensar si mis textos merecían que Los imaginantes se tomaran esa molestia.
Me acuerdo de ir a Estudio Ductus y escuchar a Agnes y a Jota hablar con Choni Naudín de materiales desconocidos para mí y procesos que yo no entendía.
Me acuerdo de conocer a Susana Villacampa, la otra mitad de Los imaginantes, y enamorarme de ella instantáneamente.
Me acuerdo de llegar al formato del libro con una frase para cada día, 365 frases, un relato por mes del año y una ilustración para las estaciones. Así maquetaremos el libro: primavera, verano, otoño, invierno. Agnes pensando el cómo y dando vueltas a todo. Empezaremos con la primavera, el 21 de marzo. Justo el día en el que estoy escribiendo esto. Hoy.
Me acuerdo de que Agnes me dijera que nuestro año sería bisiesto, porque una tía suya cumple los años el 29 de febrero y le daba mucha pena que las personas que cumplían los años justo ese día no tuvieran su piticasca.
Me acuerdo de pensar si una se puede llegar a morir de un ataque de ternura.
Me acuerdo de la loca ocurrencia de Agnes de pintar a mano cuatro ilustraciones originales para cada libro.
Me acuerdo de verle la mano después de hacerlo.
Me acuerdo de Jota enviándome poco a poco imágenes de cómo iba diseñando la maqueta del libro y de negarse a enseñarme todo para ir dosificando la ilusión y la sorpresa.
Me acuerdo de pensar en qué título ponerle al libro y darnos cuenta de que el título era lo primero que ya estaba puesto, piticascas.
Me acuerdo de mi abuela, porque piticascas era una palabra suya y yo la cogí como palabra inventada favorita en la que refugiarme.
Me acuerdo de poner la fecha para la presentación de nuestro Piticascas, el 18 de abril de 2013.
Me acuerdo del pudor que me daba pedirle a Eva que nos presentara y de la alegría que me provocó que ella dijera no sólo que sí sino que le hacía mucha ilusión.
Me acuerdo de Ramón (Gómez de la Serna) y de sus greguerías.
Me acuerdo de cómo presentamos piticascas y de todo lo bonita que fue la presentación.
Me acuerdo de algunas cosas que no puedo decir y de algunas otras que no quiero contar.
Me acuerdo de la voz rota de Susana leyendo la piticasca del día del cumple del padre de Agnes en la presentación del libro. Y de la alegría por verle a él ahí, mirándonos, contento y orgulloso de su hija.
Me acuerdo de las risas entre Agnes y yo cuando supimos que nuestros padres fueron juntos a la escuela y que mi padre empujó a un charco al suyo y este último estuvo un mes con neumonía y sin ir a clase, el mismo tiempo que mi padre estuvo castigado.
Me acuerdo de la primera vez que tuve en las manos el libro, mi primer libro. Y me acuerdo de la emoción y de lo bonito que me pareció.
Me acuerdo de la foto que nos hizo Jota a Agnes y a mí, sentadas en una mesa en el bar de enfrente de la librería, mirando el piticascas embobadas y con una sonrisa llena de emoción, ilusión y nervios.
Me acuerdo del primer libro que dediqué, el de Eva y Félix, los portadores de sueños. Tenía que ser ese, claro.
Me acuerdo de mi familia, que no cabía en la librería. Mis padres, mi hermana, mis tías, primas... Todo Torrero estaba ahí.
Me acuerdo de todo el cariño de nuestras familias y amigos.
Me acuerdo de todos los que vinieron y especialmente de Rafa Milán, Marta Ardiaca y Margarida Troguet que llegaron de Barcelona y Lleida sólo para la presentación y luego se volvieron a ir.
Me acuerdo de Agnes que no podía dibujar más con esa mano dolorida y se hizo un sello para dedicar los libros en la presentación.
