miércoles, 4 de enero de 2012

En defensa de la cultura, ¿está el enemigo? Que se ponga.


Arguyo la conocida frase de Gila como preguntando acerca del enemigo que parece está haciendo que la cultura se tenga que defender. Si esto es así, ¿quién es el enemigo que ataca a la cultura ? O mirando desde otro prisma, si la cultura tiene que defenderse ¿de qué se le estaba acusando?

Planteo estas palabras no como juicio final ni cómo resolución de guerra, sino más bien como ejercicio de remezcla que me sirva para ordenar algunas notas y al mismo tiempo me siga desordenando cuestiones. De eso se trata, de dudar siempre.

            En los últimos tiempos, los efectos derivados de la crisis económica han provocado cierta preocupación lógica entre las gentes que nos dedicamos a la cultura. Igual que en otros sectores, los problemas económicos han ocasionado pérdidas de empleo, cierre de empresas, espacios o proyectos, dificultades económicas y las consiguientes pequeñas tragedias personales que hay


detrás de cada número. Ante esta situación, muchas han sido las voces que han salido a defender un espacio para lo cultural. La defensa de la inversión en cultura, llamada también gasto, (la ideología es en una parte hacer y en otra la denominación del hecho, las palabras no son neutras), hiere sensibilidades porque se compara a otros sectores que en la jerarquía de prioridades, se consideran más importantes. Que los recortes obliguen a cerrar un museo se supone un sacrificio soportable en comparación a un mal mayor como cerrar un hospital.

Como escribe Vicente Verdú en su artículo La cultura del atardecer[1],“Baudelaire llamaba al arte "los domingos de la vida" y en la intensidad de esta crisis no queda jornada alguna en la que se pueda holgazanear. El arte y los libros y el teatro y el cine y el circo nos embelesan a la manera de un rebozo que siendo humano ("fieramente humano") nos blinda, aún ocasionalmente, del mal. (…) Todas sus aportaciones son necesarias también para no dejar el espíritu en los huesos pero, puestos a salvar vidas, el estómago y el techo son lo primero”.

                        Hemos caído en la trampa perversa del neoliberalismo, a la propia cultura le resulta difícil hablar de su defensa sin aludir a la cosa economicista.

                Jaron Rowan ya hablaba de esto en un recomendable artículo “Cambios en la gestión pública de la cultura: de la cultura como derecho a la cultura como recurso”[2]
                        Desde otros sectores se ha acusado a la cultura de contribuir a la dilapidación de los recursos públicos, aunque con mucha frecuencia, los desmanes no se han producido tanto por la acción cultural como por otro tipo de decisiones que tenían que ver con grandes dispendios arquitectónicos. Y desde el propio sector cultural se ha caído en la trampa de defender la importancia de la cultura con su valor de mercado, según el porcentaje de PIB y puestos de trabajo que generara. Eso nos hizo creernos fuertes porque nos llamábamos Industria Cultural. Quizá un oxímoron demasiado engañoso.

             David Trueba escribía en su artículo “Jack Lang” “Parece evidente que uno de los primeros sacrificados a los pies de la crisis es el mercado cultural. Uno casi se alegra, porque ese oxímoron resultaba a veces ofensivo. (…) lo cultural tratado como mercado estaba condenado al fracaso”[3]. Enric González insiste en lo del oxímoron[4] “ El oxímoron más peligroso de nuestros tiempos fue creado casi como un insulto hace más de medio siglo. En los años cuarenta, Adorno y otros filósofos de la Escuela de Francfort acuñaron el oxímoron "industria cultural" para definir la mercantilización de la cultura y su uso por parte de las clases dominantes como instrumento de control sobre la sociedad. Ya ven lo que ha ocurrido. La "industria cultural" se llama a sí misma "industria cultural", y lo hace con orgullo. Dicha industria vive mayormente del fútbol, de melodías más o menos contagiosas y de Spiderman VIII, pero ojo, es "cultural". Quien copia o utiliza sin pasar por caja uno de sus productos registrados comete el peor de los delitos: contribuye a la destrucción de la cultura. Cuando alguien se baja de Internet Ángeles y demonios (allá cada cual con sus vicios), las artes, las letras y el pensamiento entran en crisis. Se lo ruego: cada vez que lean o escuchen la expresión "industria cultural", sustitúyanla mentalmente por "negocio". Lo entenderán todo mucho mejor. “

            Si la cultura cae en la trampa de defenderse por el peso económico de la industria cultural comete el error de competir en las lógicas de un sistema capitalista que al mismo tiempo le repudia en parte por no someterse siempre a los estándares de rentabilidad, eficacia, eficiencia, etc.  Por higiene mental, conviene salirse del pragmatismo absoluto donde lo que impera es el valor de mercado. No se trata de desdeñar la capacidad de la cultura para hacer negocio. Y la legitimidad de que las gentes puedan ganarse la vida haciendo cultura. Lo que creo que es necesario es que la defensa de la necesidad cultural no vaya sujeta exclusivamente a la generación de riqueza. Porque el panegírico del utilitarismo de la cultura es débil y se pone en entredicho ante la escasez. Y además, porque el carácter de servicio público de la acción cultural debe estar encima que su vocación de negocio.

