domingo, 9 de noviembre de 2014

Lágrimas y piedras



Una fotógrafa americana ha descubierto que, vistas en el microscopio, no todas las lágrimas son iguales. Hay tres modelos: las que lubricamos para que no se nos sequen los ojos, las de reflejo, que se producen como respuesta a un estímulo, y las psíquicas, desencadenadas por las emociones. El tipo de lágrima hace que la composición molecular sea distinta, la sal cristaliza y da lugar a diferentes estructuras. Llorar de risa no es igual que llorar por pelar una cebolla o llorar por dolor.

Leo esto mientras me encuentro con que se cumplen 25 años de la caída del Muro de Berlín. Mi primer recuerdo es el de la gente llorando entre las piedras. Cuando lo derribaron yo era lo suficientemente pequeña como para no saber qué era el comunismo ni si yo era o no comunista. Sin embargo sí sabía que yo era más de Paco Ibáñez que de Parchís, más de Epi que de Blas, más del Frigo dedo que del Frigo pie y más de la tortilla de patatas con cebolla que sin ella. Era muy de la película No me chilles que no te veo y muy poco de ET, que siempre me dio grima. Porque la vida se aprende a golpe de contrarios. De lo que eres parte y de lo que te expulsa.

Me acuerdo de ir con mi padre a por la prensa un domingo y pedirle que me comprara Interviú porque regalaban un trozo del muro. Me empeñé en que lo quería pero mi padre no me compró la revista. No creía que esa piedra fuera de verdad berlinesa y, además, no entendía para qué. El capitalismo me dejaba comprar un jirón del comunismo roto y yo quería guardarlo como se guardan las formas, dentro de mí para conservar el aroma. Pero esto no se lo supe decir a mi padre. Yo solo veía que en el telediario salía el muro hecho pedazos y gente que lloraba y se abrazaba después de años sin verse. Imagino que yo quería contagiarme de su entusiasmo. Necesitaba creer en algo. En ese entonces y en nuestro ahora.

Todavía no se pueden coleccionar los pedazos de estos tiempos púnicos, llenos de mala fe y alevosía. Cuando se pongan a la venta en los quioscos, los que estaremos en el desguace ya seremos nosotros. Tenemos las desconfianzas esparcidas por toda la casa. En nuestro desorden no se nos pierden billetes ni cuentas en Suiza. Sí que tenemos facturas que podríamos quemar para calentarnos. Nos sale muy caro el invierno. ¿Cómo haremos para creer cuando lleguen otros si los que están nos han gastado hasta los credos? Nos han robado el dinero, los derechos y el entusiasmo. "Como hay quien trabaja por tedio, escribo, a veces, por no tener qué decir. En el devaneo en que se pierde con naturalidad quien no piensa, yo me pierdo por escrito, porque sé soñar en prosa. Y hay mucho sentimiento sincero, mucha emoción legítima que obtengo de no estar sintiendo". Lo dice Fernando Pessoa en su Libro del desasosiego. Rajoy pide perdón por la corrupción leyendo un papel porque si no, no le sale. Me duele el cabreo de tan afilado que lo tengo. Lloro. En todos los modelos de lágrimas.

domingo, 26 de octubre de 2014

Rellenarnos de ellos

Rellenarnos de ellos ( El Periódico de Aragón - 25/10/2014 )