Me acuerdo de que mi abuela no fue a la presentación pero le llevé el libro y me dio besos, y dio palmas, y sonreía y le decía a todo el mundo que su chica era la del libro. Y lo de menos es que ahora mi abuela no pueda saber lo del premio. Lo de más es que ahora no tengo a mi abuela, ni a su risa, ni sus palmas, ni sus besos.
Me acuerdo de mi abuelo, llamándome por teléfono cada vez que el periódico decía algo de nuestro piticascas. Ayer le conté lo del premio antes de que leyera el periódico así que cuando lo leyó y vio la noticia en un hueco grande y con una foto de Agnes y mía, me llamó contento y me dijo que esto era otra cosa, porque yo le había contado lo del premio pero no le había dicho que era algo de importancia que salía en el periódico y todo.
Me acuerdo de lo rápido que se acabaron los piticascas.
Me acuerdo de mi madre asegurándose de comprar todos los que le habían encargado.
Me acuerdo de Saúl Esclarín, de su compañía, confianza y apoyo permanente.
Me acuerdo de ir a Barcelona con Agnes y con Jota para estar con Choni y Rubén Rodríguez en el stand que Estudio Ductus montaba en una feria de libros artesanales.
Me acuerdo de decirle a Agnes que Los imaginantes no habían ganado el premio al libro mejor editado con Lupanar de Greenwich porque lo iban a ganar con Piticascas.
Me acuerdo de que el deseo no tenía ninguna certeza pero equivocarme es lo que mejor se me da.
Me acuerdo de otras muchas cosas pero la emoción me está ocupando todos los territorios de mi cuerpo, como si del tablero del Risk se tratara, y me está incapacitando para seguir narrando.
De lo que más me acuerdo es del cariño. El de Agnes, Jota y Susana por cuidar tanto la edición del libro y también del cariño de toda la gente a nuestro alrededor.
Gracias a Los imaginantes por imaginar estas piticascas que ahora han sido premiadas. Enhorabuena por el premio y felicidades por todo ese talento que tenéis y la dedicación y el cariño con el que editáis.
Gracias al jurado del premio por elegir nuestro Piticascas como el mejor libro editado en Aragón en 2013.
Gracias, gracias y gracias a todas las personas que se han alegrado al saber que Piticascas ha ganado el premio. Gracias, gracias y gracias por las emociones dibujadas en el ayer con cada uno de los comentarios que nos hicisteis llegar. Abruma recibir tantas felicitaciones aunque todo el ayer, notar tanta alegría y sabernos tan queridas, hizo que nos sintiéramos muy felices. GRACIAS.
Perdón por este texto deslavazado que está escrito con la urgencia de la emoción aporreando las teclas con más rasmia que sosiego. Es el primer premio en mi vida que me toca de cerca, todavía estoy intentando que mi cuerpo lo asimile.
Premio a Piticascas:
En el Heraldo de Aragón.
En El Periódico de Aragón.
En PROCURA.
Aragón Televisión. Informativos. Noticias 1 del 29 de marzo de 2014. A partir del minuto 27.
Aragón Televisión. Por Amor al Arte. Capítulo número 90 del 26 de abril de 2014. Entrevista con Agnes Daroca e Iguázel Elhombre. Al comienzo del programa.
Yo decía ayer que los premios son una mierda hasta que uno te toca y te descoloca tanto que incluso tus lunares cambian de sitio. Mi cuerpo, de natural escéptico y descreído con la vida en general, ayer se vino abajo. No sabía que la emoción ante un premio es algo así como un tsunami que hace que se tambaleen los adentros. A mí los nervios siempre me han atacado al estómago así que ayer, en casa, mientras contestaba las cientos de felicitaciones que nos iban llegando, no encontré mejor manera de canalizar la ilusión que acudiendo el váter. Luego salí a la calle con el mismo organismo inadaptado a esta situación de premio, alegría y desconcierto. Me estozolé en mitad del Paseo de la Independencia. Desde el suelo me pareció que era una justa posición para la dignidad de mi reacción física. Vamos, que no tengo cuerpo para ser premiada.