“La cultura no sirve para nada, sólo nos ayuda a vivir” frase escuchada de Jordi Oliveras que en realidad proviene de Francesc Parcerisas. (ver su intervención en el Foro Indigestió 201[1][5]) y que me gusta porque creo que ayuda a reflexionar sobre el valor instrumental de la cultura. La sencillez frente a argumentaciones peregrinas.

Jose Luis Pardo ¿Una cuestión de negocio?[6]
(…) se ha producido una modificación de facto del estatuto de los bienes culturales, que, en lugar de considerarse relativamente a salvo de la lógica mercantil, tienden hoy día a evaluarse como un área de negocios como cualquier otra, es decir, por su valor económico producido en términos de resultados (¿quién no se acuerda de la patriótico-comercial exaltación del "valor económico del español"?), lo que ha envenenado la mayoría de los sectores culturales (empezando por el editorial) con su práctica reducción al marketing. Me he referido en diversas ocasiones a la manera en que esta operación ha causado un mal mayor: expropiar a los creadores de cultura de los instrumentos para evaluar autónomamente sus producciones al margen del mercado (incluido el mercado de las identidades). Y si la cultura queda reducida a negocio, no solamente se trastornan por entero las jerarquías de los valores culturales, sino que un ministerio del ramo podría no significar más que un ministerio del negocio. Dicho en menos palabras: el Ministerio de Cultura está justificado precisamente porque se parte de la suposición de que la Cultura no es un negocio ni puede gestionarse o evaluarse como negocio. Si esta suposición desaparece -y hay que reconocer que al menos no está atravesando su mejor momento-, hay que reconocer que la existencia del Ministerio de Cultura podría llegar a resultar, como mínimo, igual de perversa que su abolición. Dicho lo cual, añado que por supuesto lo que a uno ha de preocuparle, en todo caso, es la cultura, no el ministerio. Y que, puestos a suprimir alguno, yo propondría que quitasen primero el de Fomento (por lo menos hasta que se viese claro qué es lo que hay que fomentar) y el de Economía y Hacienda (al menos mientras Goldman Sachs lo tenga reducido a la trivialidad o a la ventriloquia).  Jose Luis Pardo

            De lo que  se trata es de defender un ecosistema cultural más allá de la supervivencia económica si nos creemos que la cultura es necesaria más allá del aporte al capital.

            Y si la primera trampa del neoliberalismo ha sido hacernos argumentar la defensa de la cultura por su capacidad de generación de riqueza, la segunda es hacernos creer que lo cultural no forma parte de un ecosistema común de defensa de lo público. ¿Cómo defender la cultura cuando se está desmontando la educación o la sanidad? Nos equivocamos en esta argumentación porque el enemigo no es la cultura frente a la educación o la sanidad. La defensa es común, y el enemigo está enfrente. El enemigo es un sistema que nos ha hecho creer que las reestructuraciones sólo pueden hacerse recortando derechos a la ciudadanía y encogiendo servicios públicos.

            Por eso se hace imprescindible articular la generación de un espíritu crítico que salga a la calle a defender el vapuleo de los derechos ciudadanos. Y para eso es importante la cultura.

“No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.”[7] (Lorca en 1931)

            Lo que cedamos hoy, dejarán de ser derechos mañana. En los últimos tiempos, el descrédito de los gobiernos ha generado una ciudadanía aséptica que ve en la política algo lejano. En realidad lo que ha pasado es que lo que se ha distanciado ha sido la política y ha sido el mercado el que ha dominado la esfera de las decisiones públicas. De lo que se trata ahora es de que la ciudadanía recupere el espacio perdido. Se trata de hacer política. Y la política exige de una conciencia crítica. Por eso al poder no le interesa hacer política. Con una ciudadanía anestesiada, la preocupación es sólo la supervivencia momentánea.

Como explicaba Juan Marsé en una reciente entrevista[8], “La cultura es lo que menos interesa a los políticos. La temen, les da miedo; por eso es lo primero que recortan, junto a la educación. Que a mí me parece más importante incluso porque qué más da que haya o no haya Ministerio de Cultura si los chavales no saben leer. Lo que les interesa es la televisión, que es una herramienta de enorme poder, y esa sí que incide en la cultura o la incultura de un país. Y aquí lo hace, en mi opinión, de forma negativa. (…) Los informativos terminan siempre con una nota que ellos llaman cultural. La gran mayoría de las veces es de un conjunto musical de esos que hacen ruido en vez de música. Supongo que eso es promoción publicitaria que pasan de matute como si fuera noticia. Raramente hablan de un libro, una exposición... El auténtico Ministerio de Cultura en este país es la televisión, en el sentido de que es lo que lleva para aquí o para allá el interés cultural de la gente. Y es un comecocos. Así que no espero nada de los políticos, ni en las autonomías ni en el Gobierno central”.
          