Actuar y meterse en la interpretación como te sumerges en el agua cuando la sientes fría y estás haciendo la digestión. Poco a poco. Los pies, las piernas, la tripa, el pecho, los brazos, la nuca y la cabeza. El cuerpo va notando que la mentira lo cubre un poco más a cada paso y cuando quieres salir, ya estás mojado. Además has aprendido a nadar siendo otro. Ser nosotros no es suficiente. Inventamos tantas necesidades que incluso a nuestro tránsito intestinal le salen aduanas. Ser más, ser mejor, ser distinto. No queremos ser quienes somos y quizás por eso nos vamos deshaciendo a golpe de autofoto. Nos enseñamos en las redes para no tener que mirarnos. Como el pequeño Nicolás, que estos días ha sido acusado de estafa y usurpación de identidad. Se creó un yo diferente para poder tratar de tú a tú a los dueños del dinero. Quería jugar el partido con los propietarios de la liga. Para bucear en el capital hace falta branquias. Cuando no las tienes, las dibujas. Uno se introduce en los negocios dominando el arte del atrezo porque el éxito no se hace sin decorado. El impostor se tiene que vaciar de sí mismo para rellenarse de otros. Te llevas los zarrios de tu organismo al trastero y pones en el escenario la gomina, el estilo de vida y el jersey de cuello de pico y te conviertes en uno de los suyos. Hasta que te pillan. El fraude se disimula mejor cuando se aprende ya desde la cuna. "Estarás hueco. Te vaciaremos y te rellenaremos de... nosotros". Esto escribe Orwell en su novela 1984. Apple y Facebook pagarán los procesos de congelación de óvulos para que sus empleadas puedan retrasar su maternidad y esta no colisione con su carrera profesional. Lo que nos faltaba, el mercado laboral se cuela en nuestros úteros para dirigirnos el tráfico. Las empresas decidirán cuándo podemos ser madres. Invadirán nuestros cuerpos para rellenarlos de su esencia. Nos piensan como recipientes huecos en los que pueden instalarse para devorarnos desde dentro. La resistencia es una bacteria rumiante que muerde a los invasores cuando nos ocupan no para que imaginemos otros posibles sino para imponernos sus entrañas. Intento quedar conmigo un rato y me escondo en el libro Cómo aprendí a leer de Agnes Desarthe. La autora escribe sobre la lectura: "para mí lo que predominaba era la impresión de invasión, de una anexión de mi interioridad, de una colonización de mis sentimientos. Me sentía poseída. El escritor me imponía su visión y yo quedaba prisionera de ella". Yo así sí me dejo capturar. Leer no me desentiende de mí sino que me hace descender a los túneles propios. Me coloniza otra mirada que me cuestiona la mía y me remueve mis adentros para que note en qué lugar tengo los vacíos. Las historias de otros nos empujan a acercarnos a nosotros mismos. Querer ser yo para no ser una réplica. Leo para que no me rellenen con su ellos. Y bebo bastante agua para ahogar las posibilidades de que tengan sitio en alguno de mis recovecos.

domingo, 19 de octubre de 2014

Células de posición y centinelas

Células de posición y centinelas ( El Periódico de Aragón - 11/10/2014 )

Sabemos dónde estamos y somos capaces de encontrar el camino de un sitio a otro. Tenemos un GPS interno. Nuestro cerebro crea un atlas del espacio que nos rodea y podemos navegar a través de un entorno complejo. Tenemos unas células de posicionamiento que son como los avisos de los planos. Un usted está aquí de los adentros. Nuestro cuerpo se geolocaliza sin satélites. También tenemos unas células cuadrícula que generan un sistema de coordenadas para permitirnos la búsqueda de caminos. Yo con las cuadrículas hacía crucigramas, quizás por eso no me oriento y cometo errores en mis desplazamientos. Llegamos a los lugares almacenando información para cosernos un mapa. El Nobel de Medicina de este año es para tres personas que han investigado estas células que constituyen un sistema de posicionamiento en el cerebro. Ubicarnos y saber marchar para que no perdamos la cabeza. Tenemos tierra suficiente para muchos lugares pero a ras de suelo no se ve nuestro puesto. Todo es confuso si no levantamos la vista. Pero mirar marea y hace mucho calor en octubre. Mi padre me dice que el porcentaje de honradez en este país es 4,65. Cuatro personas de ochenta y seis. Las cuatro que no utilizaron una de esas tarjetas frente a las ochenta y seis que dispusieron del dinero como si estuvieran empapelando con billetes su poca vergüenza. Extensa y árida. No se puede ir a ninguna parte si los que mandan nos saquean los pasos. Perderemos el norte si nos dirigen brújulas con la flecha señalando su ombligo. La presidenta del Círculo de Empresarios dice que no quiere contratar a una mujer en edad fértil porque embarazarse es un problema. Es mucho mejor una huelga de úteros y que las mujeres no fabriquemos empleados para esa señora y para todos los de su especie. ¿Cómo hemos dejado que se atrofiaran tanto las cartografías que se nos dibuja? Yo me hago mi itinerario con la distancia que me separa de ciertas opiniones. Tenemos células de posición y de cuadrícula pero no sé si nos hemos quedado sin neuronas centinelas. Las que nos podían avisar de que el mal estaba cerca y teníamos que avanzar redirigiendo la ruta. Ahora el mal está en todas partes y nos movemos torpes, sin saber dónde podremos coger la última bocanada de aire. Y los sensores no saltan y los virus se nos cuelan por las rendijas gruesas de los recortes. En la mili que hizo mi abuelo muchos de los centinelas que se quedaban guardando la frontera acababan huyendo. Es muy complicado estar alerta si se nos escapan los sistemas de alarma. No se vigila la entrada desde lo más profundo del cuarto oscuro. Localizarnos y saber llegar. Ahora se hacen más cesáreas que nunca porque nos resistimos a nacer. Desde un tranvía lleno de peñistas es muy complicado sentirse de alguna parte y pensar que te sabrás situar. Mis células callejeras están fuera de cobertura. Devolvedme mi ciudad, pilares. La próxima vez que nos quiera invadir Francia, dejadle que pase.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Tengo miedo