Aún así, careciendo de las moléculas adecuadas para que un premio me quede bien, estoy muy contenta. Nuestro libro ha sido premiado. Nuestras Piticascas son también mi primer libro y que un primer libro haya sido elegido con un premio como este pues me hace ser una palabrista orgullosa y feliz. Y no puedo seguir escribiendo más sensaciones sin ir al baño y hacerlo, además, caminando cojica porque la caída de ayer todavía se me nota en el pie.
Me puedo poner el traje Joe Brainard y empezar con mis 'me acuerdo' piticasqueros. Voy a intentarlo.
Me acuerdo de cuando conocí a Juan Ramón Giménez con G en un secuestro creativo.
Me acuerdo de sentir algo especial por Agnes Daroca la primera vez que la vi.
Me acuerdo de El niño cabeza cubito de hielo, el primer libro de Los Imaginantes.
Me acuerdo de enviarle a Agnes unas frases y unos relatos breves.
Me acuerdo de Eva Cosculluela leyéndome y diciendo que por qué no todo eso junto en un libro.
Me acuerdo de la risa de Agnes, su permanente risa siempre, que sirve de amarre para sujetarse al mundo cuando todo lo demás se rompe.
Me acuerdo de cuando Jota y Agnes me dijeron que iban a publicar un libro con mis textos.
Me acuerdo de pensar si mis textos merecían que Los imaginantes se tomaran esa molestia.
Me acuerdo de ir a Estudio Ductus y escuchar a Agnes y a Jota hablar con Choni Naudín de materiales desconocidos para mí y procesos que yo no entendía.
Me acuerdo de conocer a Susana Villacampa, la otra mitad de Los imaginantes, y enamorarme de ella instantáneamente.
Me acuerdo de llegar al formato del libro con una frase para cada día, 365 frases, un relato por mes del año y una ilustración para las estaciones. Así maquetaremos el libro: primavera, verano, otoño, invierno. Agnes pensando el cómo y dando vueltas a todo. Empezaremos con la primavera, el 21 de marzo. Justo el día en el que estoy escribiendo esto. Hoy.
Me acuerdo de que Agnes me dijera que nuestro año sería bisiesto, porque una tía suya cumple los años el 29 de febrero y le daba mucha pena que las personas que cumplían los años justo ese día no tuvieran su piticasca.
Me acuerdo de pensar si una se puede llegar a morir de un ataque de ternura.
Me acuerdo de la loca ocurrencia de Agnes de pintar a mano cuatro ilustraciones originales para cada libro.
Me acuerdo de verle la mano después de hacerlo.
Me acuerdo de Jota enviándome poco a poco imágenes de cómo iba diseñando la maqueta del libro y de negarse a enseñarme todo para ir dosificando la ilusión y la sorpresa.
Me acuerdo de pensar en qué título ponerle al libro y darnos cuenta de que el título era lo primero que ya estaba puesto, piticascas.
Me acuerdo de mi abuela, porque piticascas era una palabra suya y yo la cogí como palabra inventada favorita en la que refugiarme.
Me acuerdo de poner la fecha para la presentación de nuestro Piticascas, el 18 de abril de 2013.
Me acuerdo del pudor que me daba pedirle a Eva que nos presentara y de la alegría que me provocó que ella dijera no sólo que sí sino que le hacía mucha ilusión.
Me acuerdo de Ramón (Gómez de la Serna) y de sus greguerías.
Me acuerdo de cómo presentamos piticascas y de todo lo bonita que fue la presentación.
Me acuerdo de algunas cosas que no puedo decir y de algunas otras que no quiero contar.
Me acuerdo de la voz rota de Susana leyendo la piticasca del día del cumple del padre de Agnes en la presentación del libro. Y de la alegría por verle a él ahí, mirándonos, contento y orgulloso de su hija.