            Y por eso la cultura debe ser algo más que el narcótico del entretenimiento alienante contra el desasosiego de unos tiempos difíciles.

Escribe Luis Garcia Montero[9] “Dentro del horizonte social ilustrado, la cultura se identificó con el conocimiento y la educación. Los estudios realizados en los últimos años sobre esta materia indican que los europeos identificamos ya cultura con espectáculo. Y el espectáculo no se concibe como propuesta de pensamiento o belleza, sino como un modo de diversión fácil. Filósofos y tertulianos del corazón pertenecen al mismo circo. Pero los filósofos dan la lata y los tertulianos entretienen.
Como la labor intelectual es inseparable de la conciencia crítica, los poderes económicos y políticos más conservadores prefieren invertir en su desprestigio. (…)Se trata de recortes en la capacidad de pensar al margen del populismo dominante.”


            Como dice Jordi Llovet en Adiós a la Universidad, el eclipse de las Humanidades, ”Sin una ciudadanía emancipada desde el punto de vista intelectual, toda democracia tiende a la plutocracia, la burocracia o en las diferentes y más sutiles formas de totalitarismo”. Para Llovet, en la sociedad española ha dejado de ser un valor el pensamiento humanista aunque en realidad yo creo que el sistema ha ido a favor del desprestigio tanto del pensamiento humanista como del científico, ya que ambos incentivan la capacidad crítica y de reflexión de su ciudadanía. Y para el mercado son más efectivos consumidores que pensadores.  

            En la acción cultural también nos hemos dejado llevar, en cierta medida, por la lógica industrial fagocitando la generación de públicos. Asumimos que la educación juega un papel fundamental como potenciador de la necesidad cultural así que aceptamos este axioma quizá más preocupados en garantizar la supervivencia del sector cultural (formar públicos para generar nuevos consumidores de libros, teatro, música, etc.) que en argumentar la importancia de la cultura como un espacio común de trasmisión de conocimientos. La acción cultural no puede basarse en el principio pasivo de consumo cultural.

“Creo que habría que hacer un poco de autocrítica, de reflexión sobre el papel que los intelectuales están desempeñando durante estos años de tránsito. Veo con asombro que ahora se habla mucho de demanda, de oferta cultural. Y es cierto que la sociedad capitalista convierte en dinero todo lo que toca, pero también lo es que por cultura no debemos entender solamente una colección de productos culturales, porque esto sería compartir el concepto que de cultura tiene el orden establecido, y se supone que nosotros estamos trabajando en un orden distinto, en donde el poder y la cultura son de todos. La cultura no tiene dueños, no puede estar en manos de unos señores, nosotros, que nos creemos en condiciones de impartirla, de iluminar con nuestras luces a los demás” Entrevista a Eduardo Galeano en 1982 encontrada en el blog de Jose Luis Marzo[10].
            De esta necesaria generación de consumidores más que de pensadores, quizá venga que el propio mercado sea el responsable de la fiebre de la creatividad  (y no tanto de la curiosidad) como si de nuevo fuera una treta del neoliberalismo; la innovación creativa puede ser un atractivo envoltorio de un mismo modelo que se basa en el puro consumismo. Recordemos el consejo “stay hungry” (sed insaciables) que Steve Jobs proclamó a los graduados de Stanford en el 2005[11]. Quizá un empuje hacia el valor de la creatividad, quizá el lema de unos tiempos voraces.

“El arte es quien mejor lo representa puesto que ya no es que una obra valga mucho o valga poco. No vale sino de acuerdo a una estrategia que habiendo allanado la identidad de lo artístico convoca a todos los leoneses, por ejemplo, a demostrar sus talentos creativos en el MUSAC y a todos los tiburones muertos, calaveras y desechos pestilentes a conquistar precios cifrados en millones de dólares o euros o libras para producir al cabo un mercado tan opaco como circense, tan divertido como aniquilador.” Bienvenidos a un mundo sin certezas[12]. Vicente Verdú.
            La voracidad de un sistema de mercado hace que los ajustes económicos pongan la excusa perfecta para que los estados sigan recortando en la capacidad crítica de sus ciudadanos. No es que desde cultura tengamos que defender un sector que en muchos aspectos ya estaba viciado, lo que se trata de defender es la política, la ciudadanía y lo común. No es que tengamos que negociar las reglas del juego, es que hay que romper el tablero.

            Y sobre este romper el tablero y sobre esta gestión de lo común, aparece en cultura un nuevo paradigma, el del procomún. El procomún se refiere a los bienes que son de todos[13].  No pretendo entretenerme en la definición del término sino mencionarlo para sugerir las implicaciones que pueda tener como filosofía de actuación en cultura.