Tengo miedo ( El Periódico de Aragón - 27/09/2014 )


Que no podremos derrotar virus aprendiendo a empujarlos más allá del umbral de error. La teoría del cisne negro y el hecho de que seguimos dependiendo de modelos que, se ha demostrado, son fraudulentos. Que la pseudociencia siga ganando terreno. Sucesos apocalípticos. Que las personas inteligentes no hagan política. Que habrá otra crisis financiera de proporciones épicas. Que ciertas palabras seguirán siendo tabú. Que las tecnologías digitales están acabando con nuestra paciencia y cambiando nuestra percepción del tiempo. Que se acabe la financiación de grandes experimentos. La catarsis es una alegría que trasciende... ¿puedes repetir la pregunta? Que dejemos de morir. La lucha entre ingenieros y druidas. La escasez de agua. Que estamos inarticuladamente perdidos en la Modernidad. Que tanta información y los nuevos medios implicarán el fin de los hechos. Que la separación entre las noticias y el entendimiento sea cada vez mayor. Que nos volveremos irracionalmente impacientes con la ciencia. Que la idiocracia nos amenace. Que la especie humana pierda el deseo de sobrevivir. El exceso de testosterona producido por una brecha sexual en China. Una amnesia colectiva. Que no entendamos la dinámica de la cultura global emergente. Deberíamos preocuparnos por perder el deseo como eje para la reproducción de nuestra especie. La muerte natural. La geografía poshumana que existirá cuando los robots se hayan adueñado de todos nuestros trabajos. Que en una o dos generaciones, los niños se convertirán en adultos que no podrán distinguir entre lo real y lo imaginario. El bajo índice de sospecha que tenemos de los comportamientos normales. La paradoja del progreso material. Que seremos como ratas atrapadas en una trampa de mármol azul. Que empecemos a tratar la tecnología como magia. El auge de la inestabilidad genómica. Que las autoridades y compañías puedan leer la mente de las personas. Que nos preocupemos demasiado. Que internet está arruinando la escritura. Que internet termine beneficiando a las estructuras actuales de poder y no a la sociedad en general. Que no tendremos un Plan B cuando internet se caiga. Que no podremos vivir sin internet. Que el cerebro no pueda concebir nuestros más graves problemas. Que como consecuencia del cambio climático, la escasez de recursos, los drones, y otras razones no anticipadas, estalle una gran guerra. La estupidez. Ya dejé de preocuparme por el problema del libre albedrío, porque nunca quedará resuelto. Que no podamos identificar la "buena vida". Hombres. Que estamos cada vez más inmersos en sistemas incompetentes que exhiben un comportamiento patológico pero que no se pueden arreglar. La arrogancia absoluta de la humanidad. Que no entendamos los fenómenos cuánticos. Extinción de la diversidad cultural. Estrés. Demasiado acoplamiento. Que no podremos entenderlo todo.