Me acuerdo de las risas entre Agnes y yo cuando supimos que nuestros padres fueron juntos a la escuela y que mi padre empujó a un charco al suyo y este último estuvo un mes con neumonía y sin ir a clase, el mismo tiempo que mi padre estuvo castigado.
Me acuerdo de la primera vez que tuve en las manos el libro, mi primer libro. Y me acuerdo de la emoción y de lo bonito que me pareció.
Me acuerdo de la foto que nos hizo Jota a Agnes y a mí, sentadas en una mesa en el bar de enfrente de la librería, mirando el piticascas embobadas y con una sonrisa llena de emoción, ilusión y nervios.
Me acuerdo del primer libro que dediqué, el de Eva y Félix, los portadores de sueños. Tenía que ser ese, claro.
Me acuerdo de mi familia, que no cabía en la librería. Mis padres, mi hermana, mis tías, primas... Todo Torrero estaba ahí.
Me acuerdo de todo el cariño de nuestras familias y amigos.
Me acuerdo de todos los que vinieron y especialmente de Rafa Milán, Marta Ardiaca y Margarida Troguet que llegaron de Barcelona y Lleida sólo para la presentación y luego se volvieron a ir.
Me acuerdo de Agnes que no podía dibujar más con esa mano dolorida y se hizo un sello para dedicar los libros en la presentación.
Me acuerdo de que mi abuela no fue a la presentación pero le llevé el libro y me dio besos, y dio palmas, y sonreía y le decía a todo el mundo que su chica era la del libro. Y lo de menos es que ahora mi abuela no pueda saber lo del premio. Lo de más es que ahora no tengo a mi abuela, ni a su risa, ni sus palmas, ni sus besos.
Me acuerdo de mi abuelo, llamándome por teléfono cada vez que el periódico decía algo de nuestro piticascas. Ayer le conté lo del premio antes de que leyera el periódico así que cuando lo leyó y vio la noticia en un hueco grande y con una foto de Agnes y mía, me llamó contento y me dijo que esto era otra cosa, porque yo le había contado lo del premio pero no le había dicho que era algo de importancia que salía en el periódico y todo.
Me acuerdo de lo rápido que se acabaron los piticascas.
Me acuerdo de mi madre asegurándose de comprar todos los que le habían encargado.
Me acuerdo de Saúl Esclarín, de su compañía, confianza y apoyo permanente.
Me acuerdo de ir a Barcelona con Agnes y con Jota para estar con Choni y Rubén Rodríguez en el stand que Estudio Ductus montaba en una feria de libros artesanales.
Me acuerdo de decirle a Agnes que Los imaginantes no habían ganado el premio al libro mejor editado con Lupanar de Greenwich porque lo iban a ganar con Piticascas.
Me acuerdo de que el deseo no tenía ninguna certeza pero equivocarme es lo que mejor se me da.
Me acuerdo de otras muchas cosas pero la emoción me está ocupando todos los territorios de mi cuerpo, como si del tablero del Risk se tratara, y me está incapacitando para seguir narrando.
De lo que más me acuerdo es del cariño. El de Agnes, Jota y Susana por cuidar tanto la edición del libro y también del cariño de toda la gente a nuestro alrededor.
Gracias a Los imaginantes por imaginar estas piticascas que ahora han sido premiadas. Enhorabuena por el premio y felicidades por todo ese talento que tenéis y la dedicación y el cariño con el que editáis.
Gracias al jurado del premio por elegir nuestro Piticascas como el mejor libro editado en Aragón en 2013.
Gracias, gracias y gracias a todas las personas que se han alegrado al saber que Piticascas ha ganado el premio. Gracias, gracias y gracias por las emociones dibujadas en el ayer con cada uno de los comentarios que nos hicisteis llegar. Abruma recibir tantas felicitaciones aunque todo el ayer, notar tanta alegría y sabernos tan queridas, hizo que nos sintiéramos muy felices. GRACIAS.