Cómo planteaba Amador Fernandez-Savater en un reciente artículo[14] El aire, la biodiversidad, el genoma, el lenguaje, las calles, Internet... Los bienes comunes no nos rodean. Nos atraviesan y constituyen, nos hacen y deshacen. De todos y de nadie, sostienen el mundo, son el mundo. En el cuidado y enriquecimiento del procomún nos jugamos la vida misma. Es un asunto demasiado importante como para dejarlo en manos del Estado o del mercado. Nuestro desafío es hacernos cargo en común de un mundo común. (…) En provecho de todos, ¿por qué no atreverse a escuchar, pensar y explorar otras vías?”

William Ospina
Tal vez por eso suena tan mal cuando los políticos llegan con el cuento de que la cultura debe ser rentable y autosostenible, y que todo invento es propiedad privada. Con los inventos de la cultura trabaja y es rentable toda la civilización”[15].

            Para garantizar la supervivencia del sistema, es el propio sistema  el que hace invisible, cuando no menosprecia o ataca, otras formas de hacer que se salgan de los cánones que el mismo sistema ha establecido como inquebrantables. Islandia debe ser un ejemplo que escuece a los abanderados del pensamiento único. Las propuestas derivadas del movimiento 15m se prefieren ver como infantiles o utópicas antes incluso de llegar a mirarlas. No vaya a ser que tengan algo de realizable y nos obliguen a cambiar lo inalterable.

(…) Después de todo, algo se mueve y del 15-M cabe esperar cambios en el paisaje moral: sería bueno que incidieran también en el cultural. (…) La limpiadora del Museo Ostwall de Dortmund que, valiéndose de una bayeta destruyó la obra de arte Cuando los tejados comienzan a gotear, de Martin Kippenberger. Era una obra valorada en más de un millón de euros. (…) Creo que una brigada artística del 15-M podría tomar cartas en el asunto y considerar fundacional esa acción que tanto nos recuerda que para evitar las grandes estafas solo es necesario que la buena gente se rebele. Una brigada moral del 15-M podría utilizar como modelo el gesto de la dama de Dortmund y comenzar a fregar la mugre en el mundo del arte. (…).
Vila Matas[16].
            Las protesta contra la Ley Sinde, el movimiento copyleft, el apogeo del crowdsourcing o financiación colectiva de proyectos, el impacto de las redes sociales o el mencionado discurso del procomún pueden plantear un nuevo escenario para la acción cultural que no tiene que desdeñar sin más con excusas inmovilistas. Quizá estamos en pleno proceso de reconversión cultural. O puede que estemos en el inicio de una revolución cultural que cambie lógicas sociales y mentalidades colectivas más allá de la dimensión estrictamente cultural. Quizá la cultura pueda ser el dónde y el cómo empezar a repensar el mundo. ¿Nos atrevemos a hacerlo?


Nota: Este texto supone una versión extendida del artículo publicado en El periódico de Aragón el 7 de enero de 2012:
¿Está el enemigo? Que se ponga ( El Periódico de Aragón - 07/01/2012 )



domingo, 11 de diciembre de 2011

Comunicación de crisis. Recuperarse de una crisis comunicativa en doce pasos

Gaines-Ross propone la metodología de los doce pasos como camino de solución de una crisis de comunicación, recuperación, restablecimiento de la confianza y restauración de la reputación de una organización. La autora parte de la base de que no puede restaurarse la reputación de una entidad mientras la crisis esté viva. Propone doce pasos que quedan agrupados en cuatro fases: fase de rescate, fase de rebobinado, fase de restablecimiento y fase de recuperación.

Fase de rescate
Objetivo:  Cerrar la crisis, primer paso para restaurar la reputación de nuestra organización.
Pasos:
1. Disculpas del lider: si la organización es responsable de la crisis, sólo una disculpa al máximo nivel podrá sentar las bases para una restauración de la reputación con posibilidades de éxito.
2. Actividad comunicativa: hacer saber a todos los públicos que la crisis ha finalizado.
3. Precaución con competidores y críticos: no subestimar su capacidad para hacernos daño.

Fase de rebobinado
Objetivo: Comprender por qué sucedió lo que sucedió y poner los medios para que no se repita.
Pasos:
4. Reset: Replantearnos todo. Algún fallo deberíamos tener en nuestro guión precrisis si nos llevó al borde del abismo.
5. Análisis de lo que fue mal y de lo que funcionó. No se deben pasar por alto los indicios de crisis. Gran error que no debe de volver a ocurrir. Pero nuestra organización ha sobrevivido a la crisis, así que algo habremos hecho bien después de todo. Hay que determinar qué ha sido para tenerlo en cuenta si volvemos a vernos en un aprieto.
6. Mediciones: Las crisis pueden evitarse, así que no hay que bajar la guardia. Hay que controlar permanentemente todas las variables que pueden alertarnos de que de nuevo se está gestando el desastre.