Nota: Resumen, a mi aire, del artículo Las 150 cosas a las que le tienen miedo las personas más inteligentes del mundo, basado en el especial de la revista Edge What should we be worried about?

domingo, 14 de septiembre de 2014

Retortijones

Retortijones ( El Periódico de Aragón - 13/09/2014 )

Septiembre son los nervios en el estómago jugando a hacerse trenzas. Punzadas de ganas y miedo pero sin estuche nuevo. Ya no hay rotuladores recién estrenados a los que agarrarte mientras te piensas devorada por los deberes del colegio. El verano se te quedaba en el pecho como una mala tos. Ahora lo que llevamos dentro es el frío. Los nuevos cursos vienen sin la amortiguación de los suelos blandos de los parques. La ilusión antes era tan fácil como escribir tu nombre en el cuaderno donde ibas a residir el resto del año. Ahora la agenda nos mira entre agobiada por llenarse de nosotras y temerosa por no hacerlo. La culpa sólo se tiene para que se inflame, como el apéndice, y entonces duela. ¿Qué haremos con las vidas que se quedan en blanco? Soluciones se parece a unas ilusiones a las que les ha salido el sol. Pero los gobiernos tienen protección solar para mirarnos. Hay que pensar nuevas tramas para renovar la serie por una temporada más. Necesito creer que las cosas pueden cambiar. Por eso intentarán pasar el rastrillo por las elecciones, para ver si la esperanza puede quedar sepultada en los surcos de la tierra. Dan pereza los titulares. Soltarán elefantes que vuelen mientras nuevas leyes nos muerdan los talones para que pisemos sin sentirnos fuertes. Cogerán nuestras vulnerabilidades para jugar a los barcos. Intentarán que siga habiendo personas que se queden sin casa. Iremos a pedir cita con el médico de cabecera a las oficinas de los bancos. Nos harán una OPA hostil para quedarse con la propiedad de nuestros cuerpos. A las becas de comedor les dolerá el hambre de los niños que no pueden pagarlas. La angustia sabe a regaliz de palo, le das vueltas en la boca y la escupes pero te vuelve al paladar al masticar otra hebra. Y luego otra. Encontrar trabajo. Que no nos despidan. El consuelo es una alarma que nos suena todas las mañanas. O ya ni eso. Antes tratábamos de llegar a final de mes y ahora nos dejamos ganar porque siempre el mes llega antes que nosotras. Ni siquiera puedo proponerme dejar de fumar porque ya lo he hecho. Mirar el catálogo de ofertas del Lidl. Empezar un coleccionable. Gastar todas las tintas de un bolígrafo de cuatro colores. Comprar olvido a granel y hacer con lo pendiente un álbum de cromos. Llegar sin morirnos por el camino. Congelar las alegrías para comer de restos. Empezar. En los comienzos siempre hay hambre y sueño. Por eso son importantes los principios, porque te sujetan el cuerpo cuando lo demás te empuja. "Esta noche, cuerpo triste, métete por donde saliste". Esto decía Carmen París el otro día en un concierto. Salimos de agosto sin hacer la cama y ahora tenemos las sábanas revueltas. Las incertidumbres se nos ponen en fila en este mes que nos recuerda que lo que vendrá nos asaltará en la próxima curva. Susto o sorpresa. El curso se inaugura en la tripa. Retortijones. En los pliegues de lo que nos dobla podemos almacenar deseos. Y ya nos han salido muchas arrugas. Nos irá bien.

domingo, 31 de agosto de 2014

Cabreo de rima asonante

Cabreo de rima asonante ( El Periódico de Aragón - 30/08/2014 )