Perdón por este texto deslavazado que está escrito con la urgencia de la emoción aporreando las teclas con más rasmia que sosiego. Es el primer premio en mi vida que me toca de cerca, todavía estoy intentando que mi cuerpo lo asimile.
Premio a Piticascas:
En el Heraldo de Aragón.
En El Periódico de Aragón.
En PROCURA.
Aragón Televisión. Informativos. Noticias 1 del 29 de marzo de 2014. A partir del minuto 27.
Aragón Televisión. Por Amor al Arte. Capítulo número 90 del 26 de abril de 2014. Entrevista con Agnes Daroca e Iguázel Elhombre. Al comienzo del programa.
jueves, 20 de marzo de 2014
Cómo ser mujer.
Esta tarde estaré en las jornadas Marzo Violeta de Fraga para seguir hablando de feminismo ahora con la excusa de 'Cómo ser mujer' de Caitlin Moran. Un libro que me ya me entusiasmó hace unos meses y que utilizamos ahora para articular un debate con otras lectoras sobre algunos de los aspectos que Caitlin escribe: feminismo, maternidad, imagen de la mujer, aborto, igualdad, etc.
Gracias a las gentes de Yo feminista Fraga también por invitarme y, especialmente, a Laura Val.
Gracias a las gentes de Yo feminista Fraga también por invitarme y, especialmente, a Laura Val.
sábado, 15 de marzo de 2014
Tactel y perdones
Tactel y perdones ( El Periódico de Aragón - 15/03/2014 )
Lo real es lo que está sucediendo ahora cuando estamos aquí. Cuando nos vayamos de este aquí y de este ahora, esto que ha sucedido dejará de ser lo real porque cada uno de nosotros tendrá su propia versión de lo que aquí ha sucedido ahora. Lo vivido será similar pero a cada uno nos dará una ficción diferente, nuestro propio relato. Algo así dijo el otro día Flavia Company en la presentación de su último libro. Digo algo así porque lo escribo desde mi recuerdo mentiroso que impone a la verdad su propia versión de los hechos.
En mi relato, el 11 de marzo de 2004 yo tenía 22 años y estaba estudiando. Primer café. Noticias. Accidente de tren sin mencionar heridos. Luego otro café y más noticias. Ya había víctimas mortales. Ya no parecía un accidente. Se iba rectificando el número de la tragedia. 8, 12, 16, 22, 30. Llamó mi padre. Atentado. Siguió aumentando el número de personas fallecidas. El horror no necesita que se le ponga imagen pero encendí la televisión para justificarme a mí misma que no soy de mirar para otro lado. Radio y televisión. No poder hacer otra cosa. El tiempo se rompió. En la pantalla el reloj de uno de los heridos que se paró a las 7:39. Demasiadas esquirlas para un mismo trozo de mundo. Y todas tenían nombre aunque ninguna de ellas fueras tú. Acebes y las palabras indecentes. El cabreo me sacó a la calle sin haber recibido ningún sms. Y luego el silencio. Ese silencio denso que nos decían que había en Madrid. Como si la rabia, la pena y el recuerdo se hubieran quedado flotando convirtiendo el hecho de respirar en algo pesado. Heridas y duelo. Contar y descontar y la falta de vergüenza. Cada cual con su relato de esos días y en medio las vidas que cambiaron para siempre. ¿Qué perdón cabe en el vacío? Pedir perdón está sobrevalorado y además conduce a pensar que a todos los rotos se les puede poner el mismo parche del lo siento. Remendar errores es lo que hacía mi madre con mi chándal de Tactel. Diversos trozos de tela cubriendo distintos cortes. Con cada uno de mis percances iba un lo siento para atenuar el enfado de un nuevo recosido. Aunque mi madre nunca me pidiera disculpas por ponerme aquel chándal de Tactel feo y gastado, yo la perdono. Eran los años 90 y su peculiar moda. Se pide perdón como se pide una cerveza, la cuenta o la palabra. Se dice lo siento como masilla que tape los agujeros de nuestras relaciones pero de nada sirve si nos han derrumbado pilares. Santa Rita, Rita, lo que pasa, no se quita.