Fase de restablecimiento
Objetivo: orientar el proceso de cambio iniciado con la crisis de acuerdo con las oportunidades y las necesidades que hayamos detectado en la fase anterior.
Pasos:
7. Revisión de la cultura corporativa: quizá haya sido una de las causas de la crisis y, al mismo tiempo, habrá sido víctima de sus efectos.
8. Aprovechamiento del cambio: una crisis provoca inevitablemente cambios. Se trata de aprovecharlos para impulsar mejoras.
9. Atención a los medios: Los medios de comunicación y los medios sociales no pueden ser ignorados.

Fase de recuperación
Objetivo: concluir la restauración de la reputación corporativa e incrementar nuestras defensas ante amenazas futuras.
Pasos:
10. Difusión de buenas noticias: Durante las fases anteriores, un alud de buenas noticias hubiera sido recibido con escepticismo o habría generado acusaciones de frivolidad. Ahora, ya podemos pasar pàgina y borrar el mal sabor de boca. A veces, basta una serie de pequeños gestos para conseguir un gran resultado.
11. Asunción de compromisos a largo plazo. La restauración de la reputación (igual que su construcción) es un maratón; nunca un sprint. Esta fase se prolonga durante mucho tiempo.
12. Minimización de riesgos: la mejor manera de reducir riesgos es mantener abiertos los canales de comunicación con todos nuestros públicos y prestando mucha atención a los primeros indicios de cualquier anomalía.



Gaines-Ross, L. (2008). Corporate reputation: 12 steps to safeguarding and recovering reputation. Hoboken,NJ: John Wiley and Sons.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Sesión Máster Gestión Cultural "Comunicación interpersonal y trabajo en grupo"

Mi presentación de la sesión impartida el 9 de diciembre en el módulo "Gestión de entidades y programas culturales" del Máster en Gestión de Políticas y Proyectos Culturales de la Universidad de Zaragoza http://mastercultura.es/web/


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lunes, 28 de noviembre de 2011

Cultura 2.0 y redes sociales. Un intento de mapa bibliográfico...

En enero impartiré una sesión en el Máster de Gestión de Políticas y Proyectos Culturales de la Universidad de Zaragoza sobre la comunicación en la empresa cultural, especificidades de la comunicación en artes escénicas y redes sociales. Aprovecho esta oportunidad para listar algunos materiales sobre contexto de comunicación red, cultura y comunicación y redes sociales. Listado que se ampliará con las aportaciones que me vayáis diciendo aquí, por twitter: @iguazelelhombre o por mail: iguazelelhombre(arroba)gmail.com

Gracias...

Contextualizando…

1. La tercera Ola. Toffler, Alvin
2. La era de la información. Manuel Castells. Alianza Editorial 2001
3. Comunicación y poder”. Manuel Castells Alianza editoria, 2009
4. Zygmunt Bauman. Paidos Estado y Sociedad, 2006.
5. La era del acceso. Jeremy Rifkin. Paidós, 2000.
6. Wikinomics. Don Tapscott. Grove Atlantic LTD, 2008
7. Funky Business, Jonas Ridderstrale, Kjell Nordstrom. Pearson Educacion, 2000.
8. Y ¿Google como lo haría? Jeff Jarvis. Gestión 2000.
9. Informar no es comunicar: contra la ideología tecnológica, Dominique Wolton, Gedisa 2010.
10. Cultura Mainstream, cómo nacen los fenómenos de masas, Frédéric Martel, Taurus pensamiento.
11. La vaca púrpura: diferénciate para transformar tu negocio. Seth Godin, Ediciones Gestión 2000, 2008.
12. Emprendizajes en cultura, Jaron Rowan, Traficantes de Sueños (descargable)
14. Pekka Himanen, La ética del hacker y el espíritu de la era de la información http://www.educacionenvalores.org/IMG/pdf/pekka.pdf
15. Contra el rebaño digital. Jaron Lanier. Debate, 2011.
16. Tú y yo objetos de lujo. Vicente Verdú. Debate 2006.
17. Todo va a cambiar. Tecnología y evolución, adaptarse o desaparecer. Enrique Dans. Deusto Ediciones. 2010.