Imagino que es lo que tiene la disposición de las cosas. Que a veces tú estás en medio haciendo un eclipse. Es como un apagón en tu órbita del que sólo eres responsable tú. Te oscureces. Has dejado escombros desperdigados y te agobia mirar a tu alrededor. Si tu cuerpo dependiera de su resistencia se te haría un agujero negro en el estómago y desaparecerías. En tus conexiones cerebrales hay nudos que te hacen tropezar a cada pensamiento. Te comes los ratos y no tienes bolsillos para tantas cáscaras. Se te nubla el mirar y se te tuerce el gesto. A mí el cabreo me sube por los pies y me mancha todo el genio. No hace falta que pase nada porque todo ya estaba ahí, pasando. Y llega un momento en el que tienes tu umbral de resistencia con marea alta. Se te altera el orden cósmico. Las tildes de tus líneas de expresión acentuadas te montan una concentración en tu rostro. En estos días el enfado me ha colonizado todas las células del cuerpo.

Teníamos problemas con la armonía y nos inventamos la disonancia cognitiva. A las cosas hay que ponerles un nombre para que existan. Así podemos llamar a la tensión entre nuestro sistema de emociones, ideas y creencias que percibimos cuando mantenemos al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto. O por un comportamiento que entra en guerra con lo que pensamos. Las disonancias fuerzan cambios de actitud para mantener el equilibrio interior. Por ejemplo, nuestro Gobierno siempre tiene una democracia que escupir para justificar sus intervenciones. Hablan de ella como si la tuvieran encerrada trotando en una cuadra y fueran dueños de sacarla cuando les conviene. Ahora quieren hacer una ley electoral que les asegure tener el poder en los ayuntamientos aunque no sea lo que mayoritariamente desean los votantes. La armonía de justificar este comportamiento desde un pensamiento democrático es la misma que soltar gases como un intento de mejorar calidad del aire.

Una mujer denuncia que la han violado. Le roban y le amenazan de muerte. En el hospital comprueban que tiene desgarros en sus partes íntimas. Detienen a sus agresores. Son cinco chavales. Algunos menores. Dos la forzaron. Otros lo grabaron en vídeo. La juez archiva la denuncia. No ve suficientes pruebas que la sostengan. ¿Qué ganaba ella denunciando si no era verdad? Es la Feria de Málaga, no interesa el escándalo. Es una mujer, ¿qué importa quién habla? Es más fácil pensar que ella se lo ha buscado que aceptar que estamos en una sociedad que consiente los abusos a las mujeres. Ahí están la desigualdad, la violencia y el acoso sexual. Se permite que existan. Nos dirigen alcaldes que manifiestan reparos en subirse a un ascensor con nosotras por si simulamos una agresión. Las disonancias. Es más cómodo hacer creer que las mujeres somos unas guarras mentirosas que ver el machismo como un problema social. Por eso se dice muere otra mujer a manos de su marido en lugar de expresar que ha sido asesinada. No muere, la matan. Nuestra realidad es terrorista. Tú calla y ponte guapa.

domingo, 17 de agosto de 2014

Neuronas en fiambrera



Neuronas en fiambrera ( El Periódico de Aragón - 16/08/2014 )