Cada una de las víctimas tendrá su propio relato, sus amarres para sujetar el recuerdo y el hueco imposible de rellenar ni con mil perdones. Pienso en Rodolfo Ruiz, Comisario de Vallecas en ese 11M. La ficción del relato de algunos conspiranóicos hizo que su nombre apareciera en portadas como uno de los culpables de los atentados. Le destrozaron la vida y su mujer se acabó suicidando. Crear una ficción con mentiras que cuestan la vida. El desgarro no se repara con perdones. Que su fabulación ruin les pese como el aire denso de hace diez años.
Lo real es lo que está sucediendo ahora cuando estamos aquí. Cuando nos vayamos de este aquí y de este ahora, esto que ha sucedido dejará de ser lo real porque cada uno de nosotros tendrá su propia versión de lo que aquí ha sucedido ahora. Lo vivido será similar pero a cada uno nos dará una ficción diferente, nuestro propio relato. Algo así dijo el otro día Flavia Company en la presentación de su último libro. Digo algo así porque lo escribo desde mi recuerdo mentiroso que impone a la verdad su propia versión de los hechos.
En mi relato, el 11 de marzo de 2004 yo tenía 22 años y estaba estudiando. Primer café. Noticias. Accidente de tren sin mencionar heridos. Luego otro café y más noticias. Ya había víctimas mortales. Ya no parecía un accidente. Se iba rectificando el número de la tragedia. 8, 12, 16, 22, 30. Llamó mi padre. Atentado. Siguió aumentando el número de personas fallecidas. El horror no necesita que se le ponga imagen pero encendí la televisión para justificarme a mí misma que no soy de mirar para otro lado. Radio y televisión. No poder hacer otra cosa. El tiempo se rompió. En la pantalla el reloj de uno de los heridos que se paró a las 7:39. Demasiadas esquirlas para un mismo trozo de mundo. Y todas tenían nombre aunque ninguna de ellas fueras tú. Acebes y las palabras indecentes. El cabreo me sacó a la calle sin haber recibido ningún sms. Y luego el silencio. Ese silencio denso que nos decían que había en Madrid. Como si la rabia, la pena y el recuerdo se hubieran quedado flotando convirtiendo el hecho de respirar en algo pesado. Heridas y duelo. Contar y descontar y la falta de vergüenza. Cada cual con su relato de esos días y en medio las vidas que cambiaron para siempre. ¿Qué perdón cabe en el vacío? Pedir perdón está sobrevalorado y además conduce a pensar que a todos los rotos se les puede poner el mismo parche del lo siento. Remendar errores es lo que hacía mi madre con mi chándal de Tactel. Diversos trozos de tela cubriendo distintos cortes. Con cada uno de mis percances iba un lo siento para atenuar el enfado de un nuevo recosido. Aunque mi madre nunca me pidiera disculpas por ponerme aquel chándal de Tactel feo y gastado, yo la perdono. Eran los años 90 y su peculiar moda. Se pide perdón como se pide una cerveza, la cuenta o la palabra. Se dice lo siento como masilla que tape los agujeros de nuestras relaciones pero de nada sirve si nos han derrumbado pilares. Santa Rita, Rita, lo que pasa, no se quita.
Cada una de las víctimas tendrá su propio relato, sus amarres para sujetar el recuerdo y el hueco imposible de rellenar ni con mil perdones. Pienso en Rodolfo Ruiz, Comisario de Vallecas en ese 11M. La ficción del relato de algunos conspiranóicos hizo que su nombre apareciera en portadas como uno de los culpables de los atentados. Le destrozaron la vida y su mujer se acabó suicidando. Crear una ficción con mentiras que cuestan la vida. El desgarro no se repara con perdones. Que su fabulación ruin les pese como el aire denso de hace diez años.
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