Cultura y comunicación
18. Hacia un nuevo sistema mundial de comunicación. Las industrias culturales en la Era Digital. E.Bustamante. Gedisa. 2003.
19. El amor al arte. BOURDIEU, P./DARBEL, A. Paidós. Barcelona. 2003
20. Un mundo sin copyright. Artes y medios en la globalización. -SMIERS, J.  Gedisa. 2006.
21. El recurso de la cultura. -YUDICE, G. Gedisa. Barcelona. 2002
22. Diferentes, desiguales, desconectados. Mapas de la interculturalidad. -GARCIA CANCLINI, N , Gedisa. Barcelona.2004.
23. Oficio de cartógrafo. Travesías latinoamericanas de la comunicación en la cultura. FCE. -MARTIN BARBERO, J. Santiago de Chile.2002
24. Marketing de las Artes y la cultura. François Colbert, Manuel Cuadrado. Ariel.
25. Estructuras de la comunicación y de la cultura. Ramón Zallo. Gedisa.
26. TRANSFORM. Producción cultural y prácticas instituyentes: líneas de ruptura en la crítica institucional. Madrid. Traficantes de sueños, 2008. (aportación de Javier Gascón www.ciudaddocumento.wordpress.com ) 
27.Comunicación y cultura en la era digital: industrias, mercados y diversidad en España. Barcelona, Gedisa, 2002. (aportación de Javier Gascón www.ciudaddocumento.wordpress.com )  

Redes sociales, al lío…
28. El mundo Groundswell, Charlene Li. Empresa Activa 2009.
29. El Manifiesto Cluetrain, el ocaso de la empresa. Rick Levine, Chistopher Locke.Deusto Ediciones 2009.
30. La empresa en la web 2.0 de Gabriel Celaya, Editorial Gestión 2000.
31. El efecto Facebook: la verdadera historia de la empresa que está conectando el mundo. David Kirpatrick, ediciones gestión 2000, 2010.
32. Conectados, Nicholas A.Christakis, James H Fowler. Taurus Pensamiento, 2010.
33. “Internet: un séisme dans la culture?” by Marc Le glatin. Éditions de l´attribut.
34. Sentido Social: La comunicación y el sentido común en la era de la Internet social. Javier Curtichs, Mauro 35. A. Fuentes. Bresca, 2011.
36. El arte de medir: Manual de Analítica web, Gemma Muñoz y Tristan Elosegui, Bresca, 2011.
37. 2010-2020, 32 Tendencias de cambio, Juan Freire y Antoni Gutiérrez-Rubí http://www.gutierrez-rubi.es/wp-content/uploads/2010/09/32Tendencias_de_cambio.pdf
39. El poder de las redes, David de Ugarte, http://deugarte.com/manual-ilustrado-para-ciberactivistas
40. Libro Blanco de la comunicación en medios sociales http://www.iabspain.net/ver.php?mod=descargas&id_categoria=9
41. Mi comunidad ¿me quiere o no me quiere? http://www.mequierenonomequieren.com/
43. Como empezar a promocionar tu negocio en Redes sociales. Juan Merodio.
44. Las claves del nuevo marketing, como sacarle partido a la web 2.0 http://www.clavesdelnuevomarketing.com/

martes, 1 de noviembre de 2011

La creatividad publicitaria. Evolución de la relación entre anunciantes y agencias. El amor es un invento de Don Draper para vender medias

(Nota: No me preguntéis por qué escribí esto pero el caso es que lo tuve que escribir. Palabrista mercenaria...)

“¿Qué es la felicidad? La felicidad es el olor de un coche nuevo. Es estar libre de miedos. Es una valla en el lado de la carretera que chilla el consuelo de lo que sea que estés haciendo está bien”. 
El amor no existe. Lo que llamas amor es un invento de tipos como yo para vender medias.
Don Draper, Mad Men


        Las agencias de publicidad están inmersas en un contexto tanto económico como comunicativo. A lo largo de su historia, podemos destacar unos momentos clave en la configuración de lo que llegaría a ser la agencia de publicidad moderna y su relación con los anunciantes. Uno de ellos es el paso a una sociedad industrial[1]Podemos decir que la publicidad es una hija de la Revolución Industrial (La primera Agencia de Publicidad nace en Francia en 1845, fue la "Societé Géneérale des Annonces", destinada a prestar servicios a los anunciantes y a mediar entre estos y los medios de comunicación[2])  La industrialización hace que el consumo, acostumbrado a los alimentos más básicos, se encuentre con una multiplicación en número y variedad de productos. Nace la demanda y la oferta. Y entre ambas, la necesidad de vender para unos (anunciantes) y la de comprar para otros (consumidores).

        El perfil de los primeros trabajadores en la industria publicitaria era el de los agentes publicitarios, de ellos se fue derivando a las primeras agencias publicitarias que, además de servir de intermediarias para contratar anuncios para periódicos, empiezan a sugerir ideas.

        No podemos hablar de publicidad sin mencionar a Coca-Cola. Por eso nos servimos de la marca para navegar por la historia... Estamos en 1886. Un nuevo producto acaba de salir al mercado. Se llama Coca Cola y por aquel entonces, se desconocía pero su vida transcurre paralela a la de la publicidad. Su primer anuncio fue en la sección de anuncios por palabras del periódico Atlanta Journal-Constitution y decía lo siguiente: "Coca-Cola... ¡Deliciosa! ¡Refrescante! ¡Estimulante! ¡Vigorizante!". En ese momento, la compañía no disponía de agencia publicitaria sino de hombre orquesta, Frank M. Robinson que ideó y diseñó la “logomarca” de Coca-Cola y el eslogan de ese primer anuncio.