Agosto me sabe a comida de fiambrera. Mi alimento se queda como la ciudad en verano, conservado para mañana. Sin aire. Así me guiso los días, uno detrás de otro, y luego me los como. Las conversaciones no se pueden envasar al vacío pero también me las guardo. ¿Qué es lo que hacemos diferente al resto de primates que nos ha permitido desarrollar nuestras habilidades cognitivas? Es mi amigo Vicente Almazán que me trae una pregunta de postre. Nosotros cocinamos, me dice. Me recomienda que vea una charla de la neurocientífica Suzana Herculano-Houzel. En sus investigaciones señala que el cerebro humano, con sus ochenta y seis mil neuronas, se ha desarrollado mucho más que el de otros primates. Dice que si comiéramos comida sin elaborar, cruda, para darle a nuestro cuerpo la energía suficiente para mantener el número de neuronas, tendríamos que estar comiendo durante nueve horas al día. Cocinar es una manera más rápida de obtener más energía de los mismos alimentos. Ningún otro animal cocina sus alimentos. Hacerlo nos ha permitido convertirnos en humanos. Necesitamos menos tiempo para alimentarnos, masticar y digerir, así podemos dedicarnos a otras cosas que desarrollen nuestras capacidades. Somos producto de las recetas de nuestros antepasados. Mis neuronas le deben su existencia al chorizo, al cocido, a la menestra o a las croquetas. Y, sobre todo, al cuidado de mi familia. Cuando alguien cocina para nosotras nos está regalando su tiempo y esfuerzo para que nuestras neuronas no desaparezcan. Mil gracias. La eficiencia alimentaria nos ha facilitado tiempo para dedicarnos a la investigación, a la cultura, a construir edificios, tener hospitales, escuelas y leyes. Las reuniones de los gobiernos tendrían que ser en la cocina. El verdadero poder lo tienen los fogones. Una huelga de sartenes bloquearía a los países. Guisar no cotiza en bolsa pero el Banco Mundial no existiría si los dueños de los dineros no tuvieran quien les hiciera la comida. Leo que un informático de Sillicon Valley pretende cambiar la manera en la que nos alimentamos y ha creado un compuesto en polvo con todos los minerales, sales, vitaminas, proteínas y nutrientes que nuestro cuerpo necesita. La idea para acabar con la comida se le ocurrió porque estaba cansado de gastar tanto tiempo en comer. Su invento sólo necesita ser disuelto en agua para consumirse. Sin supermercados, sin cacerolas, sin tiempo de cocción y sin sentido. Es una falta de respeto a nuestros ancestros y al regalo que nos hicieron con el fuego. Dejar de comer para comerse el mundo. No se puede llamar avance a algo que pretende acabar con los huevos fritos. El capitalismo es como un disco duro sibilino al que estamos conectados y que no hace otra cosa que meternos virus. La verdadera política es la que se ocupa de hacernos la cena. No habrá revolución sin saber hacer bechamel. Hoy tengo garbanzos. Los he hecho a fuego lento, por joder y así gastar más tiempo.

lunes, 4 de agosto de 2014

Identidad de abrazos y berberechos.

Identidad de abrazos y berberechos ( El Periódico de Aragón - 02/08/2014 )

Yo soy de un plato de anchoas en salmuera, de algunas letras de ciertas canciones y de las melodías de otras. De varias películas y todavía más de muchos diálogos. De algunas obras de arte que me zarandean por dentro. Soy menos de autores que de libros. Muy de bibliotecas y librerías. Me gustaría que mi himno tuviera un baile.

También soy de sacar la pierna por fuera de la sábana, de llevar siempre chicles en el bolso, de poner motes, de intentar tener un por favor y un gracias siempre a mano y de decir varias veces al día me cago en la hostia, hostia puta, puñetera hostia y cualquier cosa que se pueda acompañar de un hostia. Soy mala comedora pero entrego mi reino por unos berberechos. Soy muy de sandía y melindrosa con muchas cosas. Estoy aprendiendo a comer gazpacho. Lo hago a cucharadas para que me dé menos aprensión la textura. Ando muy rápido. Me da mucho sosiego que me rasquen la espalda, mecerme, las conversaciones con mi abuelo, que mi madre silbe y que mi padre me lea las cartas de la comunidad de vecinos. También el agua. Y me encanta bucear y escucharme la respiración. Me siento muy de algunos paisajes, edificios y calles. Unos porque cuentan mi historia y otros porque me los llevé conmigo aunque sólo los tuviera una vez en la mirada. París es mío, por ejemplo. Una vez cambié el casarme por un viaje en helicóptero por el Gran Cañón. En mi ADN seguro que se encuentran plantaciones de tomates de Híjar y melocotones de Calanda.