        Conforme pasaba el tiempo, sin embargo, las agencias se convirtieron en algo más que corredores o comisionistas de espacios y el agente amplía sus servicios, redactando los textos de los anuncios a la vez que se ocupa de ilustrarlos él mismo o dar la idea a los artistas. Este tipo de agencia técnica se va consolidando hacia 1925. 

        Los felices años 20 llenos de oportunidades. Coca-cola “deliciosa y refrescante” ofrece una imagen publicitaria que apela al disfrute. Inicio de la estrategia publicitaria definida que consistía en convertir el producto en parte inherente de los hábitos y la vida de la gente. Empieza la relación entre coca-cola y el american way of life.[3] La comunicación comienza a ser un aspecto fundamental para el éxito de la marca. En 1927 Coca-Cola empezó a utilizar la radio comercial con fines publicitarios, convirtiéndose en una de las primeras marcas en patrocinar programas de radio. La palabra "Pausa" relacionada con Coca-Cola dio lugar en 1929 a uno de los eslóganes más célebres y duraderos: "La pausa que refresca", que ese año se vio en el primer anuncio luminoso urbano de Coca-Cola. Por otro lado, su publicidad impresa se basa en excelentes ilustraciones de artistas, algunas icónicas como el Santa Claus vestido de rojo por obra y gracia de Coca- Cola.


        La importancia de la comunicación para la imagen de las marcas junto a la existencia de los medios de comunicación de masas, conduce a muchos de los anunciantes a contratar los servicios especializados de agencias publicitarias. Cada vez había más productos iguales y era necesario crear más mercados para venderlos.

        La crisis del 29 provocó una obligada contención en el consumo y con ella, a una reestructuración de la industria publicitaria. Esta situación provocó un auge en la investigación en publicidad. Se crearon las primeras empresas de investigación para conocer el comportamiento de la gente en compra y hábitos de consumo.
       
En la II G.M. la publicidad tuvo un papel importante, incluso se creó un consejo publicitario de guerra respaldado por los anunciantes. Coca-cola no se queda al margen, se relaciona la publicidad del producto con el apoyo a la causa norteamericana.[4]


        Llegamos a los 50, la era de los productos.[5] Gran competencia entre marcas. Para destacar se alude a los beneficios propios del producto. Nace la UPS (Unique selling proposition o Propuesta única de ventas). Fuerte presencia de la publicidad en la radio.

        Desde 1956 McCann-Erickson empieza a colaborar con Coca-Cola. En 1959 se ve en España el primer spot en televisión de la marca.[6]

        Los 60. La era de la imagen. La creatividad llega a la publicidad como signo de diferenciación frente a la competencia. Importancia de los spot publicitarios y comienzo de la utilización de otras estrategias creativas como los patrocinios de actividades. La importancia de la creatividad continúa hasta nuestros días, es uno de los parámetros más valorados por los anunciantes a la hora de decantarse por una u otra agencia. Este dato es importante si queremos hablar de las tendencias de futuro. Está claro que el valor de las agencias seguirá siendo el aporte de creatividad independientemente de los medios en los que actúen.
        
Para Coca-cola, en este período corresponden algunos hitos publicitarios entre los que surgieron eslóganes famosos en todo el mundo como "Las cosas van mejor con Coca-Cola" en 1963 o "La chispa de la vida" en 1970, que es considerado uno de los mejores anuncios de la compañía.


        La década de los 70 comienza con la crisis del petróleo. Recesión. Ciudadanos más preocupados en su realidad que en consumir. Se redujeron las inversiones drásticamente, lo que generó un panorama de cierres, fusiones y recortes de plantilla en el mejor de los casos. Desde ese momento se empezó a configurarse el panorama publicitario actual: nacen pequeñas empresas especializadas en prestar un servicio determinado. Se comienza a prestar atención a las características actitudinales para orientar el mensaje. Surge el concepto de posicionamiento.
        
        Distintas épocas e hitos que han ido reestructurando la publicidad a lo largo de su historia. Pese a la importancia de todos estos cambios, ninguno es comparable al impacto que supuso la irrupción de Internet. Desde 1990 las agencias de publicidad entraron en lo que comenzó siendo una "crisis coyuntural" para acabar convirtiéndose en una "crisis estructural". 

        En 1980, A. Toffler[7] describió el paso de la sociedad industrial a la postindustrial. La masificación, la concentración, la uniformización, etc. entran en crisis en la sociedad de la tercera ola. La globalización versus la personalización, la creciente segmentación de las audiencias y la aparición de medios y canales de comunicación; la asunción de una nueva cultura del trabajo y el desarrollo de nuevas capacidades clave; la llegada de nuevas formas y medios de comunicación para superar la saturación de mensajes no hacen sino evidenciar esta transición y la irrupción de esta sociedad post industrial.