Somos la suma de lugares, personas y recuerdos. Todo mi cuerpo ateo se moriría en una vida sin Reyes Magos. Si me preguntan de dónde soy lo que me sale decir es de Torrero. La patria que mejor me sale se llama risa. De souvenir me pido croquetas. Ser de un sitio es reconocerte en ese lugar en el que te recuerdas dejando besos por muchas de sus calles. Soy mi hermana y no me parezco en nada a ella. Soy torpe. No tengo pereza. Hago listas. Soy muy de libretas. No soy de aburrirme y sí de soñar que me caigo al vacío. Pertenezco mucho a mis amistades, aunque no les rinda visita tanto como me debiera. Me he construido un lugar donde vivir en algunas palabras.

La unidad mínima de la identidad es la construcción del relato. Un discurso es la molécula más pequeña sobre la que edificamos nuestra historia. Lo que yo tuve de mí antes de ser yo fueron mis quereres.

Todo esto me viene al leer el libro de Mercedes Cebrián El genuino sabor donde se pregunta: "¿Cuántos tipos distintos habría en un catálogo de españoles?". Somos productos colocados en un rastrillo de zarrios. Venimos de algo que decimos que cuenta nuestra historia mientras otros tejen identidades a golpe de billetera. No se puede llevar al país en el corazón mientras se exilia la cartera. El Molt Honorable deja de serlo cuando utiliza a la patria para jugar al Monopoly. Y luego Gaza. Es difícil respetar el sentimiento de pertenencia cuando para lindar las tierras se utilizan bombas. Basta de naciones que saben a muerte. Yo soy de un abrazo antes que de un país.

martes, 29 de julio de 2014

El rabillo del ojo no está hecho de frío.


El rabillo del ojo no está hecho de frio ( El Periódico de Aragón - 19/07/2014 )

En el colegio me dio por decir que era alérgica a la tiza para no tener que salir a escribir en la pizarra y evitar así ponerme en el centro de la observación de toda la clase. Yo soy más de la periferia y de las miradas al margen, me decía a mí misma para justificar mi artimaña. Se me acabó el chollo cuando mi profesora descubrió que era un engaño y que lo que yo tenía no era alergia sino jeta. Solo tuvo que preguntar a mis padres. Recuerdo esto al leer lo de la estafa de Gowex, una empresa capitaneada por un señor que hasta hace unos días era como las muelas de oro: sonreía y brillaba aunque tuviera la boca llena de porquería.

La diferencia entre pobres y ricos cabe en una pregunta. Nosotros preguntamos cómo se llega a un sitio y a los ricos no les interrogan para saber cómo han llegado hasta allí. Nadie quería comprobar que detrás de la gloria de Gowex no había nada. Nuestra confianza en el capitalismo nos ha dejado los suelos perdidos de emprendedores curtidos con las páginas salmón de los periódicos y los mensajes de las galletas de la suerte. Gente que sí tiene escrúpulos pero los utiliza para hacer empalmes en los cables que les pueden ayudar a subir todavía más arriba. Ellos no tiritan nunca porque son el frío y por eso soplan para ver si nos congelan con su aliento.

El chico Gowex era un modelo y ahí estaba el sistema para fotografiarse con él y venderlo como imagen del éxito. Y ahora, que se ha descubierto que lo que alumbraban los focos era mentira, tenemos un montón de alabanzas huérfanas de padre. Hay que ser rápidos y coger otro ejemplo para que la maquinaria vendedora de humo en la que hemos convertido nuestra economía encuentre otra efigie con la que repartir estampitas. Y con cada nuevo caso de cuentas de resultados falsas, una patada a las piedras para ver si aparece un emprendedor que haga el mal tan bien que no se le descubra el timo.

NOS DEJAMOS llevar por el truco o trato de las películas americanas para acabar siendo esclavos del gobierno del trato con truco permanente. Entre hacer la vista gorda y mirar por encima del hombro tiene que haber algo: "Y por mi parte, poco más. / Seguir mirando por el rabillo del ojo. / En la periferia del ojo se encienden fuegos nuevos. / Por las zonas fuera de foco entra lo que no tiene nombre. / En la periferia del ojo hay cuerpos suspendidos que desaparecen si los tratas de enfocar. / En el rabillo del ojo se ve lo que está a punto de aparecer. / En el rabillo del ojo es donde no hay centinelas. / En el rabillo del ojo es donde somos más vulnerables. / Desde el rabillo del ojo se renueva el mundo". En estos versos de Eva Lootz encuentro la clave: mirar por el rabillo del ojo. El meollo solo se ve desde las orillas.

Hace seis años de la muerte de Sergio Algora y los músicos del Prat de Llobregat le homenajean cantando juntos Pon tu mente al sol. "No, ninguno de nosotros estamos hechos con frío" dice la canción. En los ángulos muertos de las estructuras no hace calor pero el soslayo nos conserva la vista.

lunes, 7 de julio de 2014

La vida titubea en los pacos.

La vida titubea en los pacos ( El Periódico de Aragón - 05/07/2014 )


Se dice que cualquier camino es bueno si no sabes por qué dirección ir pero no se habla nada de cómo te sientes cuando eres el enlace roto de internet. La inmediatez es una cuchilla con la que se afeita lo circunstancial.

Los accidentes en nuestros cuerpos de hoy se titulan 404 not found y desambiguación. Son los errores más habituales. No nos encontramos y si lo hacemos es bajo unas coordenadas inciertas y dudosas. Al buscar desambiguación en el diccionario he tenido que ir desambiguar, luego a ambigüedad y finalmente a ambiguo. Podemos resolver vacilaciones a golpe de clic y sin embargo a cada paso encontramos nuevas incertidumbres. Titubeamos como en la canción de Pauline en la Playa: "Pregunto y titubeas. Tienes miedo, tiritas". Somos temporeros de nosotros mismos. Acampamos en la provisionalidad y nos levantamos todos los días con las arterias tejidas en cruceta. La certeza es una taza de café por las mañanas. Solo eso. La estabilidad tenía fines de semana, puentes, vacaciones, horas extras y, sobre todo, planes. La vida en nuestro actual relato tiene introducción y nudos pero nada de desenlaces.

Nos perdemos en esas lazadas como las que se hacen en los cables de nuestros aparatos tecnológicos que nos sirven de conexión con el mundo al mismo tiempo que nos secuestran de algún modo. Todo es provisional porque no sabemos cómo llegaremos a mañana. En la vulnerabilidad no se sabe de qué manera despejar las equis. Escribir no es más inteligente que resolver una ecuación matemática y sin embargo: "Entre la posibilidad de acertar mucho, / existente en la matemática, / y la posibilidad de errar mucho, / que existe en la escritura (errar de errante, de caminar más o menos sin una meta) / opté instintivamente por la segunda. / Escribo porque perdí el mapa". Esto dice Gonçalo Tavares en su poema El mapa. Errar de error y de errante. Poner muchas erres a lo que escribo para que parezca no que perdí el mapa sino que tengo ideas con todo el peso de la razón: errático rastro tratado rápidamente como roto mientras rumiaba arrullado en mi regazo. Por ejemplo. Ya no podemos ser más listas que el hambre porque el nuestro se ha acostumbrado a no destacar.

Estar por debajo del umbral de la pobreza es demasiado habitual. He escrito umbría por umbral y la frase seguía inalterable. Aquí se dice que los sitios en donde no da nunca el sol se llaman pacos. Es muy distinto vivir buscando por un rato la sombra que no poder salir nunca de ella. Temblamos. Lo que vendrá es una habitación sin ventanas. Esa sensación de tener las perspectivas agarrotadas. Nuestro contrato más largo es con las series de televisión que renuevan temporada.

Han caído en picado las ventas de coleccionables porque ahora, en el exilio de la estabilidad, no podemos jugar a juntar otros trozos que no sean los de nuestras penurias. Reírse aunque solo sea por montar una huelga a lo que nos espera. Piquetes a la expectativa ¿Cómo seremos cuando volvamos a poder pensar en lo que haremos al año que viene?