        Para otros autores como Manuel Castells[8], esta tercera ola es la era de la información un periodo histórico caracterizado por una revolución tecnológica centrada en las tecnologías digitales de información y comunicación, concomitante, pero no causante, con la emergencia de una estructura social en red, en todos los ámbitos de la actividad humana, y con la interdependencia global de dicha actividad. Es un proceso de transformación multidimensional que es a la vez incluyente y excluyente en función de los valores e intereses dominantes en cada proceso, en cada país y en cada organización social”.

        La era digital se convierte en exponente de esta sociedad postindustrial rompiendo con los conceptos tradicionales de cultura de masas. No sólo entran en crisis los mensajes publicitarios “tradicionales” sino las propias estructuras de las organizaciones que los generan. Las reglas del juego han cambiado. Las estructuras y procesos no pueden ser los de la época de Mad Men. La irrupción de Internet y los cambios en los medios de comunicación (redes sociales, reconversión de las televisiones, procesos de digitalización, etc.) , se han visto para el sector publicitario como una crisis en el sistema. Como decía Bertolt Brech: “La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer”. 

        Como se extrae del video Dramatic Shift in Marketing Reality[9], realizado por Scholz & Friends, Internet y la aparición de las redes sociales lleva consigo la importancia de los prescriptores. La interacción y el diálogo son los nuevos ejes de la comunicación. Se rechaza la publicidad. Nos convertimos en “Brand Sceptic”. La publicidad tiene que encontrar algo interesante que decir para conseguir llegar a la gente de nuevo. Se imponen nuevos modos de creatividad. La personalización, la participación del consumidor, la publicidad interactiva, Internet, etc, están provocando que las empresas especializadas en below the line ganen la partida muchas veces a las de above the line. Como expresa Ton Himpe “Casi de la noche a la mañana, la revolución digital le ha dado la vuelta a las leyes sobre las marcas. Lo que importa ahora no es el tamaño, sino la actitud: flexible, ágil, transparente en su actuación, global en su perspectiva.”

        En los últimos años del siglo XX, Coca Cola sigue insistiendo en apelar el componente emocional y en la construcción del mensaje de felicidad. Continúa con memorables anuncios publicitarios ( “Osos Polares”, “El sentir de verdad” “Siempre Coca-cola”) e intenta provocar una estrecha relación de su publicidad con los más jóvenes. Comienza a realizar con intensidad, otras actividades relacionadas con el patrocinio de actividades.
        
El cambio de siglo y la irrupción de internet, hace que la marca comience no a hablar de campañas sino de proyectos de comunicación. Los nuevos medios, la digitalización, la conectividad y la convergencia obligan a la empresa a asumir la comunicación en cuatro líneas: medios pagados (publicidad tradicional), medios ganados (redes sociales), medios propios (web), medios compartidos (que también pertenecen a socios o clientes). No se olvida de las relaciones públicas y del impacto de ser la marca asociada a la felicidad, motivo que le hace hasta crear el Instituto de la Felicidad.

        De esta manera, sus acciones se dibujan en todos los medios y soportes posibles. Ejemplo de ello ha sido la estrategia global para celebrar el 125 aniversario de su nacimiento en la que incluye una campaña de publicidad que recorre la historia de la marca (véase el anuncio realizado por McCann Erickson[10]), un proyecto de música con artistas nacionales (music experience[11]), la puesta en marcha de un museo virtual[12], acciones de guerrilla (la máquina de la felicidad, por ejemplo) [13], o nuevas acciones de diseño de servicio como la acción Coca Cola a domicilio[14]. Además, la empresa mantiene una cuidada estrategia en medios sociales. Es decir, adaptarse para seguir siendo una de las empresas más admiradas.

        Aunque respecto al futuro de la relación entre agencias y anunciantes puede haber opiniones muy variadas, parece claro que en él pueden pesar tendencias como la importancia de la creatividad, la creciente atomización del mercado, la ampliación de funciones de las agencias, la innovación permanente para seguir adaptándose a los cambios relacionados con las tecnologías y comunicaciones, y la colaboración entre distintos equipos de trabajo, ya sea entre distintas agencias especializadas, entre las agencias y los anunciantes o las experiencias de co creación entre anunciantes, agencias y consumidores. Por ahí va, en mi opinión, la relación que debe haber entre agencias y anunciantes, colaboración, trabajo permanente y adaptación al cambio.

        Y es que parece que lo único constante en este mundo liquido en el que vivimos, es el cambio permanente. Quizá lo que hace atractiva todavía hoy a la publicidad, es que nadie sabe muy bien cómo evolucionará. Bienvenidos a un mundo sin certezas.



[1] La publicidad al descubierto http://www.youtube.com/watch?v=QZmrKXfl8bs
[3] Carteles Coca-cola años 20
[7] Toffler, Alvin “La tercera ola”, 1980.
[8] Castells, Manuel “La era de la información”, Alianza Editorial, 2